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[31 mar. 06] El encarecimiento modesto pero real de las hipotecas inmobiliarias debiera recordar a cada cual hasta que punto la prosperidad de España y Europa son frágiles y están amenazadas por acontecimientos que escapan al sonambulismo carpetovetónico y europeo.
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Buena parte de los ingresos de millones de ciudadanos están hipotecados a las exportaciones dirigidas a la zona euro. Pero hace años que la zona euro crece mucho menos que los EE.UU. y las grandes potencias emergentes, India, China, etc. Hace años que la UE invierte mucho menos que los EE.UU. y sus principales rivales comerciales en I+D, retrocediendo comparativamente.
La situación de los grandes vecinos no invita al entusiasmo. A pesar de la evidente eficacia de los modelos inglés e irlandés, el fin de reino de Tony Blair corre el riesgo de ser menos glorioso de lo esperado. Francia está postrada en una grave crisis. En vísperas electorales, Italia no se percibe como un modelo de dinamismo. Y la Alemania de Angela Merkel está parcialmente maniatada a una gran coalición que tiene la ventaja del consenso provisional y el inconveniente de la cohabitación entre proyectos enfrentados.
Hace semanas, Moscú recordó con brutalidad la dependencia energética continental. Bastaría una decisión en el Kremlin para recortar de manera inquietante los abastecimientos donde se funda nuestra hipotecada prosperidad. Las alternativas Oriente medio, Argelia hacen más palmario el ilusionismo europeo. La UE ni siquiera es capaz de influir en Hamás. ¿Qué haría Europa si Teherán termina por dotarse de misiles balísticos de largo alcance? ¿Qué harían Madrid y la Unión ante una amenaza de agitación islamista en el Magreb? Ya es difícil y dramático contener la todavía tímida marea humana que busca pan y libertad en nuestras cosas. ¿Qué harían Marbella, Alicante, Valencia o el cantón de Cartagena contra grupúsculos islamistas capaces de morir matando, como en Bagdad?
La diplomacia “europea” es una piadosa ilusión, cuya realidad práctica no va mucho más allá de los saneados sueldos que cobra una burocracia apátrida. Los teóricos de la construcción política de Europa conocen bien esas realidades. Pero se refugian en el escapismo administrativo, insistiendo en la necesidad de “relanzar” la Unión.
Sin embargo, en el terreno institucional, no será posible “mover ficha” antes de las presidenciales francesas (primavera 2007). Luego comenzarán largos años de imprevisibles negociaciones. En los terrenos empresarial, político y diplomático los intereses nacionales y patrióticos tienen una importancia crucial. En el terreno económico, el encarecimiento lento de las hipotecas marca una “tendencia”: la de una realidad que escapa a nuestro control y puede amenazarnos con crueldad.