Néstor Almendros, Castro, los ayatolas, homosexuales y transexuales
Semanas antes de morir, víctima del Sida, en Nueva York, Néstor Almendros me comentaba con melancólica distancia, el vacío con que fue recibida, en España, Mauvaise conduite, su película sobre la trágica suerte de los homosexuales cubanos. “¡Como me emocionó —-me decía, en la terraza de Lipp—- tu artículo afirmando que toda mi obra era un épico combate de la luz contra las tinieblas…!”.
Han pasado los años. La homosexualidad sigue siendo un crimen de Estado, en La Habana. A la espera que Castro se sume a la campaña mundial a favor de la Alianza de civilizaciones, los ayatolas iraníes ya aceptan gustosos participar en tal aventura diplomático – cultural, al mismo tiempo que persiguen y pueden condenar a la horca a homo y transexuales, cuyas aventuras y tragedia no parecen inquietar mayormente a la fina intelectualidad cainita.
Sorprende el cinismo desalmado con que se acepta la alianza diplomática, sin que a nadie interese para nada la cultura ni la suerte de hombres, mujeres, homo, transexuales, perseguidos a muerte por no enterrar en una tumba, en vida, su identidad sexual más íntima.

[…] Raymond Depardon ha comisariado las Rencontres fotográficas de Arles a su imagen y semejanza: todos sus invitados contemplan la realidad visible e invisible con una mirada limpia y pura, que mucho tiene en común con el épico combate de la luz contra las tinieblas, indisociable, para mí, de la obra de Néstor Almendros. […]
[…] “¡Como me emocionó tu artículo me decía, Néstor Almendros, hace años, en la terraza de Lipp, afirmando que toda mi obra era un épico combate de la luz contra las tinieblas…!” El fotógrafo se sirve de su técnica y de la publicidad, la moda, la alta costura, para imaginar nuevos mundos. Obligado recuerdo de Lawrence, tantas veces citado: “Hay dos clases de hombres. Los que sueñan, y cuando despiertan creen que han soñado. Y los que sueñan despiertos. Estos son los más peligrosos, porque son capaces de realizar sus sueños”. […]