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[4 marzo 2006] Los jóvenes colegas de Sin Columna me proponen un cuestionario, al que respondo dos días más tarde.
1. ¿Qué es una columna? ¿Son importantes los artículos de opinión en los periódicos? ¿Por qué leemos columnas de opinión? ¿Y por qué se escriben? ¿Puede una columna cambiar un mundo, una impresión de la realidad?
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––¿Cuánto me pagáis sin respondo en serio a un 10 % de esas cuestiones?... En mi caso, una columna puede ser 375 palabras para intentar resumir lo que dice la prensa inglesa, francesa, alemana, neoyorquina, más la de algunas capitales suramericanas, sobre España, a diario; o bien 425 palabras, los sábados, para intentar dar algún barniz cultural a las catástrofes diplomáticas del día.
En mi caso, escribo porque me pagan. Helmut Newton decía de sí mismo que él era “A Gun for Hire”, una pistola a sueldo, un mercenario. Pues eso. En mi caso, leo pocas columnas de opinión. Y en español menos.
Hubo columnistas (Ortega, Azorín, Eugenio d’Ors o Julio Camba) cuyas columnas forman parte de la inconclusa vertebración de España. Buena parte de lo que ellos hicieron se ha deshecho, pisoteado y emponzoñado después. Ortega, Azorín, Eugenio d’Ors o Camba no solo cambiaron nuestra visión del mundo: contribuyeron a hacerlo más comprensible.
¿Por qué lee la gente columnas o periódicos? Supongo que por mil y una razones, que se me escapan. Nobody is perfect. BW dixit.
2.- Publiqué mi primera columna en... ¿En qué medio fue? ¿Cómo se lo propusieron? ¿Recuerda de qué hablaba?
––En el difunto Informaciones, el periódico donde estuve por vez primera en nómina. Hacía una cosa diaria de chismografía audiovisual. Una cosa impertinente pero honrada. Me lo propusieron a dúo Jesús Hermida y Miguel Ángel Gozalo, que me advirtió: “Hasta hoy, esa columna la está haciendo X*. Si tú la haces mejor, te quedas con la columna. Si no te sale bien, la seguirá haciendo él”. La hice yo. Me tropecé por los pasillos de Prado de Rey con Fernando Fernán Gómez, que tuvo la amabilidad de contarme cuatro mentiras con gracia. Hermida se quedó encantado.
3.- Para inspirarme. ¿Sobre qué asuntos prefiere escribir? ¿Reconoce un estilo en su forma de escritura?
––En materia periodística no creo en la inspiración. He hecho sucesos, people, nacional, internacional, Europa, Oriente medio, California, música ligera, tenis, diplomacia trasatlántica, arte y cultura, chismografía cultural, desfiles de alta costura, crítica taurina y gastronómica. Escribo de lo que me pagan. A sueldo fijo o a tanto las cien palabras.
4.- Alguna columna que le haya traído problemas. ¿Qué tipo de problemas?
––He trabajado en periódicos, emisoras de radio y tv. El único director general que me pidió leer o escuchar algo antes de escribirlo trabajaba en una cadena de radio que pasa por “progresista”. Lo echaron a él antes que a mí. He dirigido publicaciones clandestinas: y mis colegas clandestinos eran tan poco “liberales” como el resto. Uno de mis directores me envió a El Cairo. Como no había foto mía en el periódico, ordenó que publicaran la foto de un señor con gafas: su periódico no podía publicar columnas sin foto del columnista. Aunque fuese una foto falsa. Mis crónicas se publicaron con la foto de un señor al que no tuve ni tengo la oportunidad de conocer. ¿Tengo que deciros lo que no escribiría para El País, El Mundo, ABC o La Vanguardia?
5.- ¿A mano o a máquina? ¿Qué opinión le merece Internet? ¿Y los medios digitales en comparación con los "tradicionales"?
––Escribo a mano, con pluma de lujo, mis novelas y ensayos. Para la cosa periodística solo se escribir al ordenador.
Creo haber sido uno de los primeros bloggers profesionales de España. Si tuviese talento empresarial, montaría un blog a la manera de los grandes modelos norteamericanos. No se si en España-Caína hay público para eso. No entraré a criticar a la tropa que intenta abrir nuevos caminos: les deseo Mucha Suerte, esperando que algún tiburón acabe comprándolos al precio más alto.
6.- Censura o autocensura? ¿Hay asuntos de los que prefiere no escribir? ¿Es más peligrosa la censura política o la económica?
––En mi blog personal, Una temporada en el infierno, hablo de lo que quiero. Sin embargo, advierto que hay infinitos temas de los que no hablo. Decir palabrotas o insultar al personal me parecen bajezas impropias de un profesional honrado. Sospecho que hablar de los negocios de don X* en tal periódico, o mentar la vida sexual de X* en este otro periódico, no está bien visto. Cuando concluyan las negociaciones en curso, y la IBM acabe patrocinando mi blog, sospecho que no volveré a contar horrores de sus ordenadores. Hablar mal de los vicios de tal o cual personajillo permite dar rienda suelta a las bajas pasiones, sin complicarse la vida con quienes de verdad controlan el nervio de la guerra.
7.- El mejor columnista de España es...
––Los mejores columnistas de España fueron Ortega, Azorín, Eugenio d’Ors, Julio Camba, etc. Hemos caído bastante más bajo. Buena parte de esa obra sería impublicable, hoy, en la prensa cainita. Para mi gusto, hoy abundan en exceso los navajeros, los matones, los chorizos, los charlatanes, los niñatos, cuya soberbia solo está a la altura de su chulería insignificante. Ellos y los “tertulianos” (con las excepciones de rigor: ellos se reconocerán) contribuyen de enrarecer hasta lo irrespirable no poca parte de la “realidad” cainita de cada día. La basura soez y las dosis de odio se venden bien y tienen un público sediento de “emociones fuertes”. Que la tropa joven se deje llevar por la baja catadura tales derroteros me inspira una lejana tristeza melancólica.
Entre profesionales y mercenarios me parecen innecesarias las escarapelas y los certificados.
8.- La libertad de opinión tiene como límite...
––Los tribunales de justicia.
9.- Jamás sería columnista de... (De algún medio por sus ideas, su enfoque o incluso su temática, una revista de deportes, o del corazón o de bricolaje...) ¿Puede un periodista escribir de forma continuada y contraria a la Línea editorial del medio para el que trabaja?
––Me parece de muy mal gusto dar lecciones de nada a nadie. Por sus obras los conoceréis. En mi caso, me inspiran horror el sectarismo, la pornografía, la hipocresía, las consignas. En el primer periódico en el que cobré un sueldo (el viejo Informaciones, durante las épocas de MA Gozalo y Jesús de la Serna) trabajó, muchos años antes que yo, un viejo periodista… que estaba perseguido por razones más o menos políticas. Su director cuando yo era un bebé le dio como única faena copiar el listín telefónico. Debía copiar durante sus horas de trabajo: y entregar sus copias en la secretaría del director, al marcharse, a su hora. Un día, el viejo periodista apareció ahorcado en la sala de máquinas: había puesto fin voluntariamente a aquella humillación. Cuando yo llegué a Informaciones, el antiguo director que había conseguido el suicidio del viejo periodista era un afamado crítico de teatro, que pasaba por ser “maestro de periodistas”.
10.- ¿Todas las opiniones son respetables?
––Hay opiniones que apestan. Con frecuencia, en Caína, los columnistas contribuyen de manera pavorosa a la podredumbre de la atmósfera pública. ¿Qué hago yo entre esa infame turba? (Lo de “infame turba” no es un insulto: es una cita célebre de un poema de Góngora de imprescindible lectura en el antiguo bachillerato). Intento ganarme la vida. A mi manera. Nobody is perfect.
11.- ¿Cómo escribe sus columnas?
––Entre llamadas de teléfono, rodeado de mil papeles, maldiciendo el tiempo que pierdo siguiendo historias que no me interesan en absoluto. En el ABC no me pagan para que me instale en el Hotel de París de Montecarlo, o en el Ritz parisino, como sería mi deseo. El mercenario no siempre consigue que le paguen el precio justo que es el suyo y merecen algunas de sus piezas. Dicho esto, acordaros de Groucho: “Nunca formaría parte de un club en el que me aceptasen como miembro”.