DavidHockney,MyParents,1977

Time cuenta la historia del “ocaso del mal chico” (David Hockney), que se está quedando sordo (“como Goya”, dice el semanario), cuando el Museum of Fine Arts de Boston consagra una gran retrospectiva a sus retratos, tan famosos como lo fueron en otro tiempo sus piscinas, que tanto fascinaron a una generación de pintores españoles (Guillermo Pérez Villalta, Carlos Alcolea, Rafa Pérez Minguez, JA Aguirre, entre otros) que estuvieron entre los primeros en “volver a la pintura” y no tenían gran cosa que ver con Alcaín y el Equipo Crónica. La fascinación por los colores, los pinceles y la pintura de esos siempre jóvenes grandes maestros, separados por la vida y la tragedia -en los casos de Alcolea y RPM- estaba ligada a la utopía de un mundo nuevo, que muchos confundíamos con la California de la época y otros equiparaban con la reinvención del Mediterráneo (GPV). La nívea luz auroral de algunos retratos de Hockney me recuerda los tonos de la luz tan semejante de algunos famosos retratos de grupo de Pérez-Villalta, que busco y no encuentro entre mis papeles.
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Európolis. Endesa, corrupción y “Bin Laden”


Comentarios

1 Comentario

  1. Los Ángeles, el arte, el paraíso y el infierno iluminados en un desierto | Una temporada en el infierno, julio 3, 2010 - 6:31 am
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    […] Cuando decidí huir de Madrid, por razones que no sé si han cambiado, pensaba instalarme en California. Fue Jesús de la Serna quien me envió a París como corresponsal diplomático del difunto Informaciones. Siglos más tarde, vagabundeo por el Centro Pompidou, persiguiendo los mismos fantasmas: Los Ángeles, Babilonia artística, monstruo urbano nacido de la Disneylandia de Ramón, la Señorita Corazones solitarios y The Day of the Locust de Nathanael West. Yo mismo me dejo llevar por la tentación de imaginar LA como la gran metrópoli artística de las primeras décadas del siglo XXI. No sé que será del arte que se hace en LA. Muchos de los artistas que allí trabajan o han trabajado forman indisociable de mis mitologías personales: Ruscha, Hockney, etc., restos o iluminaciones de mi sueño californiano. Mi nostalgia incurable me hace más evidente la agonía y el ocaso de buena parte de las cosas que ocurren y se hacen en la vieja Europa: Jean d’Ormesson quizá comparte dudas semejantes sobre el declive o decadencia europeas. [ .. ] […]

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