« Europa retrocede ante EE.UU. en investigación y desarrollo; España, a la cola de EuropaLa tauromaquia, desde la perspectiva del gran arte »

Cartier-Bresson, un gigante visionario

20 Aug 2008, by Quiñonero, Categories: Background

Henri Cartier-Bresson hubiese cumplido 100 años el 22 de agosto de este año, 2008. Miro hacia atrás y advierto, encantando, ¡cuánto le debo..!

Follow up:

[ .. ]

ABC, 5 agosto 2004. Los ojos del siglo XX se cerraron

Henri Cartier-Bresson había abandonado la fotografía hace treinta y cuatro años. Pero era una leyenda desde mucho tiempo atrás. Había sido un testigo excepcional de las grandes convulsiones históricas del siglo XX. Había fijado un canon estético, entre el «instante decisivo» inmortalizado por la cámara y el gran arte universal. Había contribuido a echar los jalones de una norma ética para los oficios y las artes de la imagen.

Cartier-Bresson nació en Chanteloup en 1908, en el seno de una familia burguesa. Pero se educó en París, en el Liceo Condorcet. Siendo adolescente, soñó con ser pintor, en la estela de los postimpresionistas. Niño y adolescente delicado, frágil, soñador, descubrió accidentalmente la fotografía, que muy pronto lo alejó de su vocación original, el dibujo, la pintura.

Cartier-Bresson nunca fue surrealista, pero frecuentó los ambientes parisinos donde proliferaron todos los grandes «ismos» llamados a revolucionar la historia del arte: cubismo, dadaísmo, surrealismo le fascinan y le convencen de que, en definitiva, la suya no sería una carrera de dibujante y pintor, cuando la pintura se precipitaba en unos abismos vertiginosos.

UNA RUTA SIN RETORNO

Equipado con una Leica II desde 1933, Cartier-Bresson había tomado una ruta sin retorno. Ser testigo y dejar huella imborrable de los cataclismos que debían cambiar la historia de nuestra civilización. A caballo entre el testimonio, el documento y el reportaje de urgencia, sus imágenes de España, antes, durante y después de la guerra civil, lo confirman como un gran maestro. Sus imágenes de un burdel alicantino, una ciudad desierta, unos niños jugando al balón en una plaza ocupada por la guardia civil, unos milicianos anarcosindicalistas, establecen definitivamente la norma estética del «instante decisivo»: la fotografía fija los contornos de un acontecimiento, una figura, un instante singular, sometido al tratamiento estético del gran arte.

Entre los fotógrafos de genio que cubren la guerra civil española, Cartier-Bresson está entre los primeros que teorizan y se imponen la norma ética y estética que deberá revolucionar la historia de su oficio y su arte. Las imágenes de Robert Capa, en el frente de Aragón y en Normandía, son sin duda capitales. Pero Capa sentía horror por el aspecto «artístico» de su arte, excepcional. En el caso de Cartier-Bresson, el artesano se impone la disciplina de los maestros del arte universal, que está cambiando de rumbo.

CNT, FAI Y LIBERACIÓN DE PARÍS

Tras la guerra civil española, Cartier-Bresson volvió a encontrarse con sus viejos amigos de la CNT y la FAI, en el París recién liberado por la Compañía número 9 de la División Leclerc, integrada por un centenar de españoles, que fueron los primeros soldados aliados que entraron en París todavía ocupado, anunciando la insurrección popular y la liberación de la capital. Las imágenes de Cartier-Bresson de la Liberación e inmediata posguerra son documentos excepcionales. En España, en los EE.UU. y en México, durante los años treinta, el fotógrafo había aprendido una técnica, reflexionado sobre su oficio y echado los cimientos de su propia ética artística. Con el estallido de la Segunda Guerra Mundial, el antiguo joven burgués descubre los horrores de los campos de concentración nazis, donde estuvo prisionero.

Esa ya larga experiencia de la historia del arte (como testigo de la gigantesca eclosión de las vanguardias), el advenimiento de una nueva disciplina artística (como reportero gráfico) y el drama histórico (como prisionero en un campo de concentración), lo habían pertrechado para lanzarse a la gran aventura de una carrera meteórica. Entre los años cuarenta, cincuenta y sesenta del siglo XX, Cartier-Bresson fotografía la Rusia soviética, la liberación de Europa, la independencia de la India, la emergencia del Tercer Mundo, la eclosión de los movimientos de liberación. Y viaja por Birmania, Canadá, Cuba, México, China, Pakistán, Indonesia, la URSS. Se trata de una aventura decisiva para la historia de la fotografía.

DE LA PINTURA A MAGNUM

Artesano magistral, Cartier-Bresson se había fijado unos cánones éticos y estéticos excepcionales. En su caso, la utilización de un objetivo de 50 mm. forma parte de una disciplina artística. Su recurso sistemático al blanco y negro es indisociable del arte de la composición. Su noción del «instante decisivo» es una norma ética capital: el gran arte está reñido con las argucias técnicas y el maquillaje visual. Cartier-Bresson ya había entrado en la historia del arte.

En 1947, el maestro se asocia a Capa, Saymour y Rodger para fundar la Agencia Magnum, que una parte tan sustancial ocupa en la historia del reconocimiento social del oficio de fotógrafo internacional. Cartier-Bresson ya había tratado y fotografiado a Picasso, Braque, Matisse o André Breton. A partir de los años 50 del siglo pasado contribuirá a crear una suerte de nobleza cosmopolita del arte fotográfico.

En 1970, Cartier-Bresson dio un nuevo rumbo a su vida. Abandona la fotografía, contrae matrimonio con otra fotógrafa excepcional, Martine Frank, y se consagra a su vocación original, el dibujo. Su muerte es una página de duelo para la historia de la fotografía. La Bibliteca Nacional anuncia un homenaje internacional de urgencia. El suyo es un legado majestuoso, en tiempos de crisis de todos los valores.

ABC, 28 abril 2003. Cartier-Bresson, antes del beso

Exposición definitiva sobre la vida y la obra de Henri Cartier-Bresson (94 años) en la Biblioteca Nacional de Francia (BNF), que presenta, por vez primera, un número impresionante de obras desconocidas y ha reunido todos los escritos y documentos personales de uno de los rarísimos maestros de la fotografía, cuya creación se confunde con toda la historia y el arte del siglo XX.
Henri Cartier-Bresson quizá sea el más grande de los fotógrafos vivos, que ya recibió homenajes excepcionales en el MOMA de Nueva York. La BNF aspira a ofrecerle el homenaje final. El patriarca de la fotografía ha accedido a mostrar, por vez primera, algunos de sus trabajos primerizos. Se expondrán varias decenas de piezas nunca expuestas. Se han reunido, por vez primera, todos sus rarísimos escritos personales sobre la fotografía. La exposición estará acompañada de coloquios, mesas redondas, conferencias, y la publicación de una colección de ensayos que aspira a convertirse en «la» referencia obligada: «Henri Cartier-Bresson: De qui s´agit-il?» (Editions Gallimard), escrito por Jean Clair, director del Museo Picasso de París, Peter Galassi, conservador del MOMA, Jean Leymarie, antiguo director de la Academia de Francia de Roma, entre otros grandes especialistas.

PARÍS LIBERADO

Nacido en París en el seno de una familia muy acomodada, su primer gran maestro fue un amigo de Marcel Proust. Comenzó estudiando dibujo y pintura en la legendaria academia de André Lothe. No es un azar que, con 66 años, decidiese «abandonar» el reportaje fotográfico para consagrarse al dibujo y la fotografía de retrato y paisaje, la culminación todavía mal explorada de su obra. Tras sus primeros estudios pictóricos, en el París de los años 20, donde se siente atraído por el surrealismo, Cartier-Bresson inicia un peregrinaje profesional y personal por mucho más de medio mundo. Él estuvo en España en 1933 y durante la guerra civil (realizando un documental sobre los hospitales en la España republicana). En México en 1934. Prisinero en un campo de concentración nazi durante la Segunda Guerra Mundial. Testigo de la liberación de París, donde se cruza con los españoles de la División Leclerc. Siguen sucesivos viajes a EE.UU., la India, China, América Latina o África. Henri Cartier-Bresson fotografió la Rusia de Stalin, los EE.UU. de la inmediata Depresión, la liberación de Europa, la independencia de la India, varias de las grandes epopeyas del siglo XX. Ocupa un puesto excepcional entre los grandes maestros de su época. Sin olvidar la fundación de la agencia Mágnum, con otras leyendas de la fotografía periodística, George Rodger, David Seymour y Robert Capa.

MIRADA INTERIOR

Esa faceta testimonial quizá sea relativamente «menor», desde la óptica del «gran arte». Cartier-Bresson comenzó dibujando, y su puesto en la historia de la fotografía se encuentra junto al de los grandes maestros de la composición. Y sus relaciones con pintores (Picasso, Matisse, Braque o Leonor Fini,) y escritores (Breton, Aragon, André Pieyre de Mandiargues, etc.) establece muchos «puentes» con el gran arte de varias civilizaciones: no es un secreto la íntima relación del maestro con el milenarismo de la revolución mexicana y la piedad del budismo zen, muy próximo, en su caso, al Dios panteísta de Spinoza.
En 1986, fue Jorge Luis Borges quién le entregó, en Palermo, el premio Novecento, justificando su elección, personal, con esta frase que quizá sea la más honda reflexión sobre la obra y el destino de ambos maestros: «Puesto que soy ciego, deseo expresarle mi gratitud por su mirada». Mirada «interior». Porque Cartier-Bresson, como Leonardo, cree que el arte y la pintura «son cosa mental». Una manera espiritual de pintar y mirar el mundo y todas las cosas de la creación.

Plotino, Cartier-Bresson y mi fotógrafo.

Search

May 2018
Mon Tue Wed Thu Fri Sat Sun
 << <   > >>
  1 2 3 4 5 6
7 8 9 10 11 12 13
14 15 16 17 18 19 20
21 22 23 24 25 26 27
28 29 30 31      

XML Feeds

Who's Online?

  • Guest Users: 3

powered by b2evolution free blog software