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[12 mayo 06] Las guerras civiles entre los pueblos europeos de 1914-19 y 1939-45 pusieron de manifiesto que ningún Estado nacional podría resolver, en solitario, los grandes desafíos históricos que debía afrontar nuestra civilización; haciendo más urgente que nunca el proceso histórico de la construcción política de Europa, para evitar nuevas guerras civiles entre europeos e intentar afrontar en común los problemas de abastecimientos energéticos, prosperidad social y seguridad común, que continúan parcialmente irresueltos.
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Cuando la economía del conocimiento está modificando a un ritmo vertiginoso la nueva geografía del poder, la influencia y la prosperidad mundial, confirmando la emergencia imperial de nuevos actores, India, China, Japón, incontables estudios han subrayando el riesgo de la tragedia latino americana: el Cono sur corre el riesgo de agravar su retraso y pobreza, real y comparativa, si no encuentra algunas formas de integración política, económica e institucional.
La IV cumbre UE / América latina ilustra de pavorosa manera hasta que punto la polución ideológica más arcaica está desbaratando, dinamitando y sembrando con odio los sucesivos proyectos de “integración”, difuntos e insepultos, profanados con nuevos proyectos en los que nadie cree pero alimentan una siniestra polvareda ideológica, destruyendo cualquier esperanza inmediata de libertad, prosperidad y bienestar común.
México y Chile negociaron con los EE.UU. relaciones comerciales que han favorecido la emergencia de zonas aisladas de crecimiento y esperanza, muy desigual. México es una gran potencia regional. Chile es una potencia ejemplar, pero económicamente modesta, con unas relaciones históricamente envenenadas con Bolivia, sometida a la “presión” amenazante del “nacionalismo revolucionario” de Hugo Chávez. Brasil es una grandísima potencia regional y mundial, “acosada” por el bonapartismo venezolano. Argentina es una gran potencia regional, con lamentables relaciones con sus “pequeños” vecinos. Mercosur está en ruinas. La Comunidad Andina de Naciones (CAN) está en cuarentena. La Santa Trinidad Anti imperialista (Chávez dixit) dice esperar que su Tratado de Comercio de los Pueblos (TCP), o la Alternativa Bolivariana para las Américas (Alba), sean “alternativas” al proyecto de gran mercado americano propuesto por Washington.
Históricamente, España ha aspirado a ser algo así como “intermediaria” entre el Cono sur y Europa. Don Salvador de Madariaga todavía ejerció una cierta tarea pedagógica, explicando a unos y otros hasta que punto la miopía egoísta de Washington había favorecido la expansión de los “nacionalismos revolucionarios”, entre otro tiempo apoyados por Moscú. Ante tal “horizonte utópico”, la UE adopta una actitud de cinismo bizantino. Mientras que el pavoroso sonambulismo español quizá alimente el nihilismo social que Walter Benjamín expresaba con trágica precisión: “El progreso, eterno retorno de la catástrofe”.