La polémica Ley aprobada por el Senado de los Estados Unidos, concebida como “nuevo instrumento jurídico contra el terrorismo”, coincide con un debate de fondo sobre los fundamentos filosóficos de la diplomacia americana, en dos terrenos capitales para todo Occidente: el aspecto teológico de la lucha contra el islamismo revolucionario (sunní o chií); y la revisión en profundidad del pensamiento neo conservador, orquestada por Francis Fukuyama, uno de los primeros inspiradores de la administración Bush.