Jeanclos, Azorín, Guillén y el budismo alicantino
octubre 11, 2006 | Escribe un comentario

Barque Saint Julien le Pauvre. 40 x 43 x 20 cm. 1991. Terracota.
¿Qué decir de la obra de un maestro absoluto, como Georges Jeanclos, a caballo entre la artesanía tradicional, la fe en el Gran arte, la piedad cristiana de un agnóstico de origen judío, devoto del budismo zen..?
Su retrospectiva en Claude Bernard tiene el encanto de los misterios más hondos y encantadores: obras en terracota, frágiles, delicadas, de una pureza excepcional, dejando el rastro de las manos de un creador que vuelve una y otra vez a dar su alma y su silencio a sus figuras dormidas; a la espera, quizá, de la Resurrección de los hombres, perdidos en el laberinto endemoniado de la gran ciudad.
Ni Claude Bernard ni los más eminentes críticos de la obra de Jeanclos han podido subrayar misteriosas relaciones con la cultura española. Azorín se refugiaba en la iglesia de Saint-Julien le Pauvre, frente a Notre-Dame, en busca de recogimiento íntimo, religioso a la manera de un budista alicantino; y así lo cuenta en varias ocasiones. Jorge Guillén tuvo una casa y habla con inmenso respeto de la misma Provins que también fascinó a Jeanclos. Creo que nadie había subrayado antes tales correspondencias.
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Vírgenes expulsadas del Paraíso.



