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La revolución cultural de la ropa interior para musulmanas sexy

23 Sep 2006, by Quiñonero, Categories: Cultura, Islam, Moda

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Tienda de lencería íntima, con clientela musulmana, a 200 metros de un antiguo domicilio de Azorín. Foto JPQ

Los detallistas de lencería femenina, clásica o “imaginativa”, han observado un fenómeno que consideran significativo: las mujeres musulmanas, con velo, y “ensabanadas”, de negro azabache, francesas u orientales, compran ropa interior “siempre más atrevida”, en solitario o en grupo, gastándose cantidades llamativas en “confort interior”.

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Martine C., vendedora en una tienda especializada, con stand propio, en unos grandes almacenes parisinos, me cuenta su experiencia de este modo: “Hace pocos años, algunas mujeres musulmanas se acercaban hasta nosotros, con mucho pudor. Compraban cualquier cosa y se marchaban rápido. Desde no hace mucho, es frecuente que aparezcan grupos de mujeres jóvenes, evidentemente solteras, tocadas con su velo, cubiertas con esos trajes que les cubren todo el cuerpo, en negro, y que compran en grupo. Discuten entre ellas. Se ríen. Algunas, hasta quieren probarse algunas prendas. Y se marchan dejándose fácilmente mil o dos mil euros en braguitas, sujetadores, tangas, ligueros, bodys, de todo”.

JÓVENES Y EXIGENTES

Para Martine C., la visita de un grupo de jóvenes musulmanas ensabanadas es una suerte. Muchas vendedoras de lencería femenina, en grandes almacenes (Printemps, Galleries Lafayette), tienen un pequeño sueldo y una discreta comisión. La visita de uno o dos grupos de clientas musulmanas, una semana, puede redondear el sueldo de una vendedora en el Printemps que está frente al Hotel Lutetia.

Martine C. lleva casi veinte años vendiendo lencería femenina, y ha observado una evolución de los gustos de las mujeres musulmanas que vienen a París a comprar ropa íntima: “Hace años, cualquier braguita en algodón, blanca, se vendía rápido. Hoy, las musulmanas jóvenes son mucho más exigentes. Para ellas, que son clientas ricas, es importante tener cosas con seda, encajes, colores fuertes, y mucha “imaginación”. Les encantan cosas bastante subidas de tono”.

El mercado creciente de las mujeres musulmanas, con velo, ensabanadas, pero en busca de ropa interior muy atrevida, va mucho más allá de las tiendas tradicionales en los grandes almacenes del bulevar Haussmann, cita clásica de toda turista con prisas.

LÍNEAS ESPECIALES

Desde hace algún tiempo, en los alrededores de los Campos Elíseos han aparecido algunas tiendas especializadas, donde se ofrecen a la clientela musulmana más selecta unos artículos escogidos. En la misma calle donde vivió Azorín, en la plaza de la Estrella, cerca de los grandes hoteles de lujo de la avenida George V, hay una pequeña tienda, con tres escaparates, que recibe casi diariamente a una variopinta clientela musulmana.

Algunos de los grandes hoteles de la avenida George V pertenecen a grandes fortunas árabes. Y los propietarios musulmanes viajan a París acompañados de esposas, amistades, hijas, etc., consumidoras, todas ellas, de lencería de muy distintas calidades. Las musulmanas ricas viajan acompañadas con chofer y uno o dos guardaespaldas, que vigilan la tienda donde las señoras compran. Las musulmanas que forman parte del séquito también pueden “liberarse” a su manera, comprando braguitas, tangas, “bodys”, “bustiers”, a precios de ganga.

La musulmana joven, tocada con velo y sábana negra, del más estricto rigor islámico, se inclina con frecuencia, cuando puede pagárselo, por los modelos más atrevidos, en rojo, en negro, con muchas transparencias, bordados en “nido de abeja” y brocados de lo más barroco, en la pureza íntima. En los grandes almacenes, las grandes firmas incluso han creado líneas más o menos “especiales”, intentando seducir a una clientela “exigente”.

REVOLUCIÓN ÍNTIMA

En la plaza de la Estrella, a trescientos metros cortos de uno de los domicilios donde Azorín recibía a don Pío Baroja, para interrogarse, juntos, por los inciertos rumbos de una España fratricida, una pequeña tienda que hace esquina intenta seducir a todo tipo de clientelas con precios atractivos y modelos de lo más aparente. “Ayer vinieron cuatro jóvenes musulmanas, con velo, y se llevaron dos mil quinientos euros de “culottes” de colores”, me comenta lacónica una vendedora joven y desencantada.

Entre los fabricantes locales, muy próximos, en algunos casos, a la rue du Caire, no es nada nueva la clientela musulmana. Bien al contrario. Hubo representantes, durante muchos años, que hacían la ruta del Líbano y algunas capitales árabes, y ganaron mucho dinero vendiendo ropa interior. La novedad aparente es que las jóvenes musulmanas, oficialmente vestidas de negro purísimo, de pies, a cabeza, velado el rostro con tupidísimos velos, se tiran a la calle parisina para gastarse cantidades llamativas de dinero en ropa interior. Quizá se trate de una íntima y turbadora revolución cultural. Esperémoslo así.

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Una temporada en el infierno. Musulmanas, sexualidad, viajes espaciales y revolución.

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Biografía No autorizada de CJC. La mariposa erótica.

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