Brassens, en Montserrat

agosto 22, 2006 | 3 Comentarios

Felices vacaciones, 20

Vagabundeando en automóvil por la autovía Barcelona / Lleida me asaltan dudas sobre “nacionalismo” y “progreso industrial”.

Esa autovía fue construida / ampliada con el fin de “dar vida” (industrial) a unas tierras indisociables de la Cataluña mítica (Montserrat, Bruc, etc.). Sin embargo, la sucesión de polígonos industriales está salpicada de archipiélagos de guetos urbanos, donde la inmigración y la vida proletaria suburbana sospecho que no facilitan ni mucho menos la identidad cultural y nacional, bien al contrario: basta con salir de la autopista y adentrarse por una ciudad emblemática (Igualada) para que aparezcan nuevas sombras… las pintadas sindicales son muy abundantes y ponen de manifiesto una crisis económica (industrial textil) y moral de cierta envergadura.

En Igualada, me despido de nuestros anfitriones con una pregunta cínica, por mi parte: “¿Hay algo que ver en Montserrat?”…

-Piedras. La abadía.

-¿Queda algo de vida?

-¿Vida?.. ¿..? Los monjes cantan el Ángelus.

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Cae la tarde. Ante los atascos de camiones, intento aislarme escuchando a Brassens: “Je vous salue, Marie”. Un ateo que glosa la figura de María, por razones que no vienen al caso.

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Biografía NO autorizada de CJC.


Comentarios

3 Comentarios

  1. Una temporada en el infierno » Blog Archive » Última cena, en Montserrat, noviembre 6, 2006 - 8:44 am
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    […] C* me escribe desde Igualada, comentando la última cena del verano pasado, evocando el destino laico de Montserrat. Me entristece su  melancólico pesimismo cívico. […]

  2. Ramon, noviembre 6, 2006 - 10:28 am
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    Uso poco el coche y la carretera, quiza por esto me sorprendio desagradablemente el panorama que contemple al entrar en Cataluña/España por la Jonquera (vamos, por la unica autopista que hay) de regreso de un largo fin de semana por el sur de Francia/Catalunya Nord. Lo que me sorprendio, o mejor asusto, fue el brutal contraste entre el paisaje, maravillosamente cuidado, del lado frances, y la vision del lado español/catalan, que solo podia ser calificado de cutre, con unas casas edificadas en la ladera de una loma a la derecha y debajo(!) de la autopista, y otras maravillas por el estilo. Años antes ya me lleve una impresion parecida en el lado vasco de los Pirineos. Venia de pasar por Biarritz, St. Jean de Luz, y otros lugares menos conocidos pero tambien admirablemente cuidados, y lo primero que me encuentro al entrar en España-Euzkadi es una Fuenterrabia, a la que yo recordaba de muchos años atras como un bello pueblo, convertida en un adefesio.

    Un antiguo presidente de la diputacion de Barcelona, Antoni Dalmau, relataba el disgusto que se llevo cuando viajo por “su” provincia en globo aerostatico, en una jornada que tenia que ser especialmente bella, pero que acabo en serio disgusto al comprobar la fealdad del paisaje visto desde arriba.

    No puedo dejar de comparar el relato de Dalmau con lo que veo cada vez que el avion se aproxima al aeropuerto de Munich, una zona industrial que no tiene nada que envidiar a nadie, pero que tanto desde el aire como en tierra, presenta un paisaje casi bucolico.

    Un bello paisaje no es algo que se tenga por la buenas, sino que hay que trabajarselo, y parece que entre nosotros la belleza no es un valor en boga, sobre todo cuando afecta la cuenta de resultados.

  3. JP Quiñonero, noviembre 6, 2006 - 11:04 am
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    Ramón,

    Hombre… a título personal, soy un poco menos pesimista.
    En el terreno de fondo, no tengo ninguna razón para justificar mi moderadísimo “optimismo”. Recuerdo a Pla contemplando un plantel de lechugas, en casa de un conocido, en Perpignan, tras una tormenta… los destrozos le parecían la expresión implacable del caos del universo, dejándose arrastrar por un pesimismo cósmico que, en su caso, venía de Lucrecio. El mismo Pla decía pestes de la urbanización de Caldetes, donde yo me encuentro tan féliz, cuando puedo pasar 48 horas en el Passeig dels Anglesos..

    Q.-

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