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[22 nov. 05] El éxito de la huelga de los ferroviarios franceses, perturbando el tráfico nacional, complicando o anulando el tráfico con algunos vecinos europeos, como España, añadirá nuevos retrasos a las históricas reivindicaciones de Madrid, Zaragoza, Barcelona, Pamplona y Vitoria, reclamando en vano nuevas vías de comunicación a través de los Pirineos.
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El endeudamiento catastrófico de la Societé Nationale des Chemins de Fer (SNCF) y la situación laboral ultra privilegiada de los 160.000 ferroviarios franceses no solo tiene ya un costo duro para los usuarios españoles, ingleses, alemanes, italianos, europeos, de la red ferroviaria gala: se está transformando en una insalvable montaña de deudas, que impiden financiar las carreteras y ferrocarriles que España lleva muchos años reclamando.
El presidente JLR Zapatero creyó oportuno invitar a los presidentes de los gobiernos autonómicos de Cataluña, el País Vasco, Aragón y Navarra al último seminario bilateral hispano-francés, con el deseo de hacer avanzar las viejas exigencias españolas. Dominique de Villepin eludió el problema prometiendo ayudar a España en el terreno de las peticiones de socorro financiero a la UE para abordar el problema de la inmigración subsahariana.
La huelga de los ferrocarriles, hoy, y las huelgas de los transportes públicos, mañana, confirman a quien fingiese ignorarlo que la degradación de las finanzas públicas francesas también es una amenaza para los intereses europeos de España:
--Los 41.000 millones de euros de la deuda acumulada de la SCNF son recursos presupuestarios que no pueden invertirse en nuevas vías de comunicación a través de los Pirineos.
--El bloqueo sindical, impidiendo nuevas reformas de la red ferroviaria gala, frena cualquier tímido intento de abordar nuevos proyectos, si es que hubiese voluntad política.
--La anulación de los trenes que unen Madrid y Barcelona con el resto de Europa confirma la gravedad palmaria de la crisis, que tiene un costo creciente para los usuarios españoles.
--El endeudamiento financiero del Estado francés y el inmovilismo de los sindicatos galos son obstáculos tan difíciles de sortear como los Pirineos, poniendo frenos exteriores al dinamismo e históricas aspiraciones de las regiones fronterizas.