Posted on December 28th, 2005 by JP Quiñonero
De la OCDE a Google, de Amayrta Sen al Times, de Newsweek al sentido común de cualquier estudiante más o menos libre de prejuicios, me gustaría pensar que a nadie se le oculta el carácter pacíficamente revolucionario de la economía del conocimiento.
En Caína, el clientelismo provinciano y la diaria especulación ideológica -compra / venta de cadáveres maquillados con publicidad, desenterrados en los cementerios de ideas muertas- entorpecen la floración de tal modelo económico, social y cultural:
—-El mercado de las ideas es sencillamente inexistente. Muchos grandes científicos han emigrado al extranjero: como en tiempos de Franco. Sobre Europa, sucesivos gobiernos vegetan en los arrabales de la diplomacia francesa.
—-En materia de I + D (investigación y desarrollo), Europa lleva muchos años de retraso con respecto a EE.UU. y Japón. Y España lleva años en la cola de Europa: los fondos de cohesión europeos han sido utilizados para construir carreteras -muy necesarias- y favorecer la espiral inmobiliaria -distrayendo recursos para innovación creativa.
—-Hay un número impresionante de diminutas editoriales que publican arte, novela, poesía, ensayo, etc., etc., etc.; pero todas están sepultadas por una pavorosa marea negra de basura distribuida en cantidades industriales. El comercio de basura impresa tiene en Caína unas proporciones de penosa indigencia moral.
—-Con excesiva frecuencia, los creadores de riqueza inmaterial (artistas, científicos, escritores, técnicos, etc.) están condenados a medrar en los aledaños de los distintos poderes políticos balkanizados: la independencia, el riesgo, la libertad, la innovación, la creación están sometidas al comisariado, no siempre policial, pero siempre burocrático, en detrimento del dinamismo, condenadas a vegetar en la tierra estéril que los herederos de Alvargonzalez siguen sembrando de abrojos.