Sin himno, y desgraciados
junio 13, 2007 | 5 Comentarios
¡Qué cosas tan terribles escriben Jon Juaristi y Eduardo Uriarte Romero sobre esas historias de un imposible himno nacional…!
Historias que nunca me han impedido dormir, dicho sea con franqueza; pero que sí me hacen pensar amargamente: “Quizá, en efecto, la solución sea encargar unos gorgoritos deportivos a una empresa de publicidad, sin tanta Libertad, ni tanta tradición literaria ni tanto niño muerto” (JJ). “Así, cómo vamos a hacer un himno si somos unos esquizofrénicos, además de desagradecidos” (EUR). “Además de desgraciados”, a punto estuve de escribir.
“Desgraciado”: condenado a vivir en desgracia, ayuno de gracia y privado de la gracia, atributo indispensable para la salvación.
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El País, 13 junio 2007
A cuenta del himno
EDUARDO URIARTE ROMERO
Yo siempre había creído tener la solución a la falta de letra del himno nacional. En mi aportación sincrética a la convivencia política y al encuentro histórico, había pensado en que habría que arreglar la letra del himno de Riego para aplicarla a la Marcha Real, puesto que aquel, aunque lo usara la República no se mete con la Monarquía. Craso error, hijo de la memoria histórica: tenía un recuerdo mucho más bello del de Riego de lo que realmente es. Al volverlo a leer he visto que no habla más que de los hijos del Cid, lo que es hoy políticamente incorrecto ante el mundo árabe, y me resulta tan carca a la postre como el que hizo Pemán en los años cuarenta y que alguna vez canté, muy pocas, de pequeñín, brazo en alto en el colegio. Lo que hace idealizar las cosas, sobre todo si se aplica determinado método: cuando vas de verdad a investigar, y dejas de lado la memoria, te puedes encontrar con una sorpresa.
No crean que no me he puesto seriamente a pensar la letra, pero todo, tal como está de lanzada la política en España en estos tiempos que corren, me sale muy conservador. En la letra de un himno, máxime si es llamado nacional, hay que insuflar patriotismo, heroísmo, ciudadanía, lo que provocaría mucha respuesta y sería calificado de reaccionario y fascista. Es necesario citar alguna gesta no muy cercana, a ser posible contra los romanos, porque ahí igual estaríamos de acuerdo todas la nacionalidades y regiones. No sé si dan cuenta que esto empieza a parecerse a La vida de Brian. ¡Malditos romanos que nos trajeron las primeras herramientas de civilidad! Quizás por eso, porque eran unos civilizados comparados no con los celtíberos de entonces sino con los motorizados multiculturalistas de ahora, estemos todos de acuerdo en unirnos contra los malditos romanos y podamos citar, por ejemplo, a Numancia. Quede, pues, Numancia como posible referencia retórica para nuestra letra.
Sigamos, porque a este paso no vamos a hacer ninguna letra. Los himnos, que no nos la endiñen a nosotros, eran obras de siglo XIX o como mucho del XX, no de ahora. Ahora nos resulta muy difícil resolverlo, menos al PNV, que pone el himno de su partido y a callar. Por mucho que a la hora de decidir el himno vasco Ricardo García Damborenea manifestara que le daba igual que pusiesen Desde Santurce a Bilbao -¡oh, qué irresponsable!-, el himno acaba diciendo mucho, y así, poniendo el particular del PNV, hicimos a este partido dueño del país y no se le echa de las instituciones aunque pierdan las elecciones.
Ha pasado sólo un párrafo y ya dispongo de críticas sobre la referencia a Numancia porque resulta muy española. Que teniendo en cuenta que en el monte Ernio, cerca de Tolosa, pasó algo parecido a lo de Numancia, por qué no euskaldunizamos el himno. Lo cual me mosquea, porque si empezamos así otros van a querer que aparezca Cartagena -no el cantón que se levantó contra la I República, sino la ciudad que se alzó contra Escipión- y otras muchas gestas más contra los malditos romanos. Sigo insistiendo en que esto de hacer himnos era del siglo XIX. Por lo demás, que no vengan a euskaldunizar nada, que ya tuvimos dos himnos que nos dieron la tabarra durante cuarenta años, el Oriamendi y el Cara al Sol, ambos de paternidades vascas.
Pero es que desde el siglo XIX no se hicieron las cosas comme il faut y no resolvimos el paso del absolutismo al liberalismo -en 1936 salieron vencedores los tradicionalistas, y en los ochenta las comunidades autónomas, que vienen a ser lo mismo- y no se hizo un himno como Dios manda, como es La Marsellesa. Cuando lo cantan los futbolistas galos parece que ya han ganado el partido, por lo potente que es comparado, por ejemplo, con el melifluo Dios salve a la Reina, que da ganas de echar un mantel a cuadros sobre el césped y ponerse a tomar un té. Aquella, la que refleja La Marsellesa, sí que fue una gesta de la humanidad. Aquí nosotros nos cargamos a nuestros héroes de la libertad, a Riego, al Empecinado; y para uno que no nos lo cargamos, Espartero, le quitamos la calle, como hicimos en Bilbao. A Espartero, libertador de Bilbao, héroe nacional, que hasta en algunas localidades le ascendieron a los altares, aquí le quitamos la calle y se la dejamos a quien nos bombardeó, Zumalacarregui. Así, cómo vamos a hacer un himno si somos unos esquizofrénicos, además de desagradecidos.
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ABC, 13 junio 2007
Sobre himnos y letras
JON JUARISTI
JAVIER Rioyo ha contado en El País algunas circunstancias de la tentativa, auspiciada por el presidente Aznar, de componer una letra para el himno nacional español. Creo que debo aportar mi versión de los hechos, que no coincide exactamente con la suya ni con otras, también de tercera mano, que corren por ahí. No se trataba de imponer un texto incuestionable, como se ha llegado a afirmar, sino de elaborar una propuesta que pudiera ser objeto de debate parlamentario. Fuimos convocados para ello, por Luis Alberto de Cuenca (a la sazón Secretario de Estado de Cultura), José Jiménez Lozano, Joan Margarit, Abelardo Linares, Ramiro Fonte y quien esto escribe. Una selección, a mi juicio, bastante defendible. Había en ella, por una parte, suficiente pluralidad ideológica y, por otra, una aceptable representación de la diversidad territorial y cultural de España: dos castellanos, un catalán, un andaluz, un gallego y un vasco. Sin duda, habría podido ser más amplia y dar cabida a más opciones, pero eso habría dificultado la tarea, que, a pesar de una considerable afinidad en nuestras poéticas personales, se reveló enseguida como harto complicada.
En la primera reunión, se descolgaron del equipo —por motivos distintos— Jiménez Lozano y Margarit. No voy a desvelar aquí las razones que uno y otro adujeron, muy dignas de respeto. Los restantes, tras una breve discusión, decidimos seguir adelante con el proyecto y nos pusimos de acuerdo sobre algunos criterios generales. El texto debía ser breve, fácil de memorizar y traducir, con un léxico sencillo, sin acentos bélicos y con tres ideas básicas: la proyección universal de España, su destino europeo y la exaltación de la Libertad. Meses después nos volvimos a reunir los cuatro sobrevivientes (Luis Alberto, Abelardo, Ramiro y yo) y, de entre todos los textos producidos, escogimos el siguiente:
HIMNO NACIONAL
Canta, España,
Y al viento de los pueblos lanza tu cantar:
Hora es de recordar
Que alas de lino
Te abrieron camino
De un confín al otro del inmenso mar.
Patria mía
Que guardas la alegría de la antigua edad:
Florezca en tu heredad,
Al sol de Europa
Alzada la copa,
El árbol sagrado de la Libertad.
Nos pareció que, además de cumplir los requisitos mencionados, abundaba, dentro de su brevedad, en referencias a la tradición poética hispánica de todos los tiempos. El «viento de los pueblos» recogía el eco del «viento del pueblo», de Miguel Hernández. Se hablaba de «cantar» y no de «canción», lo que resultaba muy ajustado a un uso español que ya reconocía como tal Ezra Pound al encomiar la traducción de sus Cantos por Cantares en la versión del tapatío José Vázquez Amaral, y que llega desde la antigua épica castellana hasta don Antonio Machado. Las «alas de lino» son una metáfora homérica por las velas de las naves aqueas, de la que se apropió Ramón de Basterra, dándole un sentido bastante similar al que tiene en nuestro texto. Lo de abrir camino remite también a Machado, y en el último verso de la primera estrofa se refunden dos inolvidables —«en todo el mar conocido / del uno al otro confín»— de la Canción del pirata, de Espronceda.
La segunda estrofa es un brindis inspirado en Rubén que juega con la polisemia de la palabra «copa» y, por supuesto, con todas las connotaciones positivas de términos como «sol» y «alegría». Quizá el árbol de la Libertad no sea una imagen simbólica de gran arraigo en España. Lo es en la cultura liberal europea y, para ser del todo sincero, fue una concesión de última hora que mis amigos poetas hicieron a mi empecinamiento en meter el Árbol de Guernica por alguna parte, como homenaje al bardo Iparraguirre, que estrenó su himno al roble de las libertades vascas en el café madrileño de la Red de San Luis. Como tal establecimiento ya no existe (y aunque ninguno de los cuatro cobró un solo euro por su labor), nos premiamos con un almuerzo en Lhardy, el más castizamente liberal y decimonónico que encontramos en el Madrid de Gallardón, y nos sentimos por algunos momentos como Hegel, Schelling, Schiller y Hölderlin después de plantar el arbolito en Tubinga, y no, en modo alguno, como Sánchez Mazas, Foxá, Ridruejo y Primo de Rivera tras componer el Cara al sol, aunque ninguno de estos cuatro fue un literato desdeñable.
En fin, a los postres firmamos el texto y lo enviamos a José María Aznar, con la melancólica certeza de la inutilidad de nuestro esfuerzo. No estaba el patio para consensos poéticos. En cualquier caso, no lo pasamos mal revisando las letras anteriores (la de Pemán, la mucho más flojita de Marquina, las numerosas contrahechuras a lo divino de monseñor Zacarías Vizcarra) y las de los himnos nacionales de las repúblicas hermanas de Hispanoamérica (confieso mi preferencia por el bolerazo positivista colombiano de Rafael Núñez —«¡Oh, gloria inmarcesible! ¡Oh, júbilo inmortal! En campos de dolores el Bien germina ya»— y por el mexicano —«Ciña, oh, Patria, tus sienes de oliva de la paz el arcángel divino, que en el cielo tu eterno destino por el dedo de Dios se escribió»—, que siempre he entonado con emoción). Quizá, en efecto, la solución sea encargar unos gorgoritos deportivos a una empresa de publicidad, sin tanta Libertad, ni tanta tradición literaria ni tanto niño muerto. Y que lo cante su padre. Yo, a falta de otro mejor, seguiré con el de México lindo y querido: «¡Mexicanos, al grito de guerra / el acero empuñad y el bridón, / y resuene en su centro la tierra / al sonoro rugir del cañón!».
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¿Crees, Juan Pedro, que el españolito medio está preocupado, mucho o poco, por la cuestión?
¡…Otra cerveza…!
Casi me caigo de la silla de la risa: una comisión de poetas! Se puede consensuar una poesía con enmiendas transaccionales y resoluciones plenarias? Si el himno español no tiene letra, no pasa nada, es una Marcha Real. Además, si sólo lo quieren para ser cantado en el mundial de fútbol, apaga y vámonos. Aunque quizás sería preferible una letra lúdicodeportiva que esos radiofonistas que celebran los goles de la selección al ritmo de la Marcha Real.
El himno inglés tiene dos letras por si el soberano es macho o hembra y aun no he oído a nadie proponiendo una letra metrosexual por si el próximo monarca es una especie de Beckham. Aunque todo se andará. Yo no pierdo la esperanza de ver más barbaridades, porque soy muy joven.
Joaquín,
El “españolito medio” (si es que existe, ¿cual de ellos?) le importa un pimiento que don Antonio Manchado esté enterrado en Collioure. Por el contrario, para mi, ese detalle ilustra bien una realidad desalmada,
Q.-
PS. Para los franceses sería impensable que Valery continuase enterrado en Marbella.
Q., totalmete de acuerdo contigo, en lo de Machado y en lo poco que me quitan el sueño los himnos y las banderas.
En cuanto al himno. ¿No sería genial que se lo encargaran, como el de la Comunidad Madrileña, a García Calvo? ¿Quién cometió el error político que se tornó en acierto/victoria del pueblo? (creo que fue Leguina) Un antihimno, ácrata e irónico… Claro que, ¿quien asumiría hoy la responsabilidad de encargárselo al zamorano? Y él ¿aceptaría?
Si no conoceís el texto os invito a leerlo aquí.
Un abrazo patriotico (o no).
Este país (España) ha pasado años y años con una Marcha Real que generalmente se reconoce y se respeta. Justamente nunca ha necesitado una letra de ensalzamiento patriótico para alcanzar ese respeto. Se trata de una marcha y no un himno, que por su falta de letra y por lo tanto de mensaje concreto, es aceptada por una sociedad en la que la diversidad de opiniones sobre todo auguraría a la susodicha letra un futuro incierto, por discutida, aceptada o rechazada.
Ahora resulta que los deportistas, (el futbol parece que en primera fila) quieren una letra para motivarse llenándose de sentimientos patrios que redondeen el vacio que pueda quedar en su motivación para jugar el partido, ya plena, así debería ser, por tres cosas: su afición a jugar al futbol, defender la camiseta nacional, el estipendio material.
Dejen en paz los símbolos patrios (esta frase es retórica, claro) y acordémonos del intento de izar una enorme bandera en la Plaza de Colón de Madrid. Somos como somos y lo que somos, producto de una decantación que puede ser moldeable pero no asimilable. Hemos llegado a ser un Estado-.Nación-País desde una mentalidad tribal, que ya es bastante camino realizado.
Al cielo pongo por testigo (esto también es retórico) que el único himno que me ha hecho sonreir es aquella letrilla que se cantaba en mi Barcelona, que decía “Viva España / y Franco con la caña…/ no recuerdo el final.
Avancemos unidos sin palabras (tercera incursión de la retórica decimonónica) por la dionisíaca senda de la música, y no lo estropeemos.