Tintín a la refinería, los ángeles al destierro

Hay un misterio Tintín que deja irresuelto la gran exposición consagrada a Hergé, su creador, en el Centro Pompidou, inmortalizado en una de las más famosas aventuras del intrépido joven, L’Alph-Art, con este diálogo:

El Emir: “He llegado a ofrecer una suma considerable por la refinería que se ha construido recientemente en París, y de la que se ha hecho un museo”.
Thomas d’Hartimont: “¡Excelencia..! ¿Habla usted del Centro Beaubourg..? No es una refinería. Es un verdadero museo”.
El Emir: “Ya, ya..”.

La tal refinería se ha asociado a la empresa que explota los derechos internacionales de Hergé-Tintín, para celebrar el centenario del primero. Esa caída del héroe en la factoría, o la refinería, quizá también hable del destino del arte contemporáneo.

Hubo otros ángeles, frutos de la “divina fantasía”. Pero ellos están condenados al destierro: para entender sus misterios, alegorías y belleza suprema es imprescindible cultivar un arte y disciplinas que comienzan a ser víctimas de la desertización universal de las tierras del espíritu, convertidas en factorías, refinerías y supermercados de almas muertas.

PS. Que un emir compre una refinería, convertida en el museo más visitado del mundo, en la vieja Europa, quizá sea una profecía por venir.


Un Comentario en: “Tintín a la refinería, los ángeles al destierro”

  1. […] A juicio de Jean d’Ormesson, “le Centre Georges-Pompidou est le premier monument de la révolution culturelle qui consiste à remettre en question la notion même de beauté. C’est l’encyclopédie d’une culture de l’angoisse”. No está mal: pero ese Centro me descubrió en todo su esplendor la obra de Balthus, con una retrospectiva capital (1983). Les Realismes, 1919-1939 (1980) inició una inconclusa revisión de fondo de la historia del arte del siglo XX. La exposición Hergé [Tintín, Hergé y el arte contemporáneo. Tintín a la refinería, los ángeles al destierro] abre nuevos horizontes. Las magnas exposiciones consagradas a Dalí (1979), Bonnard (1984), Viena (1986) o Matisse (1993) fueron acontecimientos artísticos de la primera importancia. […]

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