[14 julio 2008] El nacimiento de la Unión por el Mediterráneo (UPM), el sábado, avalada por cuarenta jefes de Estado y gobierno, acompañados del secretario general de Naciones Unidas y los presidentes de la Comisión y el Parlamento Europeo, dio a las celebraciones de la fiesta nacional del 14 de julio, aniversario de la toma de la Bastilla (1789), una dimensión diplomática excepcional. [Así perdió España el liderazgo del diálogo euromediterráneo].
Tras una boda en la más estricta intimidad, en el Elíseo, las primeras imágenes del matrimonio Sarkozy, paseando por el palacete de La Lanterne, atizan una soterrada polémica, cuando la agenda política nacional y presidencial, muy cargadas, plantean con mucha crudeza el puesto de las imágenes privadas en la guerra política sin cuartel.
Nicolas Sarkozy reinstala a Dios y la religión en el proyecto diplomático francés, confirmando la reorientación de su política en cuatro ejes centrales: relanzar la UE, consolidar el puesto de Francia en la OTAN, “aumentar” la dimensión humanitaria de la diplomacia nacional, y poner tal estrategia al servicio de los intereses nacionales.
Quizá el síntoma más elocuente de la irrupción y los estragos del sexo en la política de Francia fuese la imagen pálida del presidente de la República, Nicolas Sarkozy, pidiendo tres cafés, durante un solo consejo de ministros, cuando se discutía la reforma del Estado, el lunes pasado, tras una larga noche de amor en Eurodisney, en el mismo lecho que Carla Bruni.
Nicolas Sarkozy reafirmó ayer, en Kabul, el compromiso de Francia con la guerra contra el terrorismo: “Estaremos en Afganistán el tiempo que sea necesario. Lo que está en juego en este país es el triunfo de nuestros valores y la credibilidad de la Alianza Atlántica. No podemos ni debemos perder esta batalla”.
En vísperas del primer encuentro oficial entre Nicolas Sarkozy y su santidad Benedicto XVI, en el Vaticano, la relación sentimental del presidente francés con Carla Bruni, italiana, y posible acompañante informal, en Roma, este jueves, continúa atizando un vendaval informativo, audiovisual, acompañado de rumores espectaculares y subasta de “objetos derivados”.
El rey Juan Carlos celebró ayer una comida con Nicolas Sarkozy, en el palacio del Elíseo, abordando de manera informal todos los grandes problemas de la actualidad internacional, cuya gravedad confiere a este encuentro, previsto desde el mes de mayo pasado, una relevancia particular.
La primera visita oficial a Francia de Muammar Gadafi, «guía supremo de la Gran Jamahiriya árabe, popular y socialista» desde 1973, suscita una viva controversia política de fondo. Nicolas Sarkozy espera abrir «el camino de la respetabilidad» del líder libio, con el que las empresas nacionales galas firmarán importantes contratos de venta de armas y una central nuclear civil.
Por vez primera en la historia de la V República, un ex presidente, Jacques Chirac, ha sido imputado por los cargos de malversación y desvío de fondos públicos. Comienza el largo y laberíntico proceso de los escándalos de la alcaldía de París, que ya se ha cobrado un largo rosario de víctimas, antiguos colaboradores íntimos del ex alcalde y ex jefe de Estado.
Cecilia María Sara Isabel Ciganer – Albéniz (Boulogne Billancourt, 1957), hija un rico judío ruso que huyó del paraíso comunista para casarse con una nieta de Isaac Albéniz, instalado en París como peletero de lujo, frente al palacio del Elíseo, ya lo había anunciado hace apenas año y medio: “¿Primera dama, yo..? Vaya latazo”.