IRA, ETA, Joyce, Beckett, Baroja, Unamuno y otras censuras…
enero 28, 2007 | 9 Comentarios
Jon Juaristi evoca las figuras y el destierro de Samuel Beckett, Joyce, O’Casey y Yeats, a la luz del conflicto de Irlanda del Norte. Confieso mi ignorancia absoluta, en ese terreno. Pero la perspectiva me parece rica, peligrosa, si no trágica.
En el caso del conflicto vasco, evocar los nombres de Baroja, Unamuno o Blas de Otero, ya plantea, con solo nombrarlos, insondables cuestiones de fondo.
Sería absurdo colocar una bandera política a ninguno de tales maestros del Panteón contemporáneo. Sería ingenuo privarse de ellos para intentar comprender algo de Irlanda del Norte o el País Vasco, en cualquier lengua, ça va de soie.
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Sobre “la apostasía que vació los seminarios y nutrió a la extrema izquierda” (ETA incluida), Juaristi abre otro frente de análisis mal explorado y que tanto me ha hecho sufrir, perseguido por los beatos que de jóvenes me censuraban las obscenidades pornográficas de Joyce y de mayores censuran La locura de Lázaro, mi Biografía NO autorizada de CJC.
ABC, 28 enero 2007.
Curas
Por Jon Juaristi
UN día cualquiera de 1975, mientras la farándula se declaraba en huelga tras treinta y seis años de leales servicios al régimen, en una iglesia madrileña de barrio menestral los tibios y los ateos asistían fervorosamente a misa para despistar al supervisor de la diócesis y salvar a su párroco más o menos preconciliar de un traslado forzoso. No se trata de una historia real, sino de la última entrega de la serie Cuéntame, emitida por TVE-1 el pasado jueves.
El episodio está calcado, por supuesto, de aquella secuencia de El hombre tranquilo, de John Ford, en que, una vez terminada la homérica pelea entre Thornton (John Wayne) y Donaher (Victor MacLaglen), los vecinos católicos de Innisfree, incluyendo al párroco, aclaman al obispo anglicano durante la visita de este al pintoresco pueblo irlandés, haciéndose pasar por la inexistente feligresía del vicario local de la Iglesia de Inglaterra. En su juventud, el gran poeta nacionalista (y protestante) William Butler Yeats escribió un magnífico poema sobre la isla lacustre de Innisfree, en el condado de Sligo: una variante del tópico de la vida retirada donde oponía la paz idílica del campo a la agitación de Dublín. La Innisfree de Ford no es la isla de Yeats, sino una aldea imaginaria de la República de Irlanda bajo el segundo gobierno de Eamon de Valera.
Yeats no pudo acabar sus días en Innisfree ni en Sligo. Murió en Francia, a comienzos de 1939. Los republicanos pugnaban entonces por excluir de la política a la minoría protestante, y Yeats, que había sido senador del Estado Libre, sufrió durante sus últimos años una suerte de ostracismo tácito. Como él, otras figuras descollantes del renacimiento literario irlandés murieron en un exilio no reconocido (O’Casey en Inglaterra; Joyce, en Suiza), preludiando lo que iba a ser el destino de otros brillantes disidentes como Samuel Beckett. Todavía en 1952, cuando Ford estrenó su película, la vida no era cómoda en la Irlanda rural para los protestantes, y que en el Ulster presbiteriano se humillara a los católicos no hacía su situación más llevadera (al contrario: la empeoraba). Ford maquilló hábilmente la realidad histórica para tranquilizar las conciencias de la diáspora irlandesa que lo aclamaba en América y que, veinte años después, se convertiría en el principal soporte financiero del IRA.
Los literatos y los historiadores de la Irlanda contemporánea han desmentido por completo esta visión edulcorada (basta hojear las novelas populares de Frank McCourt o Roddy Doyle para cerciorarse del fin del idilio). Por eso, el recurso de los guionistas de Cuéntame al viejo truco de Ford resulta por lo menos chusco en estos tiempos de laicismo rampante. El problema del progresismo español no es que se esté inventando una guerra civil a su gusto. Es que ni siquiera tiene claro lo que fue el franquismo. Cuéntame constituye un precioso monumento a la memoria histórica…de sus autores. Como evocación de la España de Franco vale tanto como Los chicos del Preu, de Pedro Lazaga, con signo ideológico opuesto. La tragedia de la Iglesia católica española, desconcertada por el Concilio Vaticano II y dividida en banderías inconciliables -y perdón por el retruécano- ni siquiera se asoma a la saga de los Alcántara. No ya en 1975: diez años antes se iniciaba una apostasía en masa que vació los seminarios y nutrió a la extrema izquierda (y en el País Vasco, a ETA).
El anticristianismo programático y militante de nuestra progresía no tiene las mismas causas que la indiferencia religiosa generalizada en países de antigua secularización. Delata, por el contrario, el cercano origen eclesial de la izquierda -excluyo al hoy insignificante partido comunista- y el correlativo fracaso de una educación católica administrada en dosis homeopáticas. Quizá sea este último aspecto lo único que queda medianamente claro en Cuéntame: el sopicaldo mental de unas generaciones que se aburrían en misa y que creen, como Carlitos Alcántara, haber estudiado el catecismo del padre Ripalda. No es de extrañar que piensen que el socialismo consiste en encabronar a los católicos. Ay, si don Pablo Iglesias levantara la cabeza…
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Yeats, Swift, la patria que duele… Inevitable el siguiente poema de Yeats dedicado a Swift, inspirado en un texto latino (la traducción catalana de Villángomez es hermosa):
EPITAFI DE SWIFT
Swift ha salpat cap endins del repòs;
la salvatge indignació
allí no pot nafrar el seu pit.
Imita’l si és que goses,
viatger que el món ha embrutit;
serví la humana llibertat.
¿No es precioso y preciso?
Lola
SWIFT has sailed into his rest;
Savage indignation there
Cannot lacerate his breast.
Imitate him if you dare,
World-besotted traveller; he
Served human liberty.
Lola, Joaquín,
Que maravillas.. savage/indignation.. salvatge indignació..
No hay un ¿salvatge cor? por ahí??..
Q.-
Hic depositum est Corpus
JONATHAN SWIFT S.T.D.
Hujus Ecclesiae Cathedralis Decani
Ubi saeva indignatio
Ulterius
Cor lacerare nequit.
Abi Viator
Et imitare, si poteris,
Strenuum por virili
Libertatis Vindicatorem.
Obiit 19 Die Mensis Octobris
A.D. 1745 Anno Aetatis 78.
(En la Catedral de San Patricio, de Dublín).
Swift sleeps under the greatest epitaph in history (W.B. Yeats)
La saeva indignatio debe ponerse en relación con la “justa indignación” que ya está en la Ética de Aristóteles y que parece haber sido olvidada hoy en día.
Swift & Stella:
http://www.stpatrickscathedral.ie/25.htm
Joaquín, Eduardo,
Lamento no poder seguiros… apenas me queda el “Eodem anno bellum Punicum secundum Romanis inlatus est per…” de ¿cual guerra gálica?… ¡como no lamento haber perseverado en el griego y el latín de los antiguos bachilleratos!!
Q.-
Me explico por si fuera de interés. Siempre he asociado, por oposición, la “fiera o salvaje” indignación y la justa indignación de que hablaba Aristóteles. Fue lo primero que pensé al leer el epitafio de Swift.
Envidioso es el que se aflige por los éxitos ajenos más de lo que debe –pues incluso los dignos de prosperar causan aflicción a los envidiosos cuando prosperan–; el opuesto carece más bien de nombre: es el que se excede en no afligirse ni ante los indignos que prosperan, sino que es condescendiente, como los glotones respecto a la comida, mientras que el otro es intransigente a causa de su envidia. (Ética Eudemia, II,3)
Aristóteles sitúa entre ambos vicios la justa indignación, algo que el texto de Juaristi, por ejemplo, ilustra a la perfección. Y por juntarlo todo extraigo de la carte de Lemuel Gulliver a su pariente Sympson:
“…pude en el plazo de dos años (aunque confieso que con la máxima dificultad) deshacerme de aquella diabólica costumbre de mentir, fingir, engañar y confundir, tan profundamente arraigada en las mismísimas almas de todos mis congéneres, especialmente los europeos”.
Eduardo,
Chapeau.
A estas horas, y a casi toda hora, me siento abrumado y presto a aprender…
Q.-