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Un documento excepcional: la correspondencia Gisèle y Paul Celan

8 Sep 2007, by Quiñonero, Categories: Literatura

[30/03/01 12:15:54] La correspondencia, privada, en francés, entre Paul Celan, el poeta en lengua alemana más importante desde Rilke, y su esposa, Gisèle Celan-Lestrange, nacida en el seno de una vieja familia aristocrática, conservadora y muy religiosa, es un documento único y excepcional (1), porque nos permite comenzar a descubrir, por vez primera, los caminos más oscuros, secretos y personales de una obra cuyos exégetas, que se encuentran entre los más grandes críticos de nuestra cultura y civilización, no habían podido estudiar, hasta hoy, a través de unos documentos muy bellos, íntimos y confidenciales, de una sinceridad desarmante, obligándonos a releer todo el legado poético de su autor a esa luz melancólica y virginal.

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Por los mismos años que, en París, Gallimard rechazaba la publicación de sus libros de poemas, quizá fué George Steiner el primero en afirmar que Celan era el primer poeta en lengua alemana más importante de la segunda mitad del siglo XX. Por esos mismos años, Celan soñaba con un texto de Heidegger o Adorno, con quienes su obra sostiene un hondísimo diálogo, bien repertoriado en la historia de las lenguas europeas. Ni Adorno ni Heidegger llegaron a escribir el texto soñado por Celan, sin embargo, el librito de Hans-Georg Gadamer y los ensayos de Steiner suplen, con mucho el silencio de los maestros de Friburgo y Frankfurt, que tanto daño hizo al poeta.

SCHOLEM, HEIDEGGER, INGEBORG BACHMANN

Muy marginal, en vida, la obra poética de Celan fué saludada, muy pronto, por sus pares y la crítica internacional más exigente, consagrándolo mucho antes de su suicidio, la primavera de 1970. La biografía de John Felstiner, en inglés y alemán, el estudio biográfico de Wolfgang Emmerich, en alemán, los estudios de las correspondencias y pasarelas poéticas entre Celan e Ingeborg Bachmann (que también fueron amantes carnales), los recuerdos de Gerhart Baumann, la reconstrucción de la geografia celaniana, en Paris, realizada por Helmut Böttiger, los estudios de sus influyentes lectores franceses, comenzando por Martine Roda y André de Bouchet, los recuerdos rumanos de Petre Salomon, la correspondencia Celan-Nelly Sanchs, entre una vastísima bibliografía, hace muchos años que nos ofrecieron una introducción excepcional y paradójicamente incompleta a la vida y la obra de uno de los poetas esenciales para el destino mismo de nuestra civilización.

Introducciones, hasta hoy, excepcionales e incompletas, por razones francamente elementales. Se han escrito centenares quizá millares de páginas sobre el histórico desencuentro entre Celan y Heidegger, que tuvo su importancia, como olvidarlo, pero que, finalmente, quizá sea un acontecimiento relativamente trivial en la gestación y el devenir mismo de su obra, comparado, por ejemplo, con sus relaciones amorosas con la poetisa Ingeborg Bachmann, o sus terribles primeros intentos de suicidio. Se han glosado de muy oscuras maneras, no siempre comprensibles ni razonables, las evidentes relaciones de la obra de Celan como muchas páginas de la Biblia, la lengua hebrea, o la historia de la mística; mientras que continúa sin estudiarse el diálogo personal de Celan con Georg Scholem, cuya obra personal reinventa la mística judía, precisamente. Conocemos, en alemán, numerosos estudios de literatura comparada glosando la tupida red de relaciones entre las obra de Celan e Ingeborg Bachmann, que fue su primera introductora a la obra de Heidegger, por otra parte, pero continúa en una discreta penumbra la trágica influencia de las relaciones amorosas Celan-Bachmann en la vida y la obra pictórica de Gisèle Celan-Lestrange, la esposa del poeta, sufriendo, como podia, el viaje al fin de la carne y la noche de su esposo...

RELACIONES AMOROSAS

En esas estamos. La correspondencia íntima entre Paul Celan y Gisèle Lestrange, desde que se conocen, en un hotel del Barrio Latino, inmortalizado en una novela de Pío Baroja, nos permite adentrarnos, por vez primera, por varios mundos inexplorados e imprescindibles para intentar comprender parcelas enteras de un legado cuyo hermetismo esencial no puede continuar al margen de las peripecias íntimas de la vida moral y espiritual de un poeta, cuya ejemplaridad quizá esté muy lejos del universo cerrado, oscuro e impenetrable en el que lo ha instalado una parte creciente de sus exégetas, menos razonables de lo que pudiera esperarse de quienes olvidan las raices carnales de la vida del espíritu.

Las glosas derivadas de la legendaria sentencia de Adorno, preguntándose si seria posible volver a escribir poesía, tras Auschwichz, olvidan con demasiada confrecuencia, que, en verdad, Rilke y Elliot ya habian abordado mucho tiempo atrás ese problema metafísico de la destrucción, destierro y exilio de la palabra poética, detectado por Mallarmé, el primero, hacia 1885. Celan, como olvidarlo, reinstala ese problema literario en los campos de concentración y los campos de urnas funerarias. Pero, al mismo tiempo, esa peregrinación al fondo del infierno contemporáneo tiene unas raices puramente biográficas (la desaparición de sus padres, gaseados), cuya prolongación inmediata son las aventuras amorosas del joven Celan, con Ingeborg Bachmann y Gisèle Lestrange, sin olvidar una más lejana actriz rumana, que tanto se parece a los fantasmas del gran teatro yiddish inmortalizados en tantos cuentos de Isaac Bashévis Singer.

Las relaciones amorosas Celan-Bachmann oscilan entre el lecho carnal y el lecho poético. La «casa del ser» heideggeriana, la palabra, se confunde, siempre, en esa aventura poética y amorosa en un diálogo subterráneo y fatal. La intimidad de esas relaciones perturbó, finalmente, las relaciones amorosas Celan-Lestrange, ya que su esposa, el gran amor de su vida, la madre de sus dos hijos, sufria en carne viva las escapadas librescas y carnales del poeta con su primera amante.

POESÍA, LOCURA, DESTIERRO…

La correspondencia íntima Celan-Lestrange permite reconstruir muy minuciosamente la trama de esas relaciones, condenadas a desembocar, muy pronto, en la locura y la violencia más espantosa. Se trata de un terreno sencillamente inexplorado y virgen para el legado celaniano. Se han escrito decenas de libros sobre la importancia de la locura en la gestación de los últimos poemas de Hölderlin, sujetos, siempre, a una exégesis forzosamente interminable. Solo a partir de ahora podemos comenzar a correr el tupidísimo velo de otro problema esencial: las relaciones hasta hoy mal o nada estudiadas entre algunos poemas de Celan y la cronología exacta de sus depresiones y ataques de locura, no siempre pacíficos.

Se trata de momentos trágicos y espantosos, en la vida de un hombre, que el matrimonio Celan-Lestrange intentó salvar y redimir, a través del cariño, el amor, la escritura, el diálogo, a todas luces complejísimo, si se recuerda que el poeta estuvo a punto de estrangular a su esposa, y comenzó a intentar suicidarse con un cuchillo de cocina.

En los momentos cruciales, cuando Celan acepta el principio de hacerse internar, en una clínica privada, o ya internado, en los intermitentes momentos de lucidez, depresión, manías suicidas, a caballo entre París, Alemania, Suiza e Israel, los esposos intercambian palabras, mensajes, cartas, de una «normalidad» afectuosa y tierna, que hace mucho más hondo y grave el ejercicio de la lectura.

Ese vagabundeo errabundo, entre París, donde nunca llegó a ser reconocido como un gran poeta, a pesar de las apariencias, Ginebra, donde llegó a ganarse la vida como traductor de textos político-administrativos (como Julio Cortazar), Israel y Alemania, sus patrias de adopción, también nos habla de la naturaleza apátrida, mucho mejor conocida, de un judío rumano, de habla alemana, formación multilingüe, gran traductor del francés, el ruso, el inglés, el alemán, el hebrero, dialogando con su esposa, compañera y gran amor, de cuestiones tan sensibles como la construcción de una familia, la muerte del primer hijo o la educación del segundo, cuando su padre le escribe delicadas tarjetas desde las clínicas donde intenta curar sus ataques de locura depresiva.

CELAN Y LA MÍSTICA ESPAÑOLA

Diálogo y correspondencia esenciales, en su trivilalidad, de dos seres que comienzan amándose con pasión, continúan amándose con mucho dolor y solo serán separados, definitivamente, por el suicidio de uno de ellos, tirándose al Sena desde un puente inmortalizado por Apollinaire.

Diálogo que, en definitiva, nos permite intentar explorar, por vez primera, en este caso, la impenetrable oscuridad de una intimidad atormentada, fatal y creadora, al mismo tiempo. En los momentos más trágicos, Celan continúa leyendo. Y también sus lecturas y relaciones íntimas continúan proporcionándonos muchas sorpresas. Recuerdo, al azar, las relaciones y desencuentros del poeta con su paisano Cioran (al que tradujo al alemán) o con Scholem, quién lo introdujo a la mística judía, abriéndonos otro inmenso terreno inexplorado: Scholem descubrió la importancia crucial de el Zohar, escrito en Castilla, hacia el siglo XIII, por Moisés de León, en la historia de la mística universal; pero todavia no hemos explorado las misteriosas relaciones de ese libro, español, pero desconocido en España, con algunos poemas de Celan, que tanta simpatia tuvo por otros proscritos españoles. Cada libro nos invita a releernos y releer la historia del mundo y de nosotros mismos.

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(1) CORRESPONDACE (1951-1970)
Paul Cela - Gisèle Celan-Lestrange
Editada y comentada por Bertrand Badiou y Eric Celan.
Vol. I, Lettres, 719 págs. Vol. II Commentaires, 785 págs.
Editions du Seuil, Paris, 2001. 782 FF.

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