Tras las revelaciones sobre Juana de Arco, dudas sobre la momia de Mitterrand y la beatificación de Ségolène
abril 5, 2007 | 8 Comentarios
¿Dónde estás las nieves y cenizas de antaño..? La historia de la momia ¿egipcia? “adorada” como Juana de Arco solo sería algo de irrisorio y patético, si la orquestación de supersticiones no fuese tan actual… ¿Cuándo terminarán por descubrir los franceses la podredumbre oculta tras la momia de François Mitterrand? ¿Quién se atreverá a contar lo que hay tras el infierno endemoniado de Sarkozy y la beatificación en curso de Ségolène..?
Tristes historias, que tienen este absurdo, grotesco y patético antecedente de la adoración de los restos de una momia…
ÉPICA FIGURA
Los franceses quizá han estado “adorando” durante un largo siglo los restos de una momia, posiblemente egipcia, creyendo que se trataba de la reliquia, los últimos restos de Juana de Arco (1412-1431), la Doncella de Orleáns, beatificada y santificada por la Iglesia, entre 1909 y 1920, épica heroína nacional durante la Guerra de los Cien años, quemada en la plaza del Mercado Viejo de Rouen por las tropas de ocupación inglesas.
Juana de Arco es una de las figuras más legendarias de la historia de los orígenes, fundación y construcción de Francia. A los trece años, una niña muy piadosa creyó escuchar la voz de varios santos, santas y de Dios, invitándola a empuñar una espada y encabezar la lucha contra los ingleses… Se trata de una página capital de la historia de la Guerra de los Cien años.
Durante más de tres siglos, la historia y la leyenda querían que las cenizas de la Doncella de Orleáns fueran echadas al Sena por la turba militar que había quemado a la heroína nacional. En 1867, el azar quiso que se descubriera en unos tarros de vidrio, en el granero de un farmacéutico parisino, nacido en Rouen, unos restos (una costilla, materias orgánicas, tejidos, trozos de un lienzo) etiquetados con escritura antigua.
Pronto creció el convencimiento: se habían descubierto los restos de Juana de Arco. La Iglesia nunca reconoció de ninguna manera la autenticidad presumida de la reliquia. Pero el comportamiento religioso de Juana si le valió ser beatificada y santificada. El mito seguía su curso. Las reliquias presumidas de la nueva santa, propiedad del arzobispado de Tours, fueron depositadas en Chinon, donde han sido visitadas, admiradas, si no veneradas, con fervor, por sucesivas generaciones de patriotas francesas.
LAS MOMIAS HUELEN A VAINILLA
Sin embargo, la Iglesia nunca tuvo claro el origen último de las reliquias. A primeros del 2006, el arzobispado de Tours encomendó al profesor Philippe Charlier la delicada tarea de realizar un nuevo estudio, quizá definitivo.
Los resultados oficiosos de ese trabajo, en el que han colaborado una veintena de especialistas, han sido revelados por la revista Nature, y son sencillamente espectaculares: los franceses quizá han estado “adorando” los restos reconstituidos de una momia, quizá egipcia.
En el terreno estrictamente científico, uno de los datos quizá más significativos sea el recurso a dos perfumistas eminentes, Sylvaine Delacourte (de Guerlain) y Jean-Michel Duriez (de Jean Patou), que aportaron datos finalmente decisivos. El profesor Philippe Charlier había comenzado por detectar los “olores” muy particulares de las reliquias. Los dos perfumistas eminentes, especializados en el más fino análisis olfativo, llegaron a sus propias conclusiones con mucha rapidez: los presumidos restos de Juana de Arco huelen, todavía, a vainilla y emplastos de yeso…
Charlier sacó una consecuencia inmediata: “La vainilla no es un olor propio de cenizas humanas. Las momias si huelen a vainilla”. Tras esa primera pista olfativa se acumularon pronto muchas otras evidencias: el lienzo, los tejidos y materiales descubiertos tampoco habían sido quemados; algunos de esos materiales contenían productos químicos utilizados para el embalsamamiento de cadáveres; los restos de polen de pino tampoco podían provenir de la Normandía del siglo XV.
A juicio del profesor Charlier, las reliquias conservadas como restos de Juana de Arco pudieran ser, en verdad, restos de una o varias momias egipcias, “traficados” en circunstancias todavía desconocidas.
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En sus “Lecciones de filosofía de la historia” cuenta Hegel la llegada de los cruzados a Jerusalén y su descubrimiento del sepulcro vacío de Dios. Añade que de aquella decepción nació el europeo moderno, porque permitió la emergencia de un nuevo yo. ¡Qué ingenuo! Seguimos construyendo sepulcros para guardar en ellos diosecillos de andar por casa que nos permitan seguir teniendo yos dóciles.
Gregorio,
¡Cómo me iluminan tus sabidurías..! Hegel tenía (entre otras cosas) el sentido de las fórmulas… Entre someterse al “espíritu” de la historia (Napoleón a caballo) y adorar la momia mitterrandiana quizá haya una caída siempre más honda en la indigencia moral y espiritual…
Q.-
Sólo consignar una curiosa casualidad después de leeros: esta tarde leía en Debray (”Alabados sean nuestros señores”) como, después de su lamento por la “traición” de su señor Mitterrand, viene a equipararse a Hegel: “Al igual que el otro después de la batalla de Iéna vio pasar bajo sus ventanas el espíritu del mundo a caballo, yo podré decir a mis nietos, con una media sonrisa, que vi algunas veces al espíritu de un mundo sin espíritu pasar en un R25 blindado bajo las ventanas de mi despacho…”. ¡Toma ya!
Saludos santos y lluviosos.
Teresa,
¡A punto he estado de escribir santa..! Sin que sea santo de mi devoción, Debray si me convence en esa cita… ¡como lo recuerdo adorando al Santísimo y fulminando sin piedad a los agnósticos de aquella confesión..!..
El día que Mitterrand entró en el Elíseo, a dos pasos de allí estábamos Felipe González (él mismo que más tarde ganaría las elecciones), Evelyn Mezquida, Feliciano Fidalgo y yo… cuando comenzó el remolino de coches blindados con personalidades, un socialista cuyo nombre he olvidado le dijo a Felipe, señalando a los motoristas y los coches blindados: “¡Eso es el poder..!”.. Felipe nos miró, sentenciando: “Estamos viviendo un momento histórico”. El espíritu de la historia tardaría pocos años en precipitarse en la tumba de ideas muertas y los etarras ejecutados y enterrados en cal viva…
Q.-
Tenía mi oficina en la Plaza de Oriente de Madrid, encima del Café de mismo nombre, y allí acudió un día el presidente Reagan, de visita en Espapa. Iba a Palacio. Me asomé al balcón y el coche pasó por debajo mismo, de manera que a través de la ventanilla blindada del impresionante vehículo negro (supongo que blidadísimo) alcancé a ver la rodilla de Reagan, juro que es cierto, sin emocionarme en absoluto. Fué un momento histórico, también.
Luis,
.. recuerdo la voz de Borges, recitando uno de sus poemas, arrastrando las palabras, con sorda ironía: “.. y Bolivar, diciendo palabras sin duda históricas..”
Q.-
Un día que me encontré en el metro con la Historia, que iba de incógnito, pero la reconocí porque a pesar suyo, cada vez que se movía se le caía un hecho histórico al suelo. La vi tan perpleja que hasta me dio un poco de pena. Yo creía que tenía una salud hegeliana y resulta que padece del corazón, que no tiene manera de llevar sus sístoles y diástoles con ritmo, además de esporádicos e imprevisibles ataques de espasmos. Le di un poco de conversación, no mucha, que no era nada fácil de entenderse con ella, pero recuerdo perfectamente estas palabras que me dijo al despedirnos: “A mi, lo que me gustaría, es pasar desapercibida”. No me la creí del todo. Un desconocido que la oyó, comentó en voz alta: “¡Esas sí que han sido unas palabras históricas!”.
Gregorio,
Advierto, repentinamente, que el mismo Napoleón, y no digamos Churchill, también ellos vieron a su propio Ángel de la historia. Ambos lo veían desde muy otro ángulo: “El espíritu de la historia será muy indulgente conmigo. Pienso escribirla, a mi manera…”,
Q.-