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París mestizo

2 Jul 2006, by Quiñonero, Categories: Cultura, París

Fotos by JPQ

¿Cuándo comenzó el eclipse de París, ciudad enteramente católica, francesa y europea..?

Los reyes de Francia que saliesen de sus tumbas, para escuchar las trompetas de un todavía lejano juicio final, se quedarían aterrorizados: todos los alrededores de la catedral de Saint-Denis, una de las cumbres del gótico, donde reposan sus restos mortales, desde hace siglos, son hoy una tierra de nadie donde viven muy mayoritariamente franceses de raza negra, religión musulmana, emigrantes africanos con y sin papeles, remando como pueden contra la corriente del río de la vida, perdidos en unos archipiélagos de inmuebles de salubridad dudosa, con frecuencia.

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Los monarcas franceses que soportasen ese primer y violentísimo retorno a una vida de lupanar triste, todavía deberían afrontar sorpresas mucho más inquietantes. En verdad, el desierto urbano de Saint-Denis (alcaldía comunista, durante décadas) es un islote relativamente acomodado, comparado con las aglomeraciones suburbanas de Aulnay-sous-Bois, La Courneuve o Sarcelles, donde las miríadas de urbanizaciones del más puro estilo stalinista se han convertido en guetos de franceses de ultramar, de origen norteafricano, con padres y madres de religiones animistas, e hijos recién convertidos a un Islam muy rudimentario, que no siempre los educa en el odio y la desesperación social.

Tales archipiélagos suburbanos están a veinte minutos cortos de la catedral de Notre-Dame o la Gran Mezquita de París, una de las más influyentes del mundo musulmán europeo, en el destrito V, a cinco minutos del Panteón de hombres ilustres de la Nación, junto a la iglesia de Sainte-Genevieve, indisociable de la fundación histórica de Francia.

Tales archipiélagos tampoco son “islas” aisladas del corazón de París: son la periferia dramática de una realidad urbana que también comenzó a proliferar hace mucho tiempo, en todos los centros neurálgicos de la ciudad, mestiza, multicultural, multireligiosa, con barrios y arterias donde el francés es relativamente minoritario, en una metrópolis donde hace menos de un siglo todavía se mostraban negros empalados en las vitrinas de los museos coloniales, hoy reconvertidos en museos de “artes primitivas”, con fondos llegados a través del expolio civilizador y militar.

En el corazón histórico de París, el barrio del Marais es uno de los más antiguos barrios yiddish [yidish] y judíos del mundo. Lentamente, los judíos pobres deben huir hacia la periferia. Y el barrio toma el tono de una judería elegante, cosmopolita, donde las carnicerías, la ropa, los bares, los restaurantes, las tiendas de objetos religiosos, están consagradas a la celebración de un arte de vivir específicamente judío. En la periferia del barrio, donde comenzaron a instalarse los judíos norteafricanos, tras la independencia de Argelia, otra judería más pobre y más étnica crece de manera muy colorista. Las calles donde vivieron Francisco Ferrer Guardia y Max Aub están hoy iluminadas con estrellas de seis puntas, a mayor gloria del Dios de Israel.

Otras comunidades étnicas y religiosas tienen rostros de la más variada naturaleza. Quien desembarque en la estación de metro de Barbés-Rochechouart descubrirá inmediatamente un abigarrado mundo variopinto muy próximo al de las grandes metrópolis árabes, El Cairo, Argel, Rabat, donde el dinero, las revistas pornográficas, la literatura política y los bazares de chucherías domésticas, hubiesen podido proliferar de manera vertiginosa. Hacia el este y el norte de esa estación de metro, un París musulmán y negro cohabita con tensiones con un París francés, agonizante. Hacia el norte y el Oeste, la catedral del Sacre-Coeur, Montmartre y Pigalle, están en estado de sitio étnico. Los mercadillos de ropa que se encuentran a los pies de la catedral tienen una clientela ultracosmopolita pobre, con mayoría africana e hindú. Los mercadillos de carne humana prostibularia que proliferan a la orilla norte de los bulevares de Cliché y Rochechouart son nidos de traficantes rumanos, rusos, búlgaros, argelinos, marroquíes, disputándose el mercado de los precios y servicios más tirados.

En verdad, todo París está sembrado de islas y archipiélagos étnicos. Asiáticos mayoritariamente vietnamitas han tomado los alrededores de Menilmontant, el barrio de Chevalier y Edith Piaf, a dos pasos del barrio del Père Lachaise, donde están enterrados Proust y Moratín y transcurre una novela de Baroja, El Hotel del Cisne. Otros asiáticos han tomado la periferia del distrito XIII, donde hay calles y avenidas enteramente asiáticas.

Hubo un tiempo en que un barrio de Saint-Denis se llamó La Pequeña España. Los portugueses tienen calles con tiendas especializadas. Los norteamericanos con dinero están tomando Saint-Germain-des-Prés. Junto al hotel donde vivieron los hermanos Antonio y Manuel Machado han instalado una hamburguesería. Las Brigadas Rojas agonizaron en la calle donde vivió Baroja. Hay muchos otros fantasmas: pero hay que conocer la ciudad para verlos.

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