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[16 dic. 05] La Cumbre europea de Bruselas está escenificando los nuevos equilibrios de fuerza continentales. La Alemania de Angela Merkel está en el corazón de la nueva arquitectura europea. La Inglaterra de Tony Blair posee una identidad muy poderosa que irrita y fascina. La Francia de Jacques Chirac se agarra al clavo ardiendo de sus antiguos privilegios. La España de José Luis Rodríguez Zapatero es presentada en París como una “barriga fofa”, en Londres se juega con sus vacilaciones y en Berlín se percibe fuera de juego.
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En París, La Tribune publica una crónica informativa muy matizada, que termina incluyendo a España con un grupo de países del que solo forman parte Malta y Eslovaquia, presentados como el vientre o la “barriga fofa” (“ventre mou”) de la negociación. Los franceses califican de “ventre mou” la tierra de nadie de una situación donde se sitúa el punto débil, la indecisión o la incapacidad.
Sobre la única ‘alianza’ y ‘complicidad’ conocida de Zapatero en Europa, la del presidente de Francia, Liberation escribe: “Chirac vive su fin de reino, sin ideas ni aliados en Europa, cuando ha retrocedido de manera alarmante la influencia de Francia en la UE”.
En Londres, Financial Times escribe: “El primer triunfo inglés se consiguió cuando España se declaró contenta con la promesa de ayuda para vigilar a la inmigración norteafricana”. Triunfo real o presumido: los intereses españoles son utilizados como una bala de ping-pong entre París y Londres; ya que Madrid ‘pica’ con asombrosa rapidez en el anzuelo de los cheques ofrecidos por Tony Blair con dinero ajeno.
Por su parte, el Times insiste en otro punto central de la emergente geografía europea: Angela Merkel se dirige expeditivamente al nuevo líder de los conservadores británicos, David Cameron, para invitarlo a instalar Europa en el centro de la nueva política de su partido, invitándolo a trabajar en el marco del Partido Popular Europeo (PPE).
En Berlín, Die Welt resume bien el arco iris de negociaciones europeas en curso: Angela Merkel solicitada, al mismo tiempo, por Chirac (para que Alemania influya contra Inglaterra), por Blair (para que Alemania frene el inmovilismo francés), y por todos los líderes del centro y el este de Europa, para que la Merkel defienda el reequilibrio de la UE hacia el norte. Zapatero parece ser un sujeto pasivo ante tales maniobras.
En Frankfurt, Frankfurter Algemeine Zeitung (FAZ) resume la situación europea desde la óptica alemana: “No habrá acuerdo a cualquier precio”. Dicho de otro modo: todo el mundo debe ajustarse el cinturón, bajo tutela alemana. Zapatero es uno de los rarísimos líderes europeos que no ha trabajado con la canciller de Alemania los problemas de esta cumbre, cuyos resultado final es sencillamente imprevisible, hipotecado a bizantinos equilibrios y chalaneos de última hora.