Escultura, wc y museos públicos
La Reunión de los Museos Nacionales, dependiente del ministerio de cultura, ha ofrecido al escultor californiano Richard Serra una de las joyas museísticas más emblemáticas del patrimonio nacional, el Grand Palais, y ha rescatado temporalmente una de sus obras más famosas, Clara, Clara, malquerida por los gatos, perros y transeúntes que la habían convertido en retrete público en su último lugar de exposición urbana.
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RS inmortalizado por un fotógrafo de la AP / ABC ante su Promenade, en la Gran nave.
Monumenta fue creada para dar alguna utilidad práctica la Gran nave del Grand Palais: un espacio expositivo único pero de dificilísima utilización práctica, muy poco apto para exponer pintura, imposible de refrigerar en verano y de calentar en invierno. Tras un largo proceso de reformas que se prolongó durante varios años, los estrategas de la Reunión de los Museos Nacionales decidieron convertir la Gran nave del Grand Palais en un espacio único, en el que cada año, con el buen tiempo, se presentaría una gran exposición de un solo artista, forzosamente contemporáneo.
Durante el 2007, Monumenta presentó una obra de Anselm Kiefer. El 2009 expondrá Christian Boltanski. Richard Serra ha sido el elegido cuya Promenade se presenta esta semana al gran público: una escultura ¿gótica? monumental y enigmática, cuyo presupuesto ha sido discretamente velado a la prensa. “El arte no tiene precio”.
ESCULTURA Y WC PÚBLICO
Richard Serra, experto emérito en el gran arte del marketing escultórico de nuestro tiempo, ha conseguido de la Reunión de los Museos Nacionales el rescate de una obra “maldita”, su Clara, Clara, cuyas costosas desventuras terminaron hace años en un depósito industrial.
Al mismo tiempo que Promenade se expone en el Grand Palais, Clara, Clara vuelve a los jardines de las Tullerías, muy próximos, que fueron uno de sus primeros espacios de exposición. Originalmente, esa escultura, muy semejante a las grandes hojas de acero de 2 a 4 metros de altura, ondulantes, que Serra ha conseguido instalar al precio más alto en numerosos lugares financiados con dinero público, fue un encargo millonario del Centro Pompidou. Sin embargo, nunca pudo exponerse en ese lugar. Durante unos meses, Clara, Clara se presentó sin éxito en las Tullerías, de donde fue trasladada, entre 1983 y 1990, al parque de la Avenida de Choisy.
Clara, Clara se convirtió muy pronto, en lugar de peregrinación de gatos y perros vagabundos, transeúntes, que utilizaban la famosa escultura para ocultarse ligeramente mientras defecaban u orinaban. Ante el poco éxito artístico, Clara, Clara fue piadosamente almacenada en un depósito de Estado, donde ha reposado los últimos quince años. Hasta que Serra ha exigido su rescate temporal, para volver a exponerla durante unas semanas, en las Tullerías, donde podrán descubrirla los turistas durante los próximos meses.

Clara, Clara, en las Tullerías, frente a la plaza de la Concordia, donde estuvo instalada la guillotina durante el Terror (1793).
- Arte en este Infierno.

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