España, víctima y madrastra de los españoles
Tras una comida muy agradable, H* me reprocha amistosamente el “tono amargo” de mi reflexión sobre la profanación de los muertos, al filo de la actualidad cainita. “¡La cosa viene de muy lejos..!”, le digo sin disculparme ni intentar convencerlo, caminando entre los castaños del bulevar St. Germain.

