La fascinación intelectual por la figura de Mao, Gran Timonel de la Revolución Cultural, quizá fue universal, pero en Francia tuvo una dimensión excepcional, ya que la enfermedad espiritual totalitaria aquejó durante veinte o treinta años a lo más selecto de la prensa escrita, la universidad, el pensamiento, la crítica literaria y las más influyentes instituciones de la cultura.
Quizá el símbolo canónico de tal descarrío continúe siendo la imagen de Jean-Paul Sartre vendiendo los primeros ejemplares del matutino Liberation, la primavera de 1973, a las puertas de las factorías Renault de Boulogne Billancourt, acompañado de Serge July, director del periódico durante treinta y tres años.
En Francia, de la Revolución (1789) y el Terror (1793) a Vichy (1940-45) o la guerra sucia contra los partidarios de Argelia francesa (1961-62), las guerras civiles entre los partidarios de distintas concepciones de la patria y su trágica historia han suscitado y suscitan numerosas batallas culturales de fondo. Pero ningún gobierno ha tenido la tentación de sancionar con una Ley esta o aquella visión de una tragedia común.
El título de subcampeona del mundo de pudiera parecer francamente respetable para Francia, si la crisis moral de fondo, que se prolonga de manera traumática, desde hace años, y el comportamiento de Zinédine Zidane, no hubiesen dejado al descubierto una “cara negra” del fútbol y la sociedad francesa, que contempla con pavor un rostro que a ella misma inquieta de hondísima manera.