Recuerdo de Leopoldo Panero

noviembre 20, 2009 | 15 Comentarios

Imprescindibles para sobrevivir

Brocante del Mercado de la rue Didot, 5 noviembre 2009. Foto JPQ.

Se cumplió hace días el centenario del nacimiento de Leopoldo Panero. ¡Qué poeta tan inmenso…!

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Coincidiendo con el centenario, se ha publicado una magnífica antología, Memoria del corazón (Renacimiento) compilada y prologada por José Cereijo, que dice todo lo esencial sobre la losa mortal que ha pesado sobre la vida y la obra de Panero, víctima de todos los más acendrados demonios de Caína.

Por mi parte, releo con devoción poemas muy bellos, incandescentes, por momentos. Panero ha continuado creciendo y creciendo, ocupando, siempre, para mí, un puesto entre los más grandes de su generación (Luis Rosales, Miguel Hernández).

Cereijo pone el dedo en una llaga cancerosa y bien actual, contando por lo menudo como las enfermedades del espíritu de la política y la picaresca han devorado la vida y las entrañas de una obra excepcional, para su desgracia y la nuestra.

De mi brevísima etapa como director literario de una difunta editorial guardo el orgullo de haber propuesto y conseguido la publicación de las primeras obras completas (1973) de Leopoldo Panero.

Volviendo a su obra, leo por enésima vez un poema que no me hubiera importado firmar y debiera figurar en todas las antologías de la poesía española del siglo XX, este

EPITAFIO

Ha muerto
acribillado por los besos de sus hijos,
absuelto por los ojos más dulcemente azules
y con el corazón más tranquilo que otros días,
el poeta Leopoldo Panero,
que nació en la ciudad de Astorga
y maduró su vida bajo el silencio de una encina.
Que amó mucho,
bebió mucho y ahora,
vendados sus ojos,
espera la resurrección de la carne
aquí, bajo esta piedra.

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Comentarios

15 Comentarios

  1. passy, noviembre 20, 2009 - 10:13 am
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    Me traes a la memoria, tangencialmente -o no tanto-, aquella soberbia pelicula de Ricardo Franco sobre la familia Panero, El desencanto. Un asunto terrible, narrado con las vísceras en la mano. La poesía, la enfermedad y los destrozos familiares, todo a la vez.

    Mismamente aquí.

    Saludos,

  2. passy, noviembre 20, 2009 - 10:15 am
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  3. JP Quiñonero, noviembre 20, 2009 - 11:21 am
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    Miguel,

    Claro, claro… he intentado pasar página a todo aquello, que tampoco hizo ningún bien a la memoria de Leopoldo Panero. Durante algún tiempo, Felicidad Blanc (viuda de Panero) me enviaba a París el dinero que yo debía administrar a Michi Panero… Michi venía a mi casa, solo y con su novia de la época, a las horas más intempestivas, en un estado siempre más penoso… aquella historia terminó mal, muy mal. La última vez que hablé con Felicidad, al teléfono, ella rompió a llorar, contando como sufría,

    Q.-

  4. Armando, noviembre 20, 2009 - 1:30 pm
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    Cultura Desechable en el DERC, lo cuelgo entero porque cuando pasan uno días hay problemas para verlo:

    La captura de públicos masivos que llevan a cabo la industria del espectáculo y los consorcios editoriales requiere extender las redes a los inmensos caladeros de Internet. Ya no bastan los medios tradicionales de creación y propagación de fama (la más veloz de las plagas); aparte de la televisión y el bombardeo publicitario, del que los premios forman parte, los nuevos tiempos de libérrima circulación audiovisual y literaria exigen una reformulación del fabuloso negocio del entretenimiento: descargas de música y cine controladas, y libros digitales.

    En definitiva, se trata de poner la tecnología digital al servicio de la cultura lacustre (llena de lagunas) contemporánea, propiciando un fulgurante consumo de novedades insignificantes. No tener motivos para preferir los libros recién escritos antes de conocer los clásicos, parece ser una actitud anacrónica. “Lo importante es leer”, y siendo casi imposible desatender las recomendaciones comerciales de los expertos -por otro lado, los periodistas solamente hablan de los libros nuevos- lo más fácil será reclinarse ante el escaparate.

    Hoy, con la profusión de libros y composiciones artísticas y su reducción a objetos de consumo, casi nada merece la condición de clásico: lo que se fija en la memoria, y que, una y otra vez, se deja contemplar, escuchar, o leer, sin agotar su riqueza estética y de significados; esas obras, en suma, que componen la tradición creadora, y que al estar vivas, siempre despiertan una conversación que se enriquece a lo largo de los siglos.

    Si, según Augusto Monterroso, Juan Valera era el más grande creador, el escritor más parecido a Dios: “no dice absolutamente nada. De esa nada ha creado una docena de libros”, no le van a la zaga los endiosados novelistas, artistas y filósofos que medran en la Monarquía de Partidos: quieren que triunfe su necedad del olvido, anhelan que la posteridad sepa que vivieron, y que no ignore el alcance de su mediocridad y complicidad. Seres creativamente secos, momias intelectuales: todo lo que dicen, hacen o escriben tiene el sello inconfundible de unas mentes que operan dentro de las instituciones establecidas, al arrimo de la corrupción partidocrática. Su labor es confirmar las costumbres del Régimen, y sostener sus falsedades, ante los ojos de sus complacidos lectores y espectadores.

    Afortunadamente tenemos este infierno que nos ayuda a tener presentes estas y otras cosas.

  5. JP Quiñonero, noviembre 20, 2009 - 2:10 pm
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  6. Enrique MF, noviembre 20, 2009 - 6:51 pm
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    Q: Rosales, Panero… Obras condenadas al ostracismo por una mal entendida progresía.

    Tomando como base la labor de la difunta “Editora Nacional” que tú citas, la granadina editorial Comares publico en 1994 una antología titulada “Por donde van las águilas”, que es la que yo releo y guardo hace años en mi biblioteca. En su prólogo Andrés Trapiello (responsable de esa edición) se atrevía también a decir allí en voz alta

    ¿Qué tierra es esta nuestra donde un poeta excepcional como Leopoldo Panero ha desaparecido de la memoria no ya de las gentes, sino de la de los propios poetas?

    A mí me gusta particularmente este soneto de Leopoldo Panero, incluido en “Escrito a cada instante” (1949):

    A MIS HERMANAS.

    Estamos siempre solos. Cae el viento
    entre los encinares y la vega.
    A nuestro corazón el ruido llega
    del campo silencioso y polvoriento.

    Alguien cuenta, sin voz, el viejo cuento
    de nuestra infancia, y nuestra sombra juega
    trágicamente a la gallina ciega;
    y una mano nos coge el pensamiento.

    Ángel, Ricardo, Juan, abuelo, abuela,
    nos tocan levemente, y sin palabras
    nos hablan, nos tropiezan, les tocamos.

    ¡Estamos siempre solos, siempre en vela,
    esperando, Señor, a que nos abras
    los ojos para ver, mientras jugamos!

  7. JP Quiñonero, noviembre 20, 2009 - 8:06 pm
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    Enrique,

    Si… Escrito a cada instante y La estancia vacía son, para mí, los libros mayores de Panero. La antología y el prólogo de Cereijo son, además, de una grandísima finura intelectual,

    Q.-

  8. Nagual, noviembre 23, 2009 - 10:01 pm
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    Pues yo me quedo con Cándida Puerta.

  9. JP Quiñonero, noviembre 23, 2009 - 10:40 pm
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    Nagual,

    Gran obra, en efecto,

    Q.-

  10. jose cereijo, diciembre 27, 2009 - 11:15 pm
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    Sólo ahora (mi soltura tecnológica es más bien escasa) leo tus elogiosos comentarios a mi antología paneriana. Además de ¡gracias!, ¿qué puedo decir? Era la primera vez que hacía una labor de este tipo, y la hice con gusto, pensando que quizá sirviera para que la excepcional poesía de Panero fuera un poco menos desconocida. Con que pudiese llegar a un solo lector que no hubiera tenido ocasión de leerla de otro modo, ya sería bastante. En fin, a juzgar por algunos comentarios que me han llegado, quizá esa aspiración, sólo en apariencia modesta, pueda efectivamente cumplirse… Repito, y termino: muchas gracias.

  11. Emilio Quintana, diciembre 28, 2009 - 12:25 am
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    ¿José Cereijo? Qué sopresa; usted no me conoce, pero en mi opinión ha escrito alguna de la mejor poesía de los últimos años. Recomendable para los habituales de este infierno.

  12. jose cereijo, diciembre 28, 2009 - 1:06 am
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    Supongo, amigo Emilio Quintana, que tú eres el poeta a quien he leído (con verdadero placer), por ejemplo, en la “Selección Nacional” de José Luis García Martín. Respecto al generosísimo elogio que me dedicas, lo sé completamente inmerecido; yo -siempre lo digo, y lo digo convencido- no soy más que un aprendiz. Quizá tu lectura es la que ha mejorado tan enormemente mis pobres letras. Gracias, en todo caso, por ella y por tus palabras, y que “los habituales de este infierno”, si a alguno le cae en las manos algún verso mío, no me juzguen por lo que dices (quién pudiera estar a esa altura), sino con la indulgencia apropiada a quien conoce bien lo largo -lo infinito- que es el camino de la poesía.

  13. JP Quiñonero, diciembre 28, 2009 - 7:52 am
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    JC,

    Hombre, qué sorpresa… también a mí me sorprende y alegra leerte. Por la palmaria razón de saludar a alguien de tu finura intelectual. Y por semejante alegría hacia Panero. Todavía ayer noche abandoné malhumorado una nueva Historia de Spain, en francés, porque manchaban al autor con los tradicionales calificativos que tanto me ofuscan y entristecen. Que este cuaderno permita modestos diálogos de este tipo ya es para mí un gran honor.

    Avanti…!!!

    Q.-

    PS. Que EQ hable de “habituales” de este Infierno también es un detalle estimulante, teniendo en cuenta los “hercúleos” esfuerzos que necesita una “habitualidad” (sic) de esta especie.

  14. jose cereijo, diciembre 28, 2009 - 12:19 pm
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    No me sorprende lo que me dices del libro abandonado; los prejuicios son sumamente persistentes, ya que ahorran la tarea de pensar por nuestra cuenta e incluso la de informarse, ambas mucho más engorrosas. Pero, con todo, hay posibilidades de vencerlos; es tarea lenta y de resultados inciertos, pero en casos como éste vale la pena. Yo espero que algún día pueda la gente leer a Panero con ojos limpios, y juzgar -y disfrutar- lo que lea por ello mismo, y no por las tonterías que haya oído decir… También el tiempo colabora; alguna vez, la guerra civil será algo tan remoto (quizá ya empieza a serlo, para las generaciones más jóvenes) como las guerras carlistas, y dejará de pesar sobre el presente. Y, cuando eso ocurra, la poesía de Panero seguirá ahí, dispuesta a enriquecer a quien la lea. Nosotros -yo prefiero verlo así- somos los privilegiados que gozamos ya ahora de esa libertad frente a ella que a otros sólo les llegará dentro de Dios sabe cuánto tiempo.

  15. JP Quiñonero, diciembre 28, 2009 - 12:58 pm
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    JC,

    Totalmente OK en todo, claro. Tiempo al tiempo, pues.
    Avanti…!

    Q.-

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