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Las teorías de la conspiración suscitan risitas irónicas, pero la corrupción se cotiza a la alza.
Presentando las conclusiones de la fiscalía de la Audiencia Nacional, TF1, la primera cadena audiovisual francesa, habla con ironía de los grupúsculos extremistas que enarbolan las teorías de la conspiración, cuando las pruebas materiales apuntan hacia el Grupo islámico combatiente marroquí. Por su parte, el International Herald Tribune cubre con un piadoso velo las conspiraciones de opereta negra.
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En Luxemburgo, Tageblatt publica un resumen del último informe de Transparency International sobre la corrupción en Europa, “que sigue siendo masiva al este de la UE”. España ocupa un excelente puesto en el ranking europeo de la corrupción, con notas que rozan el 6 sobre 10, junto a países como Estonia y Slovenia, bastante lejos de países virtuosos, como Finlandia, Suecia o Dinamarca. En ese último informe no se incluyen las penúltimas revelaciones urbanísticas.
Sobre la Cumbre iberoamericana de Montevideo, El Comercio peruano publica un análisis vitriólico de Francisco Miró Quesada Rada, con España en la penumbra y este titular: “Pluripopulismo”. Ante un Cono sur a la deriva, la diplomacia española navega como puede entre unos escollos que ni se atreve a moderar, ni a denunciar, ni a intentar corregir: “Hay populismos revolucionarios, considerando en esta categoría al castrismo. Pero también hay populismos democráticos, autoritarios, de derecha, de centro e izquierda, y, desde luego, militaristas”. Queda en suspenso la posición española ante tales derivas, que tienen nombres y apellidos que la diplomacia española maquilla con “relaciones privilegiadas” a geometría muy variable.
Ante la evolución de la Cataluña política, Le Monde, en París, describe unos equilibrios imprevisibles, mientras que La Nación bonaerense comienza por afirmar que “Zapatero sufrió un duro revés”, preguntándose como funcionará en Cataluña y como afectará en el resto de España la fragilidad política “del primer charnego presidente de la Generalitat”.