2008. Nos espera…
Sin olvidar a Lucrecio, Walter Benjamín temía que el progreso fuese el eterno retorno de la catástrofe. La mejor parábola que conozco de tal visión de nuestro imprevisible futuro es la pesadilla de El hacedor de estrellas. Entre el optimismo de la voluntad y el pesimismo de la razón (¿Raymond Aron?), quizá haya maneras de contemplar el futuro inmediato con una brizna de ¿sensatez..?
