ENTRADAS: January, 2005

Amenábar, Pa Kin y el derecho a morir como hombres libres


Pa Kin, hacia 1990, by Xinhug

Los triunfos madrileños e internacionales de Alejandro Amenábar, contando en Mar adentro la historia real del tetrapléjico Ramón Sampedro, también iluminan el caso no sé si más trágico de Pa Kin, el gran patriarca chino de la literatura mundial.

Pa Kin —-Ba Jin, según la trascripción moderna—- nació en Chengdu (provincia de Sicuani) el 25 de noviembre de 1904. Tiene, pues, 101 años. Tras el caso no menos legendario de Ernst Jünger, fallecido a los 103 años, Pa Kin quizá sea hoy el escritor de genio de más larga vida.

Se dice Pa Kin dijo hace diez años a sus familiares: La longevidad es un castigo. En 1994, el escritor pidió para él y sus próximos el derecho a la eutanasia. Y reiteró su demanda, un año más tarde, cuando uno de sus más viejos amigos, el dramaturgo Xia Yan, escritor de teatro proletario, en el Shanghai de los años 30 del siglo XX, convenció a sus familiares para que ellos cortasen los tubos de plástico que lo mantenían con vida.

Aislado del mundo, encerrado en un hospital, donde su vida cuelga de la asistencia médica permanente, desde hace más de una larga década, Pa Kin ¿vegeta? ¿agoniza? en condiciones desconocidas. Sabemos que pidió morir hace muchos años.

Autor de una obra colosal, patriarca de la literatura china y mundial, perseguido por todas las dictaduras que han sembrado su patria durante todo el siglo XX, Pa Kin escribió en París su primera novela, Destrucción, no lejos de la misma montaña de Sainte-Geneviève donde vivieron Erasmo y san Ignacio de Loyola, en el mismo lugar donde escribía Michel Foucault, en un barrio inmortalizado en algunas páginas de Pío Baroja, a quinientos metros —-así lo quiso el azar—- de donde yo vivo.

Con temeraria obstinación, Pa Kin se enfrentó con mucho coraje físico y moral a las antiguas dictaduras tradicionales, a las sucesivas dictaduras maoístas y todavía en 1989 tomó partido por los estudiantes que se tiraron a la calle en Pekín para denunciar la nueva tiranía china. Se le niega el derecho morir.

La última vez que Pa Kin estuvo en París, Carmen y yo fuimos a escucharlo, acompañados de antiguos amigos de la FA. El escritor hablaba con una ironía adolescente y nos leyó en un francés muy académico trozos de su indispensable texto sobre la Revolución cultural: “… tales humillaciones, tales torturas… el caso inmenso, donde no era fácil distinguir la lealtad de la traición criminal… osemos decir la verdad para no ser envenenados por la mentira…”.

Han pasado algunos años. Hace mucho que Pa Kin pidió en vano el derecho a suicidarse con la dignidad del hombre capaz de morir como un hombre. El triunfo de Amenábar, me digo, quizá también hable de un debate universal. ¿Debo recordar que Pa y Kin son —-en la antigua trascripción de la escritura china—- las primeras sílabas de Bakunin y Kropotkin, dos autores muy leídos en su juventud? Aunque algunos de sus exegetas recuerdan que así también se llamó un antiguo amigo que si pudo suicidarse libremente.

Posted by Hello

Irak y nosotros


Irak, 30 enero 2005
The Economist

¿Es posible concebir, exportar e imponer la democracia a través de un cuerpo de ejército?

¿Cuántos muertos costaron el golpe de Estado leninista, la Larga marcha maoísta, las incontables sublevaciones, pronunciamientos y golpes militares en África o América?

¿Cuántos siglos de guerras civiles, guerras de liberación y guerras coloniales costó la unificación cultural de Europa, donde todavía existes minorías dispuestas a defender sus ideas a través del terrorismo y el derramamiento de sangre de víctimas inocentes?

¿Es posible la paz civil en sociedades víctimas durante siglos de sucesivas tiranías religiosas, políticas, coloniales, militares, donde la “unidad nacional” solo ha sido una ficción impuesta por la violencia del terror militar, sin que las distintas familias étnicas, culturales, religiosas, trivales y políticas tengan ninguna experiencia común de la libertad y el trato con vagas formas de vida democrática?

En Irak, la mayoría chií sueña con la conquista del poder a través del voto popular, con la esperanza de construir un Estado islámico; la minoría suní no se resigna o se resiste —-incluso a través de la práctica del terror criminal de muchas de sus facciones armadas—- a la pérdida de un poder ejercido durante mucho tiempo; la minoría kurda aspira a una “autonomía” que sirva de embrión para crear un futuro Estado independiente; las minorías políticamente “insignificantes” (cristianas, etc.) solo pueden aspirar a intentar escapar de muy distintas tiranías.

No es evidente que todas esas facciones estén dispuestas a aceptar la sentencia de un voto popular ejercido bajo la presión del terror indiscriminado. Y las condiciones mismas de tal derecho precipitarán problemas políticos de nuevo cuño: la representación del voto proporcional de 84 partidos (disputándose 275 escaños “nacionales) y la representación —-igualmente proporcional—- en las asambleas provinciales o regionales creará equilibrios de poder previsiblemente “inestables”.

La diaria matanza de inocentes y la presencia de un ejército de ocupación extranjero alimentan negros nubarrones de sangre contaminada, sembrando con odio las conciencias.

En Caína, tales nubes tóxicas se enriquecen con la retórica parda de sapos, culebrones, enanitos ignorantes, vendiendo sopas de sobre envenenadas, para mejor traficar con la basura contaminada que cada facción tira al rostro de la facción adversa acusándola de “corrección” política.

Posted by Hello

Camaleón progresista

Cuando mi padre estaba en la cárcel, condenado a muerte por Franco, P* escribía que España estaba amenazada por las hordas del anarquismo y el comunismo internacional.

Cuando yo estaba en el calabozo de un cuartel de artillería de Paterna —-haciendo la mili, condenado por el delito de hacer auto-stop, visitado a diario por Emili Panach, cuya novia estaba en la cárcel por muy otros delitos políticos—-, P* oficiaba de amanuense de un alto dignatario del Opus Dei.

Cuando yo aprendía de Pablo Corbalán y Rafael Conte en el Suplemento de las Artes y las Letras del viejo Informaciones, P* intrigaba para ser ministro o secretario de Estado de cualquier gobierno madrileño.

Cuando yo llegué a París —-huyendo de un Madrid donde mis escrituras y militancia en la CNT me convertían en un personaje harto incómodo—-, P* aspiraba a ser ministro o cualquier cosa de Santiago Carrillo o Rafael Calvo Serer.

Cuando yo mal llegaba a fin de mes con mi modesto salario de corresponsal de Diario 16, P* cobraba varios salarios de alto funcionario internacional en el Consejo de Europa, en la Comisión Europea y en la Unesco.

Cuando, tantos años después, todavía me encuentro a P* en el cóctel de alguna embajada, sigue hablándome de “los nuestros”. Él ha invertido parte de los saneados ingresos de sus fincas agropecuarias en el núcleo duro del capital de la prensa más selecta y, gracias a una entrada tan sólida, cada semana adoctrina piadosamente a sus lectores con un correctísimo sermón, disfrazado, ahora, con la pipa, las cananas y el antifaz de un Comandante de guerrilla euro sudamericana.

Bailables en una estación encantada


Estación de Drancy, el día de Reyes de 2005

Consejero especial del Institut français des relations internationales (Ifri), Dominique Moïsi nació en 1946 porque su padre fue liberado de Auschwitz un año antes; por la misma razón que yo nací el mismo año por semejantes razones: mi padre salió de la cárcel —-condenado a muerte por los tribunales sin apelación instaurados por los triunfadores de la Guerra civil, culpable de haber creado con mi madre una Escuela Moderna, en Totana—- meses después que el padre de Moïsi.

Sin embargo, Moïsi se pregunta, con razón (Le Figaro, 27.01.05): “En verdad, ¿no nací al mal y el horror aquel día de abril de 1943, cuando, en Niza, mi padre fue denunciado como judío por un francés, entregado a la Gestapo y escoltado por gendarmes franceses hasta la estación de Dranzy, desde donde inició su viaje a Auschwitz?”

Mi padre fue denunciado por un vecino.

Ese nacimiento al Mal y el horror, muy anterior, en muchos casos, al nacimiento carnal, no solo habla de una semilla moral que nos siembra y precede, a título individual. Robert Musil describe con precisión el torbellino que preludiaba y anunciaba Auschwitz, una noche de 1933: “En medio de esta opresiva incertidumbre que comienza, Annina y Otto han invitado a sus amigos; gramófono y baile. Un encogerse de hombros. En este espléndido “tiempo imperial”, las calles se llenan de gente. “La vida continúa”. A pesar de que diariamente cientos de personas son asesinadas, encarceladas, apaleadas, etc. No se trata de frivolidad, sino más bien de la impotencia de un rebaño al que empujan lentamente hacia delante, mientras que los que van en la primera fila caen en brazos de la muerte. El rebaño sospecha, barrunta algo, se agita, pero su psicología es incapaz de reaccionar, no puede, sencillamente, hacer frente a esta situación”.

En nuestro tiempo, en Caína, los medios de incomunicación de masas, envenenan a diario el agua donde beben los corderos.
Posted by Hello

Auschwitz, el arte y nosotros


ZM, Dachau, 1945

Auschwitz, 60 años después.

El mes de septiembre de 1944, el pintor Zoran Music fue deportado a Dachau. Jugándose la vida, realizó un largo centenar de dibujos: hombres ahorcados, hornos crematorios, cadáveres troceados, pilas de cadáveres amontonados a las puertas del Infierno.

¿Del Infierno?

En su texto canónico sobre Zoran Music, Jean Clair cita a Hölderlin: “Was bleibt, stiften die Dicher”. Cuanto queda, la poesía lo funda.

Aquí y allá, los nombres de miles de millares de víctimas se han escrito en piedra, para preservar el recuerdo de los hombres inmolados en holocausto sacrílego. En los poemas homéricos, cada soldado que cae en el campo de batalla tiene un hombre y su alma vuela hacia el espacio imaginario donde todos esperan la redención, caídos y eternos en la tierra inmaterial de las palabras.

La poesía contemporánea precipitó nuestra conciencia en un abismo insondable. Y buena parte del arte del siglo XX se hundió en las tinieblas de la abstracción absoluta, condenada la figura humana a un destierro trágico. Cuando miles de millares de hombres desaparecían en el Infierno histórico del Gulag y los campos de concentración, víctimas del trabajo forzado y las cámaras de gas, los más grandes artistas de la época de precipitaron en la oscuridad impenetrable del expresionismo abstracto.

Formado en la escuela de Goya, en el Prado madrileño, Zoran Music tomó el camino inverso: a las puertas del Infierno, decidió seguir siendo fiel a la milenaria escuela del dibujo. Y se jugó la vida para preservar las amenazadas artes del lápiz y el carboncillo. Legándonos un documento único para la historia del arte.

Muchas fotografías nos dan de los campos de exterminio un testimonio mucho más amplio, trágico, espantoso. Los dibujos de Zoran Music realizados en Dachau en 1945 no son un testimonio del Infierno: si no la huella gloriosa de un artista que no cede a las sirenas de la Muerte, y está dispuesto a morir ejerciendo su oficio con nobleza.

Ese combate inconcluso de las fuerzas del mal contra la cultura, el arte y las cosas del espíritu, en un instante de crisis agonal de toda nuestra civilización, nos habla de un arte de vivir y morir con gracia y en gracia. Hubo y hay enormes obras de arte que nos hablan del espanto del artista, perseguido por las Furias de su tiempo. Hay otros artistas (como Zoran Music, o como Ramón Gaya) que prefieren resistir. Jugarse la vida en defensa de una disciplina artística amenazada de muerte.

Lecciones de anatomía o abandono, que el tiempo cubrirá con las cenizas o el polvo áureo de la esperada redención anunciada por Hölderlin.

Posted by Hello

Mozart, La Fura, Plensa, Argullol y el cuento

Alex Ollé nos había explicado a un grupo de amigos que La Fura del Baus aceptó el “reto” de montar La Flauta Mágica para “adaptarla” a nuestro tiempo. Tal adaptación comienza por cortar el libreto de Emanuel Schikaneder con el que trabajó Mozart.

Para “dar otro ritmo” a la obra y “aproximarla” a los problemas del hombre de hoy, los directivos de La Fura decidieron encomendar a Rafael Argullol un texto poemático, que sustituye (en el montaje estrenado con estrepitoso fracaso en la Ópera Nacional de París) los diálogos del libreto Schrikaneder – Mozart.

Con el fin de “actualizar” el escenario encantador de la obra original, el escultor Jaume Plensa nos contó que él consideraba “añejas” muchas cosas de la retórica (literaria, masónica) de la obra, y había decidido reinstalar la trama en el cerebro humano, para darle una “dimensión onírica”. Lo que Plensa entiende por “dimensión onírica” de su escenario son unas colchonetas de plástico inflable.

¿Cómo no aplaudir la temeraria decisión de revisar, actualizar, y continuar escuchando de manera creativa una de las óperas más esenciales de la historia de la historia musical y teatral de nuestra civilización?

Sin embargo, el resultado, en este caso, confirma hasta que punto la retórica del discurso “moderno” se precipita con frecuencia en el abismo sin fondo de la nadería.

¿Qué pensar de un director de escena que mutila una obra y cercena el texto original, sustituido por el texto de otro escritor que se considera autorizado a suplantar al verdadero autor de un drama que sus comentarios ocultan y “actualizan”?

¿Qué pensar de la imaginación de un escultor que considera onírico colgar un montón de colchones inflables en un escenario, creyendo superfluas las indicaciones precisas del autor del libreto y la ópera que cuenta una historia de cuento de hadas?

Nada más imprescindible que dar a cada artista una libertad absoluta. ¿Pero, puede mutilarse la obra de otro artista en nombre de la creación propia, usando como reclamo publicitario el nombre del artista expoliado?

Que La Fura, Plensa y Argullol hagan con su tiempo, dinero y trabajo lo que consideren oportuno es algo sencillamente palmario. Que se utilice el dinero de los contribuyentes alemanes, franceses y españoles con el fin de “modernizar” a Mozart quizá sea mucho más peregrino: la parda retórica “moderna” se enquista como un cáncer dañino por los pasillos de las burocracias políticas, convirtiendo el arte y la cultura en meras mercancías publicitarias desalmadas.

Se compran y se venden cadáveres. Pago al contado

En Bagdad, bandas de criminales distribuyen entre la amedrentada población civil octavillas que advierten: “Lavaremos las calles con la sangre de quienes vayan a votar”.

En Caína, PP y PSOE, PSOE y PP, se tiran muertos y ataúdes a la cabeza, sirviéndose de la sangre humana derramada para lavar sus bajas pulsiones cainitas.

Cuando la guerra de Irak estaba en sus comienzos, Javier Teixidor me comentaba en su despacho personal del College de France: “Los generales americanos debieran estudiar los Desastres de la guerra de Goya. Porque eso es lo que les espera: una guerra irregular, con diarias matanzas al arma blanca por las calles y encrucijadas”.

Con mucha finura, Harold Bloom comentaba el Meridiano de sangre de Cormac Mc Carthy —-que descubrí gracias a Baltasar Porcel—- diciendo que es un “preludio” del Nuevo Mundo que se avecina: bandas de criminales sembrando el terror en las ciudades. Y concluía: “Es más que probable que esos personajes identificables por su salvajismo sean aclamados como héroes en muchos países del mundo, en los próximos años”.

En esas estamos. Sin embargo, las matanzas africanas son mucho más feroces que los asesinatos de la banda del juez Holden de la novela de Mc Carthy. Su horda salvaje —-The Wild Bunch llamó Sam Peckinpah su mutilada versión cinematográfica de la novela—- es numéricamente modesta, en comparación con las bandas de hombres armados de machetes degollando hombres de otra étnia, antes de mutilarlos y abandonar sus restos a la intemperie selvática.

Y el espanto abismal de los Desastres goyescos quizá esté ennoblecido a través del gran arte. Los diarios baños de sangre irakíes bien debieran estudiarse a través de otra nomenclatura, mucho más próxima del Holocausto endemoniado. Como la utilización publicitaria de cadáveres y ataúdes quizá sea una evolución innoble y diabólica del personaje de Antígona.

Ya Ramón Gaya había escrito: “Los españoles están divididos desde siempre y antes, mucho antes, de llegar a lo político. Lo político no es más que un pretexto para su división feroz, abstracta, desalmada”.

En definitiva, esa condición desalmada, que viene de la Picaresca, en nuestro caso, es indisociable del abismo donde se precipitan las sociedades sin otros principios que la rapacidad zoológica, donde los medios de incomunicación de masas tienen como principal misión vestir con una careta de “respetabilidad” las más bajas pasiones desalmadas.

A nadie extraña que sean liberados, cuando no han sido exonerados de toda culpa, los instigadores, contables y responsables de la creación de bandas de matones criminales, consagradas al asesinato de terroristas. Ante tal indiferencia, ¿cómo extrañarse que las más “respetables” organizaciones “de masas” compren, vendan, comercien y utilicen como reclamo publicitario ataúdes de niños y víctimas inocentes, profanados con marcas de detergentes ideológicos?

Actualidad del campo de concentración


“Millionen stehen hinter mir…”
“Millones me siguen”

G. Grostz, 1939 Posted by Hello

Antígona, en Caína

Brecht aconsejaba a los gobiernos comunistas disolver el pueblo por decreto, para intentar evitar la sublevación de los ciudadanos.

A través de una educación correcta, la publicidad y los medios de incomunicación de masas, los gobiernos pueden conseguir el inmovilismo sonámbulo de las poblaciones. Sin embargo, ¿qué hacer cuando los muertos sacan los brazos de sus tumbas para agarrarse el cuello de los vivos, pidiendo paz, justicia o venganza?

El ministro J. Bono se vio forzado a huir de una manifestación madrileña, organizada por la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT), porque su presencia desencadenó un estallido de cólera agresiva entre muchos de los presentes, padres, madres, esposas, hermanos o hijos de mujeres u hombres asesinados.

Hace días, una madre acusó a una banda de políticos de utilizar la sangre derramada de su hijo para manchar la cara de sus adversarios.

Quienes comercian a diario con el odio, la sangre derramada y los ataúdes todavía insepultos perciben con rapidez felina el riesgo de tales estallidos de violencia incontrolada, y se cubren inmediatamente con el hipócrita manto de púrpura de la honradez, la justicia, o la dignidad ultrajada.

Desde Antígona, las honras debidas a los muertos nos recuerdan que nuestra libertad solo puede echar raíces en los principios éticos, morales y espirituales donde su funda nuestra familia, nuestro pueblo, nuestra patria. Creón percibe con claridad meridiana que el respeto de Antígona por la memoria de sus hermanos muertos de manera fratricida es una amenaza contra la Tiranía, que se funda en la ruptura de los lazos de sangre, amor, solidaridad, respeto y justicia entre hombres encadenados.

Tras haber sembrado el odio (y Bono no desconocía, ni mucho menos, las maniobras de reptiles que culminaron con la fundación del GAL), este o aquel gobernante también aspira a chupar la sangre de las víctimas sepultas o insepultas: todo es bueno para chupar basura audiovisual.

La madre de un niño asesinado en Atocha —-entre otros centenares de víctimas inocentes—-, los padres, hermanos, esposas o hijos de otras víctimas, protestan como pueden, como saben o el corazón les dice de hacerlo. Los muertos se agarran al cuello de sus familiares y les hablan de la casa que habían intentado fundar y hoy están manchada de sangre inocente.

Antígona se enfrenta al Tirano para honrar la memoria de sus hermanos muertos a las puertas de la Ciudad. El suyo es el combate tan actual de la Cultura (lo bueno, lo justo y lo bello) contra la Tiranía que nos encadena en su ergástula de conformismo al convertirnos en fantasmas sonámbulos, pasto de fuerzas ciegas y anónimas (las Furias de la dramaturgia griega del siglo V), que una educación correcta, la guerra publicitaria permanente y los medios de incomunicación de masas manipulan en su beneficio, para nuestra perdición.

Desterrados en el Paraiso

Con motivo de su presentación en la Ópera de París (Garnier), por los mismos años que su compañía también triunfaba en Berlín, Blanca Li me comentaba que, en verdad, la España oficial le niega y el pan y la sal a la danza y la coreografía contemporánea.

Ayer estuve escuchando a Alex Ollé (La Fura del Baus) y Jaume Plensa hablar de su nueva versión de La Flauta Encantada de Mozart, que presentaron hace un par de años en Bochum, con motivo de la Ruhrtriennall.

Puede discutirse el puesto de Blanca o la tropa de La Fura en la historia de la danza, el teatro, el espectáculo, la escenografía. Y ya sería buena cosa entrar a discutir acciones poéticas como las que ellos inventan, a espaldas de la inmensa burocracia cainita, que ya tiene siglos de historia.

Toda la gran música española contemporánea se escribe, estrena y triunfa antes en París que en Madrid y Barcelona. Los exilios de Albéniz, Granados, Falla, etc., son una página vergonzosa de insensibilidad, destierro y agonía. Cada caso, cada historia, cada personaje, tiene su propia historia. Los triunfos internacionales de Albéniz son el contrapunto feliz a la muerte de Falla, inconclusa su obra, lejos de su patria.

¿Qué hubiera pensado Falla de las cuatro representaciones de la Atlántida presentadas por la Fura en su Granada natal? ¿Qué hubiera pensado Mozart de su Zauberflöte revisitada por Plensa y La Fura?

Hace años, en mi ensayo sobre la Atlántida (Verdaguer – Falla), con el que se cierran los capítulos finales de De la inexistencia de España, me preguntaba si la historia misma de España no se confunde con ese épico proyecto musical: una Atlántida perdida en el abismo oceánico del tiempo, desconocida de sí misma.

El trabajo de La Fura – Plensa se inscribe en ese horizonte utópico: rescate, relectura y reconstrucción de una arquitectura espiritual abandonada, desterrada, proscrita, condenada a vivir en un exilio errante. El morisco de Cervantes también es un extraño en su patria, víctima de una guerra civil no sé si inconclusa.

Muchas cosas de Falla se estrenaron en París, mucho antes que Madrid o Barcelona aceptasen tales obras. La Ópera Nacional de París estrenará el lunes (24-1-05) un trabajo de La Fura – Plensa, que nadie ha imaginado dar a conocer en el Real madrileño ni el Liceo barcelonés.

En el terreno escénico – musical, la Atlántida (Verdaguer – Falla) continúa siendo la parábola, el misterio cuya representación, en Madrid o Barcelona, justamente, debiera obligarnos a contemplar esa extrañeza original, ese destierro del español en su patria. Que ya era el problema de cada día para Cervantes y su personaje.