Hace siglos, coincidí en una comida con Jancis Robinson, con motivo de una cata que debía definir los grandes rasgos de los vinos de Margaux, no lejos de donde está enterrado el pintor Luis Fernández, uno de cuyos dibujos más puros reposa en una de mis estanterías de libros.
Un verre de vin et un morceau de pain sur une nappe blanche, de Luis Fernández. O/p, 22 x 16 cm. Ivam.
Descubro con cierta emoción que ella, papisa suprema en tales cuestiones enológicas, trata con respeto algunos vinos de Jumilla: detalle que hubiera entusiasmado a mi padre, que yace ya para siempre, con mi madre, en el cementerio de Almansa, donde les hice la visita ritual, la mañana de Navidad. El azar quiere que Mrs. Robinson haya descubierto esa ciudad de la mano de Víctor de la Serna, a quien no veo desde hace tanto tiempo. Víctor padre nos hizo descubrir a Carmen y a mí la leyenda de Romanée Conti, de la que JR habla con unción.
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