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[April 2nd, 2006] El terrorismo vasco y el terrorismo de Estado (español y francés) contra el terrorismo vasco, en Francia, son parte indisociable de una vieja historia shakesperiana que todos los protagonistas desean enterrar en la tumba de la paz.
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Los antecedentes madrileños del GAL estuvieron inspirados en el terrorismo de Estado gaullista contra la OAS: contratación de asesinos a sueldo, dirigidos por militares, dispuestos a la “guerra irregular”, con fines anti terroristas.
Por su parte, ETA y los nacionalistas vascos nunca han deseado hablar con claridad de los estallidos de violencia terrorista vasco-francesa, liquidados policialmente en menos de diez años. Se trata de una historia muy oscura, con algunos capítulos siniestros.
El equivalente francés de ETA fue Iparretarrak (Los del Norte), fundado entre 1973 y 1974, y prácticamente liquidado en 1988. ETA y el movimiento abertzale español siempre han evitado hablar por extenso de Iparretarrak. Tratar ese problema de “solidaridad”, “traición” o “lucha fratricida”, entre “movimientos revolucionarios” vascos y franceses, obligaría a tratar, siquiera de pasada, espinosos problemas de indiferencia, traición y complicidad pasiva.
El origen último de Iparretarrak data una crisis laboral de diciembre del 73. Meses más tarde aparecía Ildo, la legendaria publicación animada por la izquierda revolucionaria vasco-francesa, más radical que el movimiento Enbata, ilegalizado por Georges Pompidou. Antes siquiera de sus “grandes acciones”, con el balance final de una docena larga de asesinatos, Iparretarrak fue declarado ilegal por Valery Giscard d’Estaing, en 1978.
Iparretarrak negoció en varias ocasiones su fusión con ETA, proyectando muchas acciones comunes. Pero ETA rechazó y traicionó a Iparretarrak. Por aquellos años, los últimos gobiernos de Giscard y los primeros gobiernos de Mitterrand (entre el 81 y el 86) aceptaban lo que por entonces se llamaba el “santuario” etarra en territorio francés. ETA rechazaba hermanarse con Iparretarrak; y, a cambio, era aceptada en Francia, de manera inconfesable. Fallidas sus negociaciones con ETA, Iparretarrak se radicalizó, aventurándose por la oscura senda de una “lucha armada” pronto sofocada a través de la represión policial.
Philippe Bidard, un antiguo seminarista, convertido el marxismo-leninismo revolucionario, fue el dirigente histórico de Iparretarrak, detenido en 1988. Todavía está en prisión, cumpliendo dos penas de cárcel a perpetuidad y una tercera condena a veinte años de cárcel. ETA y los nacionalistas vasco españoles guardaron un silencio sepulcral sobre la persecución y exterminio policial de Iparretarrak, florecido en un seminario y sepultado en la tumba carcelaria en apenas quince años.
La historia de los orígenes y fin de Iparretarrak es una historia negra para ETA y sus sucesivas coberturas más o menos políticas. Iparretarrak intentaba llevar a la práctica, a través de la “lucha armada”, la “unificación política” de Euskalerría. Con prudencia sibilina, ETA y las distintas familias del nacionalismo vasco español rechazaban el derramamiento de sangre, en Francia, utilizada como base de operaciones, donde era prudente no enfrentarse al Estado, para no sufrir la represión policial que comenzó definitivamente en 1986, cuando Charles Pasqua lanzó la ola de expulsiones masivas con las que se “respondía” y “pagaba” la disolución del GAL, que el mismo Pasqua negoció con José Barrionuevo y Rafael Vera.
El círculo se cierra: Charles Pasqua ya participó en el exterminio policial de la OAS, consumado a través de comandos de asesinos, que muchos años más tarde “inpirarían” la “creación intelectual” del GAL.
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