Origen del arte y cómics eróticos
julio 4, 2009 | 5 Comentarios

Caldetes. Nocturno, piscina. 13 agosto 2008. Foto JPQ.
Con el pie en el estribo de un largo viaje de dos o tres días de… comienzo a rescatar viejas crónicas del periodismo que yo practicaba en otro tiempo.
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Lascaux. Escena del pozo.
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MISTERIOS DEL SEXO Y EL ALMA
[¿Octubre de 1998…?] El origen último del cómic erótico se confunde con el origen del arte. La célebre escena de los pozos, en la gruta de Lascaux (Montignac, Dordogne), una suerte de Capilla Sixtina del paleolítico superior, nos enfrenta a la llamativa erección de un guerrero que, en el alba majestuosa de la representación gráfica, treinta mil años antes de Cristo, plantea, con crudeza, la misteriosa relación entre el erotismo, la sexualidad, y el origen último de la obra de arte…
Desde entonces, el gran arte rupestre y la invención de la escritura jeroglífica, a orillas del Nilo, prolongan y multiplican los fantasmas originales. El cazador prehistórico y los autores del Libro de los Muertos tienen en común una percepción gráfica del mundo. El grafiti ilustra las cavernas con el rastro de escenas de amor y de caza, tan semejantes -por momentos- a las salas mortuorias donde los arquitectos que conciben las pirámides nos dejan las huellas de sus obsesiones eróticas, tres mil años antes de Cristo.
Los pueblos de la Hélade serán nuestros padres y nuestros hermanos. El museo imaginario de los fantasmas eróticos de los artistas de la Atenas gloriosa del siglo V nos son bien conocidos. Durante el Imperio, sabemos por Catulo que el urinario publico es un centro de agitación social, donde los esbirros de Cesar propalan consignas, espían a los disidentes, descubren los chafarrinones con los que el populacho denuncia las tentaciones dictatoriales, con una brutalidad soez, eminentemente lúbrica.
INSACIABLES DESEOS
Nos es bien conocida, igualmente, la supervivencia de las divinidades greco-latinas en el cuerpo de las amantes de los grandes artistas renacentistas. Y los hombres que construyeron las catedrales nos dejaron, con frecuencia, la huella sulfurosa del erotismo mas desenfrenado, en tantos y tantos capiteles, en las vidrieras de tantas y tantas iglesias. Las artes de la tapicería y la decoración barroca, la lujuriosa escultura de tantas Marías de Miguel Ángel, no es ajena a los misterios de la carne, victima radiante de las pasiones mas incendiarias. Y, desde Botticelli a Goya, desde los frescos de Piero della Francesca a Picasso, ¿cómo dudar que la exposición de la mujer desnuda se confunde para el artista con el misterio de la revelación, hablándonos del misterio del nacimiento del arte…?

Valentina,deGuidoCrepax,cazadoradeimágenes.
De ahí que, finalmente, cuando el grafiti rupestre se transforma en TBO, cómic, bande dessinée, fumetto, etc., al filo de la segunda revolución industrial, con la irrupción del gran periodismo neoyorquino, las imágenes y el cómic estén llamados a sufrir mil metamorfosis, para volver, siempre, al infierno y el paraíso original: la evocación lujuriosa del cuerpo desnudo, la violencia primordial de los cuerpos poseídos por los fantasmas de la pasión, el placer y el deseo mas insaciables.
COMERCIO CON FANTASMAS
Sin duda, el destino industrial de los primeros cómics europeos o neoyorquinos oculta esa tentación en las mazmorras de las convenciones sociales. Cuando Goethe aconseja al dibujante suizo Rodolphe Topffer la publicación de sus caligrafías (1.827) el humor discretamente amable de este precursor todavía esta muy lejos del piélago fantasmal donde deberán morar las heroínas de Guido Crepax. Cuando el New York World publica sus primeros comics strips, el mes de febrero de 1.896, la conquista de un público infantil y familiar, a través de las páginas de un dominical ilustrado, no aconsejan, precisamente, la irrupción de la lubricidad más desenfrenada.
Desde sus orígenes industriales mas recientes, hacia finales del siglo XIX, el cómic resucita, periódicamente, el misterio, la tentación y fantasmas de sus antepasados inolvidables, pergüeñando los primeros garabatos, en una caverna del paleolítico superior. Un ejemplo evidente me parecen los últimos volúmenes de la veintena, larga, de ensayos y colecciones compilados por J.M. Lo Duca (Ed. Domonique Leroy) para subrayar la persistencia del arte erótico en la historia del comic (“de Sandro Botticelli a Roy Lichtenstein”, comenta el editor, con un candor infantil que habla, directamente, a la imaginería adolescente mas primaria). Entre otras colecciones no menos estimables y rudimentarias (en su búsqueda del publico fácil que oculta tras la “cultura” la búsqueda febril de una mercancía mas rudimentaria), el caso bien conocido de Les chefs-d’oeuvre de la bande dessinée erotique (Rombaldi Editeur) me parece igualmente significativo.

CinémaInferno,Moebius.
Envuelta en el frágil celofán del “arte”, la mercancía estrictamente grafica oscila entre la pornografía y lo sublime. La primavera de Botticelli se codea con los grafitis cuartelarios. La ilustración galante de finales del siglo XVIII y los grandes folletinistas del XIX alternan con los grandes maestros del pop grafico y el encanallamiento sarcástico y brutal de la California dorada de hace veinte anos. Pedagógico, carnal, místico, heroico, fantástico, terrorífico, doméstico, trivial, el cómic erótico habla de nuestras obsesiones, nuestros modelos y nuestras pasiones. La familia Ulises del TBO hablaba de la familia reciamente hispánica de los años cincuenta en España, de sus hábitos amorosos, sus represiones, sus modelos de comportamiento sentimental, de sus fijaciones eróticas inconfesables. La inexistencia de una historia de amor en la vida de Tintin no deja de ser un misterio tan impenetrable como la vida erótica de los tripulantes del Myflower.
HEROINAS Y CAZADORES
Por el contrario, las venturas y desventuras de Valentina desvelan todo el esplendor fastuoso de los fantasmas de varias generaciones de voyeurs europeos. En su estadio más gozosamente primario, el cómic erótico se confunde con la pornografía serializada en estado químicamente puro, sin la envergadura filosófica de Justine ni la retórica libertina y moralista de Choderles de Laclos. En la cúspide culturalista, los libertinos dieciochescos, los maestros renacentistas, devuelven a las grafías la pureza más inquietante, sembrando en nuestra carne una lluvia de turbadoras sensaciones.
Definitivamente industrializado, como el pep show, los eros center, la prostitución serializada, los misterios de la carne quedan definitivamente enterrados en la tumba del supermercado universal: la carne, troceada, “homologada”, tatuada (con marcas de origen y autenticidad), enlatada, “pasteurizada”, coloreada, vitaminada, serializada, se distribuye, se compra, se vende, se intercambia, se subasta a precios irrisorios que parecen hablar de la perenidad de nuestros fantasmas y la proximidad de la muerte (que tampoco estaba ajena, bien al contrario, a las primeras escenas eróticas de los heroicos cazadores del paleolítico superior, victimas enamoradas y erectas, incluso en el sacrificio).

Caroline,RobertCrumb.”Ella,divinidadalalcancedelamano…”
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DIANA, DESEABLE E INALCANZABLE
Sin embargo, esa persistencia sonámbula de la carne mortal y gloriosa no deja de nombrar, veladamente, la crueldad gratuita de los deseos incumplidos. El falo desmesurado, finalmente horrible y doloroso, de los amantes de los cómics japoneses, fielmente preservados en el museo erótico de San Francisco (un pionero en el género), parecen hablar de una ausencia percibida con dramatismo trágico. Es difícil saber si la repetición obsesiva y trivial de gestos, palabras obscenas y fantasías eróticas habla de “creatividad” o “neurosis” (conceptos casi místicos para nombrar algo quizá más trivial e innombrable).
Mientras que la idealización legendaria de las mujeres de Goya o Picasso no deja de tener un paralelo populista en las heroínas de Milton Caniff, las rubias físicamente idealizadas de Al Capp: en ambos casos, el artista, “noble” o “profano”, percibe la mujer como un objeto de placer y deseo que, en su obra, se confunde con el misterio de crear, el misterio de Diana, siempre madura, siempre deseable e inalcanzable.
LLAMAS INEXTINGUIBLES
Las heroínas que acompañan los sueños del Príncipe Valiente, Popeye, Flash Gordon, el Llanero Solitario, incluso Charlie Brown, no dejan de ser lejanas herederas de las viejas vestales del templo greco-latino. En todas ellas es posible rastrear la huella y la herencia de la Diana de Ovidio revisitada por Pierre Klossowski [Klossowski, erotismo y libertinaje teológico y Pureza escandalosa de Pierre Klossowski]: Acteón, el lector de cómic, el voyeur adolescente, sueñan con la aparición radiante de Diana en el bosque sagrado de la soledad y las llamas incendiarias del deseo. Como Acteón, el adolescente pasa en vano las horas en busca de su heroína, perdida en el bosque de la letra impresa. Como Acteón, el adolescente sucumbirá al misterio que el deseo consuma en la carne del cazador que busca en los brazos de una Diana inalcanzable el sueno de la felicidad, caído en los brazos de una princesa maravillosa que, a falta del amor, lo abandona, eternamente insatisfecho, a las llamas inextinguibles del deseo.

Wolinski.”Larevolucióncomienzaenellecho…“
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Lo que me recuerda el texto prometido sobre Lolita años ha.
UTI Lo.Li.Ta. Lola. Dolores. Dolly. Lolita… 17.09.2005
Gracias por recordarme a la Valentina de Crepax. No dejas de sorprenderme…
A la espera de nuevas sorpresas. Saludos,
C.-
Cristóbal, Maty…
Cristóbal,
Se trata de un periodístico de hace una larga década, cuando Valentina ya habia muerto…
Maty,
Si tú supieras hasta qué punto me tocas puntos sensibles, muy sensibles…
Q.-
Hombre, Q, Valentina no ha muerto precisamente… No al menos en Milano, aunque hayan cerrado ya la expo. Si buscas, puedes encontrar incluso el pdf de los primeros números, de la colección que reeditó para la ocasión el Corriere della Sera:
http://www.triennale.it/index.php?id=1&tbl=0&idq=777#
Nina,
Perdón, perdón… decididamente, no doy pie con muerto, digo con bola. Perdón, por ella, por Valentina, si, Valentina..
Q.-