Cuixart, memorias
noviembre 1, 2007 | Escribe un comentario

M.Cuixart, Trapezista, 1953. Aguada, 30×39
Sobre el piano del salón, tenemos en casa dos fotografías: una sepia, de autor desconocido, de la casa de mis abuelos maternos, La Tercera, Mi casa Usher ; y otra en color, que tomé yo mismo, hace dos o tres años, en Palafrugell, en la casa de Cuixart, que está enseñando a Carmen su obra última.
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Cierro los ojos. Y recuerdo a V*, aquella tarde, recordando su juventud, en la Costa, nadando desnudos en el mar. Juan Manuel y Baltasar hablan de Cuixart mucho mejor de lo que yo pudiera hacerlo.
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M. Cuixart, Marbrina, 2002. TMixta. 130×193
ABC, 1 noviembre 2007
Oro viejo
Juan Manuel Bonet
Juan-Eduardo Cirlot, una vez más, fue quien mejor supo decir el universo sombrío de Modest Cuixart, al que veía como un Pierrot lunar. A propósito de los extraordinarios cuadros informalistas pintados por su amigo a finales de la década del cincuenta, el autor de Elegía sumeria habló, en textos tan inolvidables como esos cuadros, y casi indisociables ya de ellos, del oro viejo, de torres negras, de un Lyon de pasadizos siniestros, todo envuelto en la niebla del Ródano… Cirlot era cómplice suyo desde la época de Dau al Set. Entonces la pintura cuixartiana era onírica, magicista, nocturna: las redes kleeianas de Linneus escriba, un pescador de lunas, una perdiz, un equilibrista, un caballero, números, letras…
Luego dio, él también, el salto a la abstracción. La suya estaba poblada de enigmas. Triunfó en la Bienal de Sâo Paulo de 1959. Al año siguiente fue uno de los seleccionados por Frank O´Hara, para la colectiva española del MoMA de Nueva York.
Terminó volviendo a la figura, acusando, en sus muñecas, el impacto de los «assemblages». Fueron galeristas suyos Marcel Michaud en Lyon, René Métras en Barcelona, René Drouin en París, Fernández-Braso en Madrid. Lo apoyaron Brossa, Carlos Edmundo de Ory, Caballero Bonald, Perucho… Para Cuenca, Zóbel supo comprar el cuadro adecuado: Gran barroco (1959). En 1991, la retrospectiva cuixartiana del Palau Robert, de Barcelona, permitió volver sobre los momentos fuertes de su dilatada trayectoria, y apreciar que más allá de las caídas de tensión, deseaba retomar la senda perdida. Entre los lienzos que ahí se vieron, recuerdo uno de 1990, titulado Homenaje a Érik Satie (Música en forma de pera); no era su primer homenaje a un compositor que le atraía especialmente.
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La Vanguardia, 1 noviembre 2007
Cuixart, en la ternura
Baltasar Porcel
Precisamente esta tarde, en el plácido otoño de las hojas doradas y perdidas, en la festividad de Fieles Difuntos tan presente en su lejanía, será enterrado en Palafrugell el pintor Modest Cuixart. Y al evocarlo siento que lo hace por mí un verso francés de Patrice de La Tour du Pin, que se repite en mi mente con extraña insistencia, esa lengua y este país que Cuixart tanto amó. Poeta que huyó de la alteración formal y acaso conceptual precedente, para situarse en la cotidiana reconciliación con la condición humana. Éste es el verso: “Commencer l´home par sa mort, / c´est ma tendresse…”.
Sí, el Cuixart impetuoso, contradictorio, su generosidad y su egoísmo, su lucidez y sus nieblas, su corazón ansioso y su pincel suntuoso, es el que, como en el verso francés, se me aparece conciliado consigo mismo, en mí mismo, en la ternura última a la que todas nuestras humildes existencias ansiosas tienen derecho. Como si la muerte, que ha vencido o vencerá nuestros cuerpos, no pudiera con el espíritu, y a través de la ternura pudiéramos, según murmura el poeta, recrear el ser humano. Que en Cuixart, a la postre, es el de uno de los altos creadores plásticos del siglo XX catalán.
Aunque cierto público actual se halle distanciado de su obra, pues Cuixart hace tiempo que estaba enfermo y, aún más, que había dejado el que al fin creyó irritante y mísero mundo de Barcelona. El cual le pagó con idéntica moneda. Ha dado asco ver como demasiados mediocres en el ambiente artístico hablaban, más aún, olvidaban a Cuixart, frunciendo desdeñosos sus lívidos labios al pronunciar su nombre… Mientras, y eso era positivo, Cuixart seguía entregado a su solitario tumulto, a su pintura plagada de ecos vanguardistas cercanos a un Max Ernst, y de tonos de gravedad tizianesca. Fuera ésta la de los mágicos y nocturnales albores de aquel Dau al Set, hacia 1950, del que fue uno de sus artífices, o hace pocos años, con su rica figuración de pájaros, árboles, mujeres; y, sin duda, exceptuando una corta etapa de divagación decorativa.
Y para entender mejor el alcance de la obra de Cuixart, nada mejor que la también apasionada y excelente exposición orquestada por Victoria Combalía, en la Fondation Maeght, de Saint-Paulde-Vence, 1947-2007 Barcelone,donde Cuixart aparece y es valorado como merece. No deja de ser curioso que haya sido también la Francia más inquieta de los Maeght, y por convicción de uno de los críticos catalanes más exigentes, Combalía, donde se haya entonado ese adiós a la vida hoy doliente de Cuixart, y ayer gozosa, retomando su extraordinaria vitalidad artística. La obra de Cuixart representó aquí, durante mucho tiempo, la libertad poderosa, así como la de su compañero Pons - estuve con ambos en su última entrevista, una revuelta noche en Ceret- se encumbró en la imaginación sarcástica. Mientras, Antoni Tàpies con su profunda materia se y nos situaba en el podio global. Modest Cuixart, cuanta ternura…
