« Francia, amenaza europeaCrecen los riesgos »

Alcance histórico y continental de las elecciones presidenciales francesas del 2007

31 Dec 2006, by Quiñonero, Categories: Francia, UE, Europa

Las elecciones presidenciales francesas de la próxima primavera tendrán consecuencias nacionales y europeas importantes por dos razones capitales, íntimamente ligadas. Deberá frenarse o acentuarse el declive histórico nacional. El nuevo o el mismo rumbo que tome Francia, permitirá o no permitirá sacar a la UE de su insondable parálisis institucional, indisociable de la construcción política de Europa.

Follow up:

Tales procesos históricos coinciden con una profunda metamorfosis del paisaje político nacional.

Está en marcha un cambio generacional en todas las grandes familias políticas nacionales, acompañado del ocaso de las ideologías tradicionales, sustituidas por nuevos modelos de acción.

Solo la extrema izquierda y la extrema derecha presentan viejos candidatos de otra época. Arlette Laguillier, trostkista, fue la primera mujer francesa candidata a la elección presidencial, en 1974. Ha participado de manera muy activa en todas las campañas presidenciales, desde entonces, sin salir nunca de la marginalidad. Jean Marie Le Pen, extrema derecha, también ha sido candidato, siempre, desde el mismo año. Decanos entre los candidatos minoritarios, ambos caminan con paso decidido hacia el ocaso último.

En el caso de Le Pen, se trata de un ocaso potencialmente incendiario. En el 2002, el líder de la extrema derecha eliminó en la primera vuelta al candidato socialista, Lionel Jospin. La primavera que viene, Le Pen pudiera precipitar una nueva tormenta política nacional, amenazando a Nicolas Sarkozy y Ségolène Royal, los candidatos favoritos.

Subrayada la doble excepción extremista, la derecha y la izquierda moderadas están consumando, a su manera, muy distinta, distintos cambios político y generacional.

No es posible descartar una nueva candidatura a la reelección del presidente Jacques Chirac, que ya fue candidato en 1981, 1988 y 1995, cuando terminó por triunfar. Pero son muy mayoritarios los analistas que predicen su renuncia, a muy última hora, para intentar preservar su menguada autoridad personal.

¿SÉGOLÈNE? ¿SARKOZY?

En el centro derecha domina la personalidad de Nicolas Sarkozy, ministro del interior y presidente de la Unión por un Movimiento Popular (UMP), que pudiera afrontar las posibles candidaturas rivales de Michelle-Alliot Marie, ministra de la defensa, o Dominique de Villepin, primer ministro.

Sarkozy hace campaña en nombre de la “ruptura tranquila”, que es una forma amable de denunciar veinticinco años de demagogia de izquierda (François Mitterrand) y derechas (Jacques Chirac), como afirman con cierta brutalidad algunos de sus consejeros políticos más influyentes. La “ruptura tranquila” prometida por el líder conservador mejor situado en los sondeos aspira a poner coto al declive histórico nacional de las dos últimas décadas.

Sarkozy encarna al mismo tiempo la ruptura generacional con Chirac, la ruptura ideológica con al nacionalismo gaullista tradicional, la ruptura con un cierto anti americanismo rampante, y la promesa de un reequilibrio ideológico más favorable hacia los modelos liberales. Para consumar tales proyectos de ruptura, Sarkozy tendrá que conseguir grandes equilibrios entre las distintas familias del centro derecha francés.

A la izquierda socialista, Ségolène Royal ya ha consumado una primera ruptura: ha convertido un partido de “barones”, ideólogos y burócratas en un partido que aspira a la “democracia participativa”. Formada en la escuela inmoralista de François Mitterrand, Ségolène está dispuesta a llamar “socialismo” a cualquier cosa que reclamen los sondeos de opinión y ella está dispuesta a prometer.

Tras eliminar a sus rivales Dominique Strauss-Kahn y Laurent Fabius, Ségolène ha puesto a sus pies a la vieja burocracia interna del PS, y se apoya en los sondeos de opinión para imponer sus criterios contra los ideólogos socialistas más renuentes.

Ségolène solo ha hecho promesas muy generales de mejor bienestar social y más prosperidad ecológicamente responsable. Pero nadie conoce con precisión sus proyectos de fondo. En el momento crucial, deberá convencer a las extremas izquierdas (trostkistas, ecologistas, alter mundialistas) que sus programas no son centristas ni conservadores.

¿CAMBIOS..?

Tanto Sarkozy como Ségolène deberán afrontar los mismos y trágicos dilemas. Una Francia que ha perdido influencia en Europa. Una economía nacional que lleva veinte años produciendo menos y creando más paro que sus principales vecinos. Un Estado que funciona como “ogro filantrópico”: gasta más dinero del que tiene, endeudando a los ciudadanos, creando guetos urbanos, frenando la creación de riqueza, acentuando el declive de una Francia víctima de sus oligarquías burocráticas.

Ante tal situación, bien conocida, Sarkozy y Ségolène proponen remedios retóricos muy distintos.

Sarkozy es consciente de la gravedad de la crisis. Y lleva varios años matizando su proyecto personal de ruptura. Él mismo ha denunciado, en muchas ocasiones, la injusticia del modelo social, francés, incapaz de crear empleo, incapaz de gastar con justicia y equidad, con unas cuentas sociales que confirman la injusticia, cuando no la crean y ahondan.

Ségolène se limita a culpar a las derechas de todos los problemas de Francia, evitando la crítica de los dos septenios de Mitterrand (1981-88, 1988-95) y el quinquenio socialista de Lionel Jospin (1997-2002). Ella misma fue ministra y jugó un papel político activo durante todos esos años. Ségolène se limita a insistir en que una mujer presidenta, socialista, devolverá la esperanza a los empresarios y las clases populares. Y esa esperanza que ella dice encarnar será el “motor del cambio”.

Ante tales incertidumbre, el rumbo político que tome Francia el mes de mayo que viene será sin duda decisivo para el destino mismo de la construcción política de Europa.

LA EUROPA DE LA DEFENSA, EMPANTANADA

La crisis institucional de la UE viene de muy lejos. Europa, en definitiva, todavía no ha asimilado plenamente el derrumbamiento fáustico de la antigua URSS, tras la caída del Muro de Berlín. Pero el “no” francés al proyecto de Tratado institucional europeo, el 29 de mayo del 2005, fue una catástrofe fatal para la construcción política de Europa. Alemania tiene proyectos propios para intentar “relanzar” tal proceso. Pero la crisis francesa de fondo, acentuándose, o iniciando un intento de ruptura, serán determinantes para el futuro inmediato de la UE.

En el terreno económico, la crisis francesa afecta a todos sus grandes vecinos. Y es uno de los frenos históricos de la UE, cuando los nuevos “motores” de la economía mundial, EE.UU., China, India, etc., crecen a un ritmo mucho más vigoroso, desde hace veintitantos años.

En el terreno político, los lazos trabados dentro de la UE tienen incontables relaciones. Las políticas institucionales, judiciales, policiales, agrícolas, etc., son objeto de bizantinos chalaneos europeos. Y Francia está históricamente en una encrucijada geográfica, entre los intereses de la Europa del sur (España, Italia, Portugal, Grecia) y los intereses de la Europa del norte (Alemania, Polonia, y todo el este continental).

En el terreno diplomático y militar, los siempre empantanados proyectos de Europa de la seguridad y la defensa, los grandes debates trasatlánticos sobre el puesto de la OTAN y la Alianza en la nueva geografía mundial de la inseguridad, se verán sin duda afectados por el rumbo que pueda tomar Francia el verano que viene.

LAS SIRENAS DE LA DECADENCIA EUROPEA

El voto, el peso y la influencia de Francia en la Europa han cambiado mucho durante los últimos veinticinco años. A través de sus ideas y su diplomacia, Francia todavía estuvo en el origen del antiguo Sistema Monetario Europeo, la elección del Parlamento Europeo a través del sufragio universal, la creación del mercado único. El rechazo francés al proyecto de Tratado institucional europeo marcó un jalón histórico que todavía es pronto para evaluar en su definitivo alcance continental. Las próximas elecciones presidenciales debieran aclarar si fue solo un accidente o el síntoma de un melancólico declive.

La crisis de Francia quizá sea indisociable de las muy distintas crisis europeas, unidas, quizá, en un mismo y melancólico ocaso continental. Con matices propios. Pero España puede cultivar la ilusión de sus relaciones americanas, como el Reino Unido. Alemania es la gran encrucijada entre Europa y la oceánica estepa ruso-asiática. Europa, por el contrario, es el único “horizonte utópico” de Francia. Su posición geográfica, su influencia relativa, sus relaciones históricas con Alemania, Inglaterra, Italia y España, la convierten en un aliado indispensable. De ahí que la agravación de su declive, o la ruptura con las sirenas de la decadencia, afectan a toda Europa.

Search

November 2019
Mon Tue Wed Thu Fri Sat Sun
 << <   > >>
        1 2 3
4 5 6 7 8 9 10
11 12 13 14 15 16 17
18 19 20 21 22 23 24
25 26 27 28 29 30  

XML Feeds

User tools

Who's Online?

  • Guest Users: 8

powered by b2evolution free blog software