Archive for June 4th, 2005

Antígona, ETA y la razón política

En nuestra civilización, uno de los personajes definitivos que fijan de manera canónica los problemas espirituales, morales y políticos de nuestras relaciones con los muertos de nuestra familia y nuestra ciudad es la Antígona de Sófocles.

George Stenier ha escrito el libro bien conocido y definitivo al respecto.

Entre todas las lecturas del mito y el personaje de Antígona, quizá una de las más famosas sea la del individuo respetuoso con las viejas leyes no siempre escritas de la Ciudad, la Polis, enfrentado a la razón política del Tirano, Creonte. Esa lectura ha sido muy utilizada por dramaturgos y directores de teatro que desearon denunciar la Ocupación y el Terror, nazi y comunista, contra muchos pueblos europeos.

Las raíces del drama son bien conocidas. Antígona desea rendir a sus hermanos, Eteocles y Polinices, caídos a las puertas de la ciudad, en combate fratricida, los honores debidos a los muertos. Creonte, el Tirano, interpreta tal respeto a los muertos como una amenaza que pudiera socavar el despotismo de la razón política.

No es un secreto que la razón política no siempre se gobierna por la lógica estricta de los principios morales, que, con frecuencia, obedecen a imperativos incompatibles con la flexibilidad, doblez y falta de escrúpulos —-Maquiavelo dixit—- del buen gobernante. Creonte tiene buenas razones para denunciar la intransigencia moral de Antígona, cuya conciencia es portadora de una semilla atormentada.

A cada cual de manifestarse, con libertad, a favor de la razón política de Creonte o la razón espiritual de Antígona.

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En nuestro caso, en Caína, los demagogos al servicio del poder y sus tentaculares recursos de incomunicación y confusión de los ciudadanos, aportan materiales luciferinos, que dan al debate una nueva dimensión endemoniada, a estudiar por los especialistas de la rama esperpéntica de la tragedia clásica.

Solzhenitsyn y el Gulag, en Madrid

En 1975, Alexandr Solzhenitsyn estuvo en Madrid.

Mis crónicas de aquella visita me costaron la enemistad de muchos amigos y contribuyeron a precipitar mi exilio.

Han pasado treinta años. Quienes me hicieron una guerra sorda y contribuyeron a cambiar mi ruta laboral descubren que el Gulag “está vivo”.

Hace treinta años, en Madrid, era intelectualmente peligroso denunciar el Gulag. Hoy, tras el hundimiento fáustico de la antigua URSS, resulta que está vivo aquel proyecto de construcción de un campo de concentración universal, apoyado en un parque de artillería nuclear.

Entre quienes contribuyeron a enviarme al destierro, el —-por entonces—- director de una revista de “pensamiento” maoísta, pagada por la embajada de Pekín en Madrid, ha dirigido si no sigue dirigiendo un periódico y —-en particular—- las páginas de opinión de un periódico de referencia. Su protector —-que fue mi patrón—- estaba protegido por su padre, periodista franquista cuando mi padre estaba en la cárcel.

Han pasado treinta años. Y tan viejos compañeros de viaje descubren que el Gulag “está vivo”. Los más eficaces medios de incomunicación de masas continúan sembrando semillas cainitas.

El euro, la locura, los dinosaurios y quien se rasca el bolsillo

Horrores europeos del día.

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En París, Liberation estima que el euro, la moneda única de la UE, está enferma del comportamiento político de los Estados y sus dirigentes, descarriados en una crisis sin fondo conocido.

En Milán, el Corriere della Sera subraya el espectáculo esperpéntico provocado por la propuesta de sacar a Italia del “corsé” del euro, para desenterrar la lira difunta y enterrada en el cementerio de los elefantes monetarios.

En Londres, el Times presenta como “eje de perdedores” la cena de trabajo que hoy deben celebrar en Berlín el canciller Schroeder y el presidente Chirac, calificados de patos renqueantes (sorry por la traducción “libre” de lame ducks) de una difunta Europa constitucional, víctimas de su demagogia populista y su largo rosario de promesas incumplidas.

En Frankfurt, la Frankfurter Allgemeine Zeitung (FAZ) insiste en las advertencias de la oposición cristiano – demócrata al canciller, en el terreno capital del presupuesto común europeo, cuando ese es el verdadero problema de fondo: ¿quién paga qué, a quién y en qué condiciones, con el dinero de unos contribuyentes fiscales cada día más a remisos a pagar facturas a fondo perdido, con fines que escapan al control que ejercería cualquier padre o madre de familia?
En Munich, la Sudeutsche Zeitung abre un debate de fondo entre sus lectores: “¿Ha muerto la Europa institucional?”. Una lectora que firma “guapa 22” sentencia: “¡Espero que la Constitución fracase!”. Quizá no sea una opinión mayoritaria entre las elites alemanas. Si se trata de una reacción sintomática.