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Francia: fútbol y desintegración moral

11 Jul 2006, by Quiñonero, Categories: Archivo, Francia

El título de subcampeona del mundo de pudiera parecer francamente respetable para Francia, si la crisis moral de fondo, que se prolonga de manera traumática, desde hace años, y el comportamiento de Zinédine Zidane, no hubiesen dejado al descubierto una “cara negra” del fútbol y la sociedad francesa, que contempla con pavor un rostro que a ella misma inquieta de hondísima manera.

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Quizá nadie como Ayoub Argoubi (17 años), un adolescente nacido y criado en la Castellane, la barriada de inmigrantes norteafricanos donde también nació Zidane, en Marsella, ha resumido con más limpieza y claridad lo que piensan millones de franceses: “Zidane continuará siendo un gran jugador. Quizá nos ha olvidado a quienes todavía vivimos en su antiguo barrio. El gesto de su cabezazo es un viejo reflejo de cuando él vivía en la Castellane”.

En Francia hay cerca de un millar de suburbios y barriadas como la Castellane: guetos urbanos donde viven franceses de raza negra, franceses musulmanes, inmigrantes de origen africano. Durante el mes de noviembre pasado, adolescentes y jóvenes de esos barrios incendiarios, destruyeron, incluso mataron, durante cinco largas semanas: fue el reflejo incendiario de una Francia que se “integra” a través de la destrucción y la violencia. Desde hace años, la selección nacional ha sido presentada como un “modelo” de integración racial y cultural. Una y otra vez, el “modelo” se rompe a pedradas, estacazos, gases lacrimógenos y enfrentamientos guerra civilistas.

Durante un partido amistoso Francia / Argelia, los adolescentes franceses de familia norteafricana se pusieron en pie y tomaron el campo para protestar cuando se esperaba de ellos que cantasen el himno nacional, la Marsellesa. Himno que Zidane fue uno de los jugadores que no llegó a cantar, al comienzo del partido final. Varios de los miembros de la selección que no ha ganado el mundial defendieron a su manera a los incendiarios del mes de noviembre pasado.

Mientras la selección fue ganando, la prensa, convertida en medio de incomunicación social, transformó a los futbolistas en “héroes”, y los políticos se montaron en el carro de la demagogia más desenfrenada. Chirac llegó a decir que Zidane encarna “las más altas calidades humanas”. Sin embargo, Zidane no es Pelé ni Stanley Matthews. Y quizá es víctima de la doble desintegración moral de Francia y Argelia. Francés de origen argelino/berebere, tiene los reflejos de los adolescentes mal educados, que conocen a la perfección los reflejos racistas de una cierta Francia profunda: sabe que hay muchos franceses que odian a los norteafricanos; y no puede olvidar que los bereberes también son perseguidos en Argel por el poder militar y por el poder religioso islámico.

En verdad, el caso de Zidane quizá sea el más emblemático, pero no el único, ni mucho menos. Hay franceses muy racistas que soportan mal un equipo nacional donde la gran mayoría de los titulares son negros. Los negros franceses comenzaron a organizarse políticamente el semestre pasado, cuando los musulmanes franceses oscilan entre el respeto a las leyes de una República donde están mal integrados y el respeto a unos imanes divididos ellos mismos entre partidarios y adversarios de la primacía del Islam sobre la República.

La victoria de Francia en la final hubiese permitido ocultar tan trágicas realidades bajo las alfombras publicitarias. La honorable derrota última deja al descubierto las miserias morales de una sociedad víctima de insondables fracturas morales.

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