Historia de una joya del arte erótico universal

Femme nue couchée (1862, o/l, 75 x 95)

La gran retrospectiva consagrada a Gustave Courbet (1819 – 1877) en el Grand Palais, a partir del 13 de octubre, permitirá descubrir una obra altamente erótica, invisible desde 1940, indisociable del desnudo, sin rostro, quizá más “audaz” de la historia de la pintura. Ambas obras también permiten reconstruir secretísimas páginas de la historia del arte y el coleccionismo de arte erótico europeo.

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No es un secreto que la obra erótica quizá más “audaz” de la historia de la pintura bien pudiera ser L’Origine du monde (1866), de Courbet: un sexo femenino, entre abierto, en primer plano, y los lechosos muslos de una rozagante ¿señora? o ¿señorita? iluminando un cuadro de 46 x 55 cm, hoy propiedad del Museo d’Orsay, tras una laberíntica historia de sucesivos ilustres propietarios.

Courbet pintó muchos otros desnudos femeninos, bastantes de los cuales también estarán expuestos en la retrospectiva del Grand Palais. Pero el más legendario, invisible y quizá más bello, si hay que creer a los especialistas, bien pudiera ser la gran revelación de esta exposición: Femme nue couchée (1862, o/l, 75 x 95), indisociable de L’Origine en la historia del coleccionismo de arte.

L’Origine fue un encargo de Khalil-Bey, el último embajador del Imperio otomano, en París, que comenzó instalando la obra en su cuarto de baño. Tras muchos azares, ventas y compra venta, L’Origine terminó en otra colección legendaria, la de la dinastía Hatvany, en Budapest. Allí se cruzaron L’Origine y la Femme nue couchée.

EPOPEYA FAMILIAR

Los Hatvany fueron una famosa dinastía de banqueros judíos, asociados desde el siglo XV a la monarquía húngara. Inmensamente ricos, los Hatvany terminaron siendo la más afortunada familia de Budapest. Pero uno de sus herederos, Ferenc Hatvany (Budapest, 1881 – Lausana, 1958), se sintió atraído por la pintura, el coleccionismo, los viajes de arte, cultura y placer. Incluso viajó por España, aunque terminó instalándose en París.

Ferenc Hatvany también fue pintor, y sus obras tienen una cierta cota internacional. Pero ha pasado a la más secreta historia del arte como coleccionista emérito de la pintura clásica universal y la francesa del XIX. Instalado en París, Hatvany acumuló una inmensa colección de más de 700 u 800 obras de grandes maestros, Giorgione, Rubens, Delacroix, Corot, Courbet, Monet, Pizarro, etc. Esa colección tuvo su momento de gloria a finales de los años 30, en el palacio familiar, en la montaña de Buda, junto al palacio imperial de Budapest.

Observador privilegiado de la vida política europea, Ferenc Hatvany fue testigo inquieto de la ascensión imperial del nazismo. La promulgación de leyes anti semitas, en la Hungría de su tiempo, confirmó sus más profundas inquietudes. ¿Qué hacer..?

Los Hatvany transfirieron parte de sus haberes financieros a distintos bancos suizos. Y Ferenc instaló su legendaria colección de arte en dos bancos húngaros, el Banco comercial húngaro y el Crédito general de Hungría. Consumada la ocupación nazi, la Gestapo se instaló en el palacio de los Hatvany. Y los oficiales nazis saquearon el Banco comercial húngaro. Tras la guerra, las tropas inglesas y norteamericanas pudieran recobrar buena parte de los tesoros robados por los nazis.

El Crédito general de Hungría fue saqueado por las tropas de ocupación soviéticas. Y, durante varias décadas, los tesoros robados por las tropas comunistas se perdieron en la insondable oscuridad de lo perdido, lo desconocido.

GENIO LIBERTARIO DEL ARTE ERÓTICO

Tras la guerra, Ferenc Hatvany intentó lo imposible por recobrar su fortuna y los tesoros de su colección de arte. L’Origine du monde fue recuperado en unas condiciones relativamente bien conocidas. El biógrafo de su último propietario, el famoso psiquiatra francés Jacques Lacan, ha reconstruido la “cadena” de su restitución a los Hatvany, que terminaron vendiéndolo, para terminar siendo una sulfurosa joya del patrimonio nacional francés.

La otra joya erótica de la misma colección, la Femme nue couchée, de Courbet, permaneció en paradero desconocido durante más de una década. Había sido vista, por última vez, en una exposición internacional en 1940. Finalmente, una marchante que trabajaba por cuenta de Ferenc Hatvany terminó descubriendo la buena pista: la obra robada por el Ejército rojo había sido vendida o entregada a un oscuro médico eslovaco.

Hatvany y sus asesores internacionales hicieron intervenir la Comisión for Art Recovery de Nueva York, iniciándose una largo, complejo y bizantino proceso de destitución que duró más de veinte años. Ferenc Hatvany murió en el 58, en Lausana, sin saber haber podido volver a ver su obra más querida y encantadora. Muchos años después, los herederos Hatvany instalados en Londres consiguieron que les fuese devuelta la Femme nue couchée, el 2005.

Ciento cuarenta y tres años después de su primera salida de París, sesenta y cinco años después de su última exposición, la Femme nue couchée será una de las obras maestras más llamativas y atractivas de la gran retrospectiva Courbet, que tuvo muchas otras facetas, como gran artista. En esta ocasión, sin embargo, el pintor de la naturaleza, el pintor libertario y militante de la Comuna de París, el pintor de historia, quizá estén condenados a quedar en segundo plano, eclipsados por el deslumbrante esplendor de su genio como maestro del gran arte erótico de todos los tiempos.


5 Comentarios en: “Historia de una joya del arte erótico universal”

  1. Q, ¿te refieres a la pintura de Velazquez cuando hablas de la pintura sin rostro?

  2. Como no puedo borrar mi comentario, ya que no había pensado en L’origine hasta haber leído todo tu post, ahora prefiero hacer una pirueta.

    Yo siempre he considerado, y de ahí mi confusión, que una pintura de enorme erotismo, para su tiempo y para el nuestro, fué ese hermosísimo culo que pinta Velazquez (me parece una groseria llamarlo trasero), propiedad de una dama cuyo rostro se difulmina en una trazos que permiten adivinar una máscara grosera, con seguridad muy alejada de la bella señora que allí muestra al pintor el objeto de su deseo.

  3. Luis,

    Courbet está muy bien. Y ese Courbet muy en particular, erotismo carnal incluido, claro. Pero tampoco están nada mal Velázquez, Rembrandt y Gaya, claro,

    Q.-

  4. Que gorduras, señoras y señores…

  5. […] Otras turbadoras piezas eróticas nos invitan a “repensar” algunos aspectos de la obra de Courbet. La Femme aux bas blancs (hacia 1861) de la Fundación Barnes se ha expuesto en contadas ocasiones. Y la Femme nue couchée (1862) reaparece por vez primera en una gran exposición internacional. Ese óleo suntuoso tiene una historia tan tortuosa como L’Origine y todavía se expuso en alguna ocasión, poco antes del estallido de la Segunda guerra mundial. Hasta hoy, cuando se presenta, entre bastantes de los desnudos más célebres de Courbet (¿cómo olvidar Le Sommeil, 1866?), en el marco general que nos permite comprender el puesto de esa representación del cuerpo y el sexo femenino entre el resto de la obra del pintor de paisajes realistas, temas históricos, o escenas de caza de una crudeza melancólica. […]

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