Lectura política de Guillermo Brown
septiembre 16, 2007 | 7 Comentarios

Una lectura política de Guillermo Brown, el memorable personaje de Richmal Crompton.
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De hecho, lectura política que sale al paso de otras lecturas, en un amistoso diálogo que va mucho más allá de las primeras apariencias, a mi modo de ver. Dice Jon Juaristi:
[ .. ] Hablemos un poco más de Guillermo Brown -Just William!-, la gigantesca creación de nuestra inolvidable tía Richmal Crompton. «Siempre que encuentro a alguien más o menos de mi edad, de gustos teóricos o éticos semejantes a los míos, alguien, en suma, que entiende la vida como yo (es decir, que no la entiende en absoluto), no tengo que bucear mucho tiempo en lo más íntimo y congenial de sus recuerdos para que aparezca, nimbado de gloria, Guillermo Brown», escribió hace treinta años un Savater que bordeaba los treinta años. Tú me has repetido a menudo aquel Extra Guillermo nulla salus de Fernando, «la divisa de quienes juramos por el único anarquista triunfante que los tiempos han consentido», pero sabes que siempre he negado esta interpretación engañosamente subversiva que, con el pretexto de la insurgencia frente al tiempo, acata de modo servil la tiranía del espíritu de un tiempo, el del final del franquismo, que no sólo consentía hacer de Guillermo Brown un anarquista triunfante, sino que obligaba a ello. ¿Cómo habríamos podido reconocer entonces en sus aventuras la Bildung del perfecto conservador? Y, sin embargo, así era. Tras cada episodio de transgresión y desorden, Guillermo aprendía a estimar el valor de la costumbre impugnada. Los dos sucesivos modelos en que se inspiró la tía Richmal, su hermano John y su sobrino Tom Disher, consumaron sendos destinos que habrían enaltecido a su trasunto literario. John Crompton sirvió en la RAF hasta 1943, cuando se retiró por invalidez. Escribió libros sobre caza (del zorro) e historia natural, y fue amigo de John Betjeman y Harold Nicolson. En cuanto a Disher, hizo una brillante carrera en el Ejército británico. A su manera, y a través de sus correlatos históricos, Guillermo Brown abandonó el viejo cobertizo y se batió en los cielos de Inglaterra por la continuidad de la civilización. Esa fue su contribución decisiva a la rebelión humana contra el tiempo y la más lograda tarea de nuestro héroe.
ABC, 16 septiembre 2007. Guillermo, por Jon Juaristi.
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Tengo sus libros, intocables, formando parte de mi identidad. Naturalmente que era un anarquista total, y un reblede visceral: ¿que mejor para acabar siendo un buen conservador? Es mi amigo, con sus compañeros Douglas, Alberto y Pelirrojo, su insoportable hermano Roberto y la tonta Ethel. Y Jumble, del que saldría al cabo de los años mi Goyerri.
Amigo Juan Pedro, ya puestos, como soy de la generación de los Chiripitifláuticos… podríamos intentar una “lectura política” de Mortadelo y Filemón, Pepe Gotera y Otilio, 13, Rue del Percebe… O el Rompetechos, Camparta, Gordito Relleno, Anacleto, Zipi y Zape, El abuelo Cebolleta, Doña Urraca, los inventos del TBO, el pato Donald, el ratón Miguelito…
Estimado Juan Pedro:
¡Guillermo Brown! Me quedé con la colección abandonada por mi hermana -no recuerdo qué tía se los regalaba- y la conservé durante años en la estantería de un piso de vacaciones. Los devoré en la infancia, envidiando la libertad con la que Brown hacía de su capa un sayo. Nunca recordé las moralinas finales a las que hace referencia Juaristi. Quedan en mi memoria las transgresiones constantes y el no aprender, capítulo tras capítulo, libro tras libro. Seguro que John Crompton colaboró con eficacia en “la continuidad de la civilización”, pero para un niño cuya excursión más emocionante era adentrarse en la estación de tren abandonada frente a su casa, las aventuras de Guillermo, permitían albergar una difusa esperanza de rebeldía.
Pasa buena semana
Joaquín, Miguel,
Joaquín… eso está “chupao”… los inventos del TBO son una pieza capital de la historia del dadaísmo carpetovetónio… Carpanta y el Reporter Tribulete son testigos muy mayores… Mortadelo y Filemón están tan “alienados” como los personajes de El Jarama o Tiempo de silencio… ¿te parece poca política..?
Miguel… creo que todos tenemos el mismo recuerdo… en mi caso, siempre fui mucho más partidario de Tom Sawyer y Huck Finn… dicho esto, Juaristi, en filigrana, sospecho que está dialogando si no algo peor con FSavater (al filo de la política inmediata, menos lírica), que tiene su propia versión de Guillermo, contra la que Juaristi esboza una “crítica” muy amistosa pero de mucho calado, ya que tira en la línea de flotación más sensible… Entre el Guillermo más o menos sofista (primer Savater) y el Guillermo conservador de Juaristi hay otros Guillermos, aunque ellos centran muy bien el debate de fondo. Admirando tanto a Guillermo, siempre termino quedándome con Huck Finn…
Q.-
Mi heroe…
Saludos heroina Emmaskarada
Ya somos dos o tres Emmaskarada