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El abad Pierre y la insurrección de la bondad

23 Jan 2007, by Quiñonero, Categories: Francia

El abad Pierre, fundador de los Traperos de Emaús, falleció ayer a los 94 años, en el hospital parisino de Val-de-Grâce, donde se encontraba ingresado desde el día 14, a causa de una infección pulmonar. Jacques Chirac, presidente de la República, declaró: “Su desaparición toca a toda Francia en el corazón. Él fue un peregrino de los sin techo, sin cobijo ni derechos”. Henri Grouès, su verdadero nombre, entró en la historia nacional el invierno de 1954, cuando hizo un legendario llamamiento “a la insurrección de la bondad”.

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El futuro abad Pierre nació el 5 de agosto de 1912, en Lyon, en el seno de una acomodada familia numerosa (ocho hermanos). De niño afirmaba: “De mayor seré misionario, marino o bandido”. A los quince años, tras una peregrinación escolar a Roma, descubrió una fe ardiente en Asís, que él mismo calificaría de “indescriptible”.

La lectura de un libro sobre San Francisco de Asís marcaría su vida definitivamente. A los 19 años optó por la orden de los capuchinos, distribuyó su herencia entre un grupo de pobres de misericordia, en Lyon, y entró en religión con una fe mesiánica y una enfermiza salud de hierro.

Sus primeros directores de conciencia intentaban disuadirlo, temiendo por su salud. Toda su vida fue una solitaria carrera de fondo contra las injusticias, la miseria. Su primer combate fue como resistente contra el ejército de ocupación nazi. Se salvó de un pelotón de ejecución para combatir contra la vida y la muerte en un hospital de campaña, enfermo.

En la inmediata posguerra, su primera aventura solidaria lo lleva a asociarse con un ex presidiario, que se convirtió en el primer compañero de los Traperos de Emaús. Siguieron muchos otros, ladrones, pobres de misericordia, ex presidiarios, alcohólicos incurables. Uno a uno, fue rodeándose de una banda de hombres y mujeres que no tenían donde caerse muertos: y en esa soledad absoluta encontraban una razón para vivir, trabajar y construir juntos la aventura épica de un movimiento solidario de apoyo inmediato a los más necesitados, sin cobijo, sin techo.

LA TERNURA DE UNA MUJER

Al frente de una minúscula banda de hermanos-traperos, el abad Pierre lanzó el invierno de 1954 su legendario llamamiento a una “insurrección solidaria”. Gran orador, habilísimo negociador y político inconfesable, el fundador de los Traperos de Emaús supo trabajar con el general de Gaulle, como resistente, como colaborador y como disidente. Dos o tres generaciones de políticos de izquierda y derecha se han rendido a sus argumentos, imparables.

Entre 1954 y 2007, el abad Pierre estuvo en primera línea de todas las insurrecciones morales, en defensa de los pobres de misericordia. Las víctimas de Biafra, los boat peopel vietnamitas, las víctimas de las guerras étnicas africanas o la descomposición de los Balcanes, los sin domicilio fijo, los inmigrantes desesperados, las familias sin hogar, los ex presidiarios fuera de la ley, encontraron en los Traperos de Emaús hogares donde poder rehacer sus vidas.

Ya cumplidos los 80 años, el abad Pierre descubrió algunas heridas íntimas: “El mayor dolor, para un cura, es el celibato, condenándolo a renunciar a la ternura de una mujer”. Confesión muy íntima, admitiendo que había caído en la tentación del amor, con una mujer, en su juventud.

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