La batalla de Almansa
A mi modo de ver, si se enseñase en las escuelas e institutos el alcance histórico y político de la batalla de Almansa, quizá fuese más fácil comprender el “problema catalán”.
Quiero pensar que cualquier catalán medianamente culto conoce con precisión qué se ganó y qué se perdió en aquella batalla. Mis padres están enterrados en el cementerio de Almansa, pero no estoy muy seguro que, en verdad, ningún almanseño pueda explicar con precisión el sentido último, político, cultural, histórico, simbólico, del nombre de algunas calles, plazas y rincones de su pueblo, indisociables de aquella batalla, que, en verdad, apenas duró tres horas.
Hoy he leído el mejor resumen que conozco sobre tales cuestiones, un artículo del profesor Ricardo García Cárcel, que lo explica todo con la brevedad propia de los grandes maestros: “… Almansa se convirtió en símbolo de la polarización de las dos Españas, vertical y horizontal. La primera, la borbónica, reivindicadora de una construcción centralista del Estado a partir del núcleo castellano; la otra, la austracista, que se aferraba al constitucionalismo fuerista de los reinos de la Corona de Aragón…”. [ABC, 28 junio 2007. Ricardo García Cárcel, Almansa y la historia].
El triunfo militar de un ejército extranjero contra otro ejército extranjero, en Almansa, defendiendo dos visiones enfrentadas de la inconclusa construcción política de España, no zanjó un problema tan actual como hace trescientos años. Hélas.
● Independentistas catalanes en La Mancha.
● Documento histórico.

No sé si la historia es verdaderamente “magistra vitae”, lo que sí compruebo cada día es que esa criada suya, la historiografía (salvemos las honradas excepciones académicas que dedican su tiempo a la teoría de la verdad histórica), tiene muy poca dignidad y menos orgullo. Se va con cualquier ideologuillo que le quiera escribir unas coplillas. No conoce la fidelidad. Es la gran truchimana. Y, sin embargo, nuestros alumnos se examinan de ella para, supuestamente, conocer el pasado.
Con razón decía Aristóteles que la poesía es más filosófica que la histori(ografí)a. Pero me parece que de meditaciones poéticas tampoco vamos muy sobrados.
De antes de Almansa casi nadie sabe nada; después de Almansa casi nadie tiene nada claro. En general todo el mundo tiene la idea exacta de lo que debiera ser o de lo que debiera haber sido.
Ganase quien ganase, iba a continuar un sistema de gobierno para el cual los españoles eran súbditos y no ciudadanos, que es lo realmente importante. Por tanto, defender, a día de hoy, uno u otro bando requiere un poco de ceguera, al reinterpretar el pasado con los ojos de hoy. No lo digo por vosotros, sino por los pancatalanistas, tan obsesionados ellos en buscar justificaciones en el pasado, para imponer su visión sectaria del mundo, con el nacionalismo excluyente como filtro de todas las cosas.
Casi no doy con la cita de Napoleón: «La vérité historique est souvent une fable convenue.»
Gregorio, Luis, Maty,
Napoleón sabía de lo que hablaba, claro.
RAron decía de Giscard: “Su problema es que no ha comprendido que la historia es una tragedia; y siempre acaba mal”.
Shakespeare, siempre es mucho más útil para conocer la historia y la naturaleza humana que casi todos los historiadores. Salvo Tucídides y Tito Livio. Ellos también poesía de la más alta: véase la peste asolando Atenas.
Sobre la relación poesía / historia… evidente: es mucho más sencillo escribir “poemas” que contar cosas más o menos verídicas. Véase Michelet sobre la Revolución francesa. Pero incluso cuando se hace “poesía” se pueden escapar algunas verdades: los vecinos de la rue Royal protestando por el tufo a sangre corriendo por la calle, tras las rituales sesiones de la guillotina.
En el caso de Spain, Almansa, etc., basta recordar a Goya para advertir que lo más atractivo para nosotros es encerrar a dos paisanos, armarlos de estacas e invitarlos a que se despedacen a garrotazos,
Q.-