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El infierno mal explorado de Eliot: miseria sexual y lecho de amor ensangrentado

25 Apr 2007, by Quiñonero, Categories: Literatura

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[10/12/01 11:24:54] ¿En que medida el anti-semitismo, las mentiras e indiferencias más odiosas, la violencia doméstica, la crueldad, el fantasma de la homosexualidad, la locura, las traiciones y la miseria sexual más absolutas, la obscenidad, incluso el fantasma del asesinato, modifican, desfiguran o pueden cambiar nuestra visión y el alcance definitivo, en la historia de la cultura, de la obra poética de Thomas Stearns Eliot (1888-1965), el más grande y emblemático de los poetas en lengua inglesa del siglo XX, cuya influencia es igualmente excepcional en otras lenguas de nuestra civilización...?

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ANTISEMITISMO

Hace años, el ensayo de Anthony Julius T.S. Eliot anti-Semitism and literary form (1995) zanjaba provisionalmente un problema esencial y discutido con acritud desde 1919, fecha de la publicación de Gerontion, el poema donde aparecen, por vez primera, los ramalazos anti-semitas, no se si bien reales, o virtuales, de la poesía de Eliot. En su literalidad, exacta y precisa, las mejores traducciones que tengo a la mano (José María Valverde y Pierre Leyris, dos maestros muy mayores), diluyen involuntariamente, sin duda, la brutalidad mucho más aparente del original inglés.

El estudio formal, lingüístico, cultural e histórico de ese y otros poemas (media docena larga, menos de cien versos, quizá), permitió a Anthony Julius explorar esa tierra envenenada, incrustada de manera indisociable en algunos de los poemas más grandes de todos los tiempos, The Waste Land (La Tierra Baldía, 1921-1922). Fiscal implacable de todas y cada una de las debilidades verbales de Eliot, Julius llega a una conclusión turbadora y simple: es dificil, si no imposible, dudar del anti-semitismo profundo de ciertos poemas de esa obra excepcional, que, paradójicamente, al mismo tiempo, también tiene muchas otras facetas.

La crisis religiosa, la conversión a la inglesa aglicana, los grandes poemas posteriores, Four Quarets (Cuatro cuartetos, 1935-1942), no zanjaron, ni mucho menos, si no que agravaron, todos los problemas de fondo. Los grandes ensayos y escritos en prosa de Eliot, After Strange Gods (1936), The Idea of a Chritian Society (1939) y Notes towards the Definition of Culture (1948), sin olvidar la legendaria gira de conferencias por los EE.UU., coincidiendo con el juicio contra su viejo valedor, Ezra Pound, confirman de manera inquietante el anti-semitismo de fondo de Eliot, que llega a percibir en los judíos una condición semejante al cancer corruptor de todo tejido social, con los que son denunciados por la Execración escrita por nuestro Quevedo, con una violencia inaudita.

LOCURAS Y ADULTERIOS

Eliot teme que los EE.UU. perezcan «disueltos» por una «mezcolanza de razas», destruyendo la pureza de los pioneros originales. Eliot denuncia en los judios a una «raza» de «banqueros y librepensadores», de los que solo salva a Spinoza, eludiendo su condición social y las raices filosóficas de su Ética. Paradójicamente, esas limitaciones diré que ontológicas de la obra del más grande de los poetas, en lengua inglesa, del siglo pasado, no arruinan su poesia, que se alza, solitaria, como un aerolito inmenso y parcialmente incomprensible, por ahora.

Ese es el marco histórico, esbozado de manera tan aproximada, desde la óptica de la crítica literaria de urgencia, donde se inscribe la obra de Carole Seymour-Jones, Painted Shadow. A life of Vivienne Eliot, que cuenta la trágica historia de la primera esposa del poeta, Vivienne Haig-Wood (1889-1947), cuya vida marital con el poeta comenzó en 1915, con una dolorosa luna de miel, muy agria, y concluyó en la dramática soledad de un asilo psiquiátrico en 1938. Dicho sea con meridiana y cruel claridad: Vivienne fué una artista mediocre, una esposa adúltera, una mujer frágil, infectada por mil y una debilidades físicas, que desembocaron en la locura antes de haber hecho imposible y muy dolorosa la vida con un esposo que nunca le dió la felicidad y en cuyos brazos no es seguro que encontrase el placer, muy a menudo. Sin embargo, la relación Thomas-Vivienne se consumó durante el intervalo de tiempo central en la gestación y escritura de todos los grande poemas de Eliot, de La Tierrar baldía a los Cuatro cuartetos. Antes de conocer a Vivienne, Thomas no había escrito nada significativo. Después de su muerte, Eliot se limitó a administrar su gloria y darse golpes de pecho, tras un segundo matrimonio con una secretaria que podía ser su hija. El poeta solo escribiría algunas obras de teatro donde los biógrafos exploran, justamente, el sentimiento de culpa de un autor que teme haber asesinado a su primera esposa...

UN ZORRO SIN ESCRÚPULOS

A partir de esas evidencias, bien conocidas, de un interés literario muy discutible, Carole Seymour-Jones ha reconstruiddo unas vidas paralelas francamente escandalosas, sembrándolas de injusticias y malevolencia. Su biógrafa nos propone la imagen de una joven Vivienne heroina y mártir, perseguida, corrompida, destruida y asesinada por los malos tratos su esposo y el primero y más célebre de sus amantes, sir Bertrand Russell, Bertie, en las memorias de Jorge Santayana.

A juicio de Seymour-Jones, el joven Eliot era un trepador venido a Londres desde la costa Este americana, misógino y finalmente homosexual encubierto, que se sirvió de la joven y encantadora Vivienne para escalar hasta la cumbre de la más selecta sociedad británica. Ese retrato pudiera ser atractivo, y quizá tenga mucho de real. Pero no aprecia en su justo valor el inmenso talento poético del esposo ; ni sus esfuerzos, bien reales, para ganarse la vida dignamente ; ni el respeto colosal que inspiraba su obra entre personajes tan distintos como Ortega, Valery o Curtius.

Capítulo aparte y esencial son las relaciones del triángulo Eliot-Vivienne-Russell. Desde su noche de bodas (un espantoso horror de miseria sexual), Thomas y Vivienne comprendieron que sus relaciones vagamente eróticas estaban al borde de un impenetrable y doloroso abismo. Joven zorro sin escrúpulos morales, de ninguna especie, Russell cayó sobre Vivienne como una suerte de vampiro dominador. Y el joven poeta emergente no podía desconocer, completamente, hasta que punto la fuga de su esposa, en brazos de su protector, temporal, rapaz e interesado, transformaba su vida íntima en un campo de ruinas.

RUINAS ALUCINADAS

Seducida y abandonada, tras haber sido un objeto de muy diversos caprichos sexuales, en brazos o al pié del lecho de Russell, Vivienne no tardó en precipitarse en la locura. En este terreno, Seyour-Jones aporta materiales muy significativos para la mejor comprensión de la vida de la pareja y la obra de Eliot, que le preguntaba a Leonard las recetas de farmacopea con las que su esposo trataba a Virginia Woolf. Ese quizá sea el núcleo central de la primera gran biografía de Vivienne Eliot, porque ofrece un fresco majestuoso de la vida cotidiana en el Londres de entreguerras, por donde desfilan personajes tan mayores como los Woolf, Lytton Strachey, Evelyn Waugh, Wydham Lewis, Pound, Cyril Connolly, los jóvenes Auden, Spender o Iserhood, la emergencia de Criterion, Faber and Faber o la Hogarth Press, y un larguísimo etcétera.

Paisaje que tiene muchos prismas. Vivienne Eliot, loca de sanatorio, persiguiendo a su esoso disfrazada con un uniforme fascista. El domicilio de la pareja convertido en una suerte de Casa Usher oliendo a suciedad, polvo y medicinas (es Husley quien lo cuenta). El lecho de amor ensangrentado por la traición y la miseria sexual. La esposa, precipitándose en el pozo de la locura. El esposo consagrado a la atormentada construcción de su obra, convertido, al fin, en Esfinge de sí mismo. La estética de la fealdad con la que Pound y el mismo Eliot intentaban explicar el arte moderno era, en verdad, una modesta elipsis de la espantosa fealdad donde el poeta vivía su intimidad recluido en la celda de castigo en la que se había convertido su propio hogar. La Tierra baldía continúa siendo uno de los poemas mayores de la historia de nuestra civilización. Pero comenzamos a conocer mejor las raíces íntimas de ese inmenso paisaje de ruinas alucinadas.

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Painted Shadow. A life of Vivienne Eliot, Carole Seymour-Jones. Constable, London. 682 páginas. 20£

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