ENTRADAS: April, 2005

Max Ernst, Arte, Aura y Subversión


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Max Ernst (1891-1976)
The Blessed Virgin Chastises the Infant Jesus Before Three Witnesses, 1926
Óleo/tela (196 x 130 cm)Museum Ludwig, Köln

Conociendo mis debilidades, E* —-que regresa de Nueva York—- me trae como regalo el catálogo de la gran retrospectiva Max Ernst del Metropolitan.

A partir de Dada y el Surrealismo, la obra del maestro se ramifica sin cesar, por caminos siempre turbadores que no sé si llamar “subversivos”; inquietantes, en cualquier caso. Y un aura de misterio sacro cubre todas sus creaciones, del más modesto collage al óleo más majestuoso. Ese aura ausente en la “obra” de un rosario interminable de “artistas” , “modernos”, “contemporáneos”, “vanguardistas” o… etc., caídos de hinojos en la nadería de lo insignificante, comprado y vendido en los arrabales de las grandes superficies del ramo.

Benedicto XVI, la Constitución europea y otros vicios personales



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“Primera declaración de Benedicto XVI
sobre la Constitución”
Plantu, Le Monde, 30.04.05

A juicio de Plantu, Benedicto XVI pudiera considerar la Biblia menos chiant (aburrida: pero en tono vulgar – escatológico) que el proyecto de Tratado constitucional europeo. Sin embargo, ese mismo texto bizantino se ha convertido en un imprevisto best-seller.

Philippe Moreau Defarges (un diplomático de muy alto nivel) ha vendido 140.000 ejemplares de sus comentarios prácticos a la Constitución, Constitution européenne, voter en connaissance de cause.

Olivier Duhamel (constitucionalista emérito) ha vendido 150.000 ejemplares de su presentación del mismo texto, cuya edición canónica ha sido comprada por 73.000 lectores en la aridísima edición de La Documentation française.

Otras ediciones de la misma Constitución, anotada por Valery Giscard d’Estaing, Phlippe Tronquoy, Laurence Burgogue-Larsen o Jean-Luc Sauron, han vendido entre 15.000 y 80.000.

En menos de sesenta días, se han vendido medio millón largo de ejemplares de la Constitución y sus comentarios.

¿Han contribuido esas ventas masivas el ligero ascenso al “si” en las intenciones del voto del próximo 29 de mayo? ¿Son muy masoquistas los lectores franceses, precipitándose sobre un texto de una aridez difícilmente comprensible? ¿Se trata de oscuros vicios privados de miles de millares de lectores? O, sencillamente, ¿asistimos a una muestra de civismo de unos ciudadanos que desean enterarse y comprender que les va y que les viene con ese proyecto de Tratado constitucional? Como yo mismo he comprado tres de esos libros, con el cívico deseo de instruirme, me inclino por esta última alternativa, que no tengo definitivamente clara. A pesar de todo.

Europa y la cultura, víctimas del Titanic Chirac

Con el fin de conmemorar el décimo aniversario de su llegada al Elíseo, hacer campaña a favor del proyecto de Tratado constitucional europeo y denunciar el imperialismo cultural de los EE.UU., el presidente Jacques Chirac ha convocado unos Encuentros para una Europa de la cultura.

Han sido invitadas veintiséis delegaciones de Estado; y medio centenar de artistas, escritores, ensayistas, dramaturgos, cineastas han confirmado su participación en muy diversas mesas redondas, del 2 al 4 de mayo, en París.

Según las cifras oficiales del ministerio francés de la cultura, la composición de tales delegaciones da una idea muy parcial, sectaria, incompleta y burocrática de las culturas europeas: 183 invitados franceses, 40 alemanes, 26 italianos, 19 españoles, 15 ingleses, 17 belgas, 23 chipriotas… Que la delegación de Chipre sea mucho mayor que la delegación de Inglaterra no deja subrayar el carácter burocrático de la cosa. Con otros elementos de juicio: está presente la cultura libanesa, pero no hay delegaciones catalana, vasca o gallega. Han confirmado su presencia grandes figuras como Andrei Wajda o Peter Brook, pero no hace falta ser un lince para descubrir la arbitrariedad absoluta de la composición de las distintas delegaciones culturales.

Bajo la dirección de Carmen Calvo, la delegación española estará integrada —-salvo error u omisión—- por diplomáticos y funcionarios de alto nivel, acompañados de Rosa Regás, Carmen Posadas, Marisa Paredes, Jorge Semprún, Luz Casal, Ricardo Boffill, Teresa Berganza, Eduardo Arroyo, Blanca Li, Sergi López, Frances Parcerisas, Lluis Pasqual, entre otros intelectuales y artistas. Cada cual apreciará a su modo el rigor de los organizadores. Hilando fino, pudiera pensarse que las ausencias son escandalosas en terrenos tan sensibles como la narrativa (ausencia de Ferlosio o Marsé), el teatro (ausencia de Arrabal o Gala, para ser ecuménicos), la ensayística (ausencia de Savater o Trías) o el gran arte (de Paco de Lucía a Tapies). Semprún, Marisa Paredes, la Berganza o Luz Casal son personalidades eminentes y simpáticas: no tengo claro que sean las más idóneas para representar a España en el marco harto ambiguo de la Europa de las “culturas”.

Las delegaciones de Italia (ausencia de Umberto Eco) o Inglaterra (ausencia escandalosa de premios Nobel recientes) dejan al descubierto la misma ignorancia sectaria, insolvente y escandalosa. Incluso la masiva delegación francesa está sembrada de incongruencias patéticas: solo Alain Filkelkraut y Marc Fumaroli representan al gran ensayismo local. No hay presencia de novelistas dignos de ese nombre. Están ausentes todos los grandes historiadores. Y la “música ligera” está representada por dos vejestorios encantadores, Line Renaud y Henri Salvador, invitados porque son amigos personales del presidente Chirac.

George Steiner —-otro ausente no menos significativo—- publicó hace meses un ensayo magistral titulado The Idea of Europe. Los grandes libros y conferencias de Husserl, Ortega, Benda, o Thomas Mann, etc., etc., etc., nos recuerdan a cada instante hasta que punto la vieja civilización europea es algo mucho más vasto, rico, complejo e imprescindible que las bizantinas construcciones institucionales concebidas por ciertas elites gubernamentales.

La mezquindad oportunista del presidente Chirac, utilizando la cultura como rehén publicitario de sus intereses diplomáticos personales, cuando el 65 por ciento de los franceses creen poco o nada en sus promesas, vuelve a recordarnos las amenazas que pesan sobre nuestras culturas, precisamente, convertidas en basura publicitaria al servicio de gobernantes y empresas ideológicas desalmadas.

19 Bibliotecas de Estado contra Google

Por iniciativa de Francia, las bibliotecas nacionales de Alemania, Bélgica, Holanda, Luxemburgo, Austria, Dinamarca, España, Finlandia, Grecia, Irlanda, Suecia, Estonia, Hungría, Lituania, Polonia, República Checa, Eslovaquia, Eslovenia han decidido “unirse” para “combatir juntas” el proyecto de biblioteca virtual lanzado por Google el mes de diciembre del 2004: poner en línea gratuitamente quince millones de libros editados en inglés…

Le Monde, donde leo la noticia, comenta: “Hay un riesgo mayor: ante la determinación y eficacia de una empresa privada, con medios financieros muy importantes, Europa corre el riesgo de la suma de administraciones atomizadas, celosas y paralizadas por interferencias políticas”.

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V. 19 bibliothèques en Europe signen un manifeste pour contrer le projet de Google,
Le Monde, 28.04.05

La Incultura propagada por los medios de Incomunicación de masas

Antes de volver a las obligaciones, tras seis días de viaje, etc., me asalta una última impresión sobre el estado de la incultura propagada a través de los medios de incomunicación de masas, en Caína.

Allí donde, en otro tiempo, se defendían banderas “nacionales” o “principios” de alguna especie, las sectas, mafias y bandas desalmadas están imponiendo con ferocidad predadora sus cánones éticos y estéticos.

Entre quienes escriben a tanto la cuartilla de cosas librescas, son muy mayoritarias las reacciones sectarias. La camarilla de un periódico o editorial crea reacciones de “familia” que recuerdan el comportamiento mafioso.

Esas mafias enarbolan banderas filantrópicas: los estandartes empresariales sustituyen a los antiguos colores “nacionales”; y se cotiza tan caro el precio del papel que las líneas se cuentan con la pistola al cinto.

Financial Times: Los blogógrafos franceses dicen NO a la Constitución europea

Primer café de la mañana. Financial Times afirma que la blogosfera francesa milita por el NO de Francia al proyecto de Tratado constitucional europeo. Y avanza razones de cierto peso.

Verbatim:

Les bloggeurs want a Non in EU referendum

By John Thornhill in Paris
Published: April 29 2005

Stanislas Magniant, director of Publicis Consultants Net Intelligenz, which tracks the web, says the No campaign appears far more computer-savvy.
“The fringe parties have always been better at using the internet because they do not have the resources, or the access to prime-time media, or the warchests of the mainstream parties,” Mr Magniant says. “They put up posters at night and blog during the day.
“Blogs were the big thing in the US presidential campaign and they are a big thing in this referendum. We are seeing the beginnings of real grassroots militancy on the internet,” Mr Magniant added.
Although France woke up relatively late to the political implications of the internet, it has been catching up fast. There are an estimated 24m internet users in France, out of a population of 60m. The pro-constitution websites, run by the government and the mainstream parties, are formal and informational, while those run by theNo camp are chatty and polemical.
Pierre Giacometti, general director of the Ipsos polling organisation, says the constitution is a natural subject for web debate. “The internet has progressed a lot in France and the referendum is a subject that can be discussed to the end of eternity,” he says. “The No supporters have many things to say. And it is simpler to criticise. The Yes is not sexy. The No is more exciting.”

Robafaves, Laie, La Central y el comercio de basura

Mientras preparo la maleta del regreso, advierto que no he comprado libros, a pesar de las tentaciones bien presentes en Robafaves, Laie y La Central, donde no es difícil separar el trigo y la paja endemoniada. ¿Porqué?

Quizá urgido por los mil y un detalles de cinco días de idas y venidas ajetreadas, con citas, encuentros, obligaciones y compromisos. Sin duda abrumado por la cantidad material de cosas que se venden como libros y me parecen cosas endemoniadas, que incluso algunos de mis amigos contribuyen a endemoniar, caídos también ellos en el comercio de basura.

¡Qué tristeza me dio ayer leer a C* hablando de E*, su editor, a quien desprecia cuando habla conmigo y adula sin pudor cuando publica uno de sus engendros! Con que facilidad entra y sale del basurero, creyendo que su voz se libra del aliento que viene de las cosas podridas con las que trafica.

Cuando me veo obligado a entrar en eso que llaman una “gran superficie” el número abrumador de “libros” apilados en las estanterías, con sus tentaciones sin fin, me espanta por la obscenidad diabólica de lugar: las joyas esparcidas al azar quedan sepultadas —-cuando hay piedras preciosas que encontrar—- entre los montones de basura que son el comercio principal de la industria del ramo.

Fin de fiesta: corrupción, prostitutas, dinero negro, etc.

Cuando nos despedimos de Caldetes, en la terraza de casa, una luz ambarina vela el rostro de los conjurados ante una penúltima botella de cava. Y la nítida línea del horizonte separa el albovinoso del horizonte marino de un mar plateado, espectral, blanquecino.

A* —-arquitecto—- deja caer: “No es un secreto que Olot fue durante muchos años el foco central de la corrupción de CiU por aquellas tierras”.

P* —-publicista—- entra en detalles de señoras: “A M* la nombraron algo así como “embajadora” de Maragall porque su marido trabaja en XXX —-periódico de referencia—- y es amiga íntima de Y*, que es la novia de C*, que aserora muy directamente al president en cuestiones institucionales”.

N* —-asesor fiscal—- añade: “En Palma, a T* le pagan mil euros al mes para que calle lo que sabe sobre viajes con prostíbulos pagados”.

Ya en ese terreno resbaladizo, M* —-esposa de P*, funcionaria de la Generalitat desde hace años—- aporta un dato sobre los hábitos personales de D* —-probo político de hondas convicciones religiosas—-: “En algunos viajes, llegó a pedir que se le presentase una revista con las chicas que podría elegir”.

… cae la noche, y nos decimos adiós recordando que estamos contemplando la misma playa que inspiró la Nausica de Maragall, que no se ha repuesto creo que jamás en ningún escenario. Mañana regresamos a París.

Genocidio contra la cultura catalana

Tras la conferencia en el Ateneu de Barcelona, O* —-gran arquitecto—- nos invita a cenar en la Plaza Real.

M* —-viejo amigo—- me asalta: “¿Has leído el artículo de Xavier Bru de Sala en La Vanguardia?”. No lo he leído. J* —-a quien no veía físicamente desde hace ¡treinta años!—- resume la tesis central, creo que sin compartirla: a juicio de Bru de Sala, la cadena pública TV3 está perpetrado lo que él llama, textualmente, un genocidio cultural contra la literatura catalana, de esta manera: “Para consumar el genocidio cultural, a la manera franquista, no hacen falta hornos crematorio, ni siquiera cárceles o torturas… Basta cortar el paso, tapiar el acceso a lo mejor de una cultura a los medios de comunicación”.

Ante mi perplejidad, B* —-novelista famoso, viejo amigo, nacionalista histórico, toda su obra escrita en catalán—-, sentencia: “Lleva razón Bru de Sala. TV3 está masacrando la cultura catalana”.

La tertulia se prolonga hasta ya entrada la madrugada. Sin que nadie lo contradiga, B* avanza una serie de razones que, a su modo de ver, están minando la cultura catalana: “mercantilismo frenético”, “utilización devastadora de los medios de incomunicación oficiales, convertidos en instrumentos de propaganda”, “conversión de los escritores en payasos y saltimbanquis presto a distraer a la tropa que gobierna la radio y la tv públicas”, “atropellos culturales del poder político”…

Doy por supuesto que, en verdad, tampoco están ausentes los tiros en la nuca entre diversas escuelas, familias, mafias y navajeros al servicio del poder político de turno —-convergentes ayer, tripartidos de hoy—-. Dicho esto, que alguien se atreva en Barcelona a denunciar el genocidio cultural que, a su modo de ver, estaría perpetrando la radio y la tv públicas, me llama la atención como un acontecimiento del que no recuerdo precedentes.

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V. Genocidio cultural, Xavier Bru de Sala, La Vanguardia, 26.04.05

¿Puede sobrevivir la libertad al consumo permanente de basura audiovisual?

De paso por Caína, para pronunciar una conferencia en el Ateneu de Barcelona, navego como puedo por las aguas emponzoñadas por los medios de incomunicación de masas.

¿Puede sobrevivir la libertad al consumo permanente de basura audiovisual?

Muy de mañana, los más madrugadores sufren la tempranísima lluvia ácida que precipitan los minaretes radiofónicos.

A cualquier hora del día, las “marías” —-lenguaje desalmado que dice lo que dice: violación irónica de un nombre de mujer, ante la indiferencia pública—- son invitadas a chutarse con basuras de caballos no siempre famosos.

Cada hora, repican las campanas radiofónicas: pero no siempre es fácil discernir entre el dato informativo y la ponzoña ideológica del amo de turno.

El “entretenimiento” con el que se amuebla las conciencias más frágiles está aliñado con chucherías de una vulgaridad atroz, endemoniada.

Las cosas más sagradas o profanas, la división fratricida de un pueblo, la guerra o la paz en la que se embarcan los ejércitos, los muertos caídos en atentados terroristas, la vida de los niños por venir en el vientre de las madres, se venden informativamente en subasta pública.

Caína va bien”.