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Win van der Veldt, director general de la policía de Nueva Zelanda, ha decidido reabrir el escándalo del “Rainbow Warrior”, el navío ecologista de Greenpeace, hundido por un comando del contraespionaje francés. Uno de los militares que pusieron la bomba fue Gerard Royal, hermano de Ségolène, candidata a la candidatura socialista a la presidencia. Laurent Fabius, candidato a la misma candidatura era el primer ministro cuando se consumó aquel legendario acto de terrorismo de Estado.
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El escándalo ha sido relanzado por otro de los hermanos de Ségolène, descubriendo a la prensa parisina que, en verdad, fue su hermano mayor, Gerard, quien puso la bomba que hundió al “Rainbow Warrior” y costó la vida a un fotógrafo, víctimas de una operación militar que aspiraba a “cortar por lo sano” las protestas ecologistas contra los ensayos nucleares franceses en el océano Pacífico. François Mitterrand fue el presidente que dio la orden. Fabius fue el primer ministro que se vio forzado a reconocer que habían sido los militares franceses quienes, cumpliendo órdenes políticas, perpetraron una acción de terrorismo de Estado, en el puerto de Auckland, en Nueva Zelanda.
El escándalo “Rainbow Warrior” fue uno de los más graves escándalos del primer septenio de François Mitterrand (1981-1985). Veinte años más tarde, las revelaciones de Antoine Royal reabren una página vergonzosa del Estado francés, acusando personalmente a su hermano de poner la bomba.
Desde Nueva Zelanda, la primera reacción ha sido la reapertura de los informes policiales. Se presta a Greenpeace la intención de exigir que el gobierno neo zeolandés pida la extradición de Gerard Royal, acusándolo de asesinato.
En París, la metralla inflamable del escándalo toca automáticamente a dos de los tres o cuatro candidatos socialistas a la presidencia de la República.
Ségolène Royal era todavía una oscura consejera anónima, en el Elíseo, en 1985, cuando Mitterrand y sus generales tomaron en solitario la decisión de hundir el “Rainbow Warrior” para yugular la contestación ecologista contra la potencia militar y nuclear de Francia. Es una evidencia que una decisión de tal calibre escapaba a las informaciones de una consejera para asuntos sociales, que tampoco podía saber entonces que su hermano mayor formaba parte del equipo que hundió el navío ecologista. ¿Cuándo se enteró Ségolène que su hermano Gerard protagonizó tal acción que costó la vida a un inocente..?
Laurent Fabius, por el contrario, primer ministro, en 1985, no podía ignorar completamente una acción de “terrorismo anti ecologista”, concebida, organizada y perpetrada por los servicios de seguridad que estaban bajo sus órdenes. Tras varias semanas de revelaciones escandalosas, fue el mismo Fabius quien reconoció públicamente que habían sido militares franceses quienes hundieron el “Rainbow Warrior”.
ALCANCE POLÍTICO IMPREVISIBLE
¿Cómo puede afectar aquel lejano escándalo a la carrera política inmediata de Ségolène Royal y Laurent Fabius? Ayer tarde, la candidata favorita de los sondeos reaccionó denunciando “oscuras maniobras”, relanzando tan lejanos escándalos un día después de la presentación oficial de su candidatura. Sin embargo, la prensa se ha limitado a recoger las revelaciones de uno de sus siete hermanos, denunciando a otro hermano. La policía neo zelandesa se ha limitado a manifestar su deseo de volver a estudiar el caso, a la luz de las informaciones facilitada por Antoine Royal.
A seis meses del voto decisivo, las posiciones de campaña pueden evolucionar en todos los sentidos. La originalidad y complejidad del escándalo “Rainbow Warrior” es que se trata de un caso palmario de terrorismo de Estado, que pudiera afectar, de alguna manera, a la carrera política de dos candidatos socialistas.
Laurent Fabius ha comenzado por encajar, en silencio, esquivando las preguntas de fondo. En su caso, las sombras del pasado iluminan de manera poco brillante al candidato que aspira a unificar a la izquierda y la extrema izquierda.
En el caso de Ségolène, es una evidencia que la candidata no puede ser responsable retrospectiva de las acciones de un hermano. Pero el escándalo revela unas relaciones familiares y políticas de insondable oscuridad. Ya se sabía que Ségolène llegó a querellarse judicialmente contra su padre, coronel de artillería, reclamándole el pago de unos estudios que el padre no deseaba pagar. La bomba que puso uno de sus hermanos, en Nueva Zelanda, se cobró un muerto inocente y precipita insondables sombras.