Primera noticia de Una primavera atroz

enero 7, 2008 | 15 Comentarios

Con los Reyes, Isabel* me anuncia los primeros ejemplares de Una primavera atroz (Espuela de Plata / Renacimiento), un libro en el que he trabajado durante una larga década. ¿De qué se trata..?

[ .. ]

Muy groseramente, Una primavera atroz pudiera resumirse de este modo:

… es un relato épico y fantástico: la historia de una ciudad endemoniada, Caína, tras una cruenta guerra civil.

Los últimos hombres que soñaron con liberarla son condenados al destierro, para convertirse en delincuentes, proscritos, mártires, por haber creído en la ilusión de un Mundo Nuevo.

Las modernas técnicas de manipulación de las conciencias permiten a las bandas de lobos que llegan a Caína, disfrazados de corderos, conquistar el poder a través de la música endemoniada de una orquesta audiovisual al servicio de carismáticos líderes que sueñan con un Estado caribeño.

En el nuevo Estado imponen su Ley mafias filantrópicas que decretan la Ley marcial contra las viejas creencias seculares, sustituidas por las banderas de modernas empresas versadas en usura y corrupción, para traficar con sexo, hogares hipotecados, y la droga dura de las ideas muertas o endemoniadas, con sucursales en París y Roma.

Caína está habitada por una fauna de pesadilla: gobernantes atacados por la licantropía, héroes descarriados, políticos corruptos, empresarios venales, furcias radiofónicas, serpientes ideólogas, distribuidores de basura, mafiosos filantrópicos, etc., celebrando sonámbulos el Entierro de la Sardina. A las puertas del Infierno, una adolescente, empuñará una estaca, para dirigirse hasta el lecho donde la espera su padre…

La cubierta es un detalle de un collage de Jorge Rodríguez de Rivera.


Comentarios

15 Comentarios

  1. maty, enero 7, 2008 - 12:35 pm
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    Creo pertinente recordar que en su día el maestro Quiñonero facilitó la lectura del primer capítulo.

    Aquí lo tenéis en versión HTML, de mejor lectura que el PDF:
    Una primavera atroz

    Bueno, en PDF:
    edocr/maty Una primavera atroz

    Por cierto, me gustó, así que no dudaré en leerlo!

  2. Albert, enero 7, 2008 - 4:09 pm
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    Suerte!!!!

  3. JP Quiñonero, enero 7, 2008 - 5:42 pm
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    Albert, Maty,

    Gratitudes…

    Q.-

    PS. Siempre me quedará este Infierno.

  4. Joaquín II, enero 7, 2008 - 10:11 pm
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    ¿Donde puedo encontrarlo YA en Madrid?

    ¿Quizá en la libería Antonio Machado?

    Por cierto, muy bonita portada.

  5. maty, enero 7, 2008 - 10:41 pm
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    Cuando lo haya leído escribiré una anotación sobre el libro. Espero que sea en la estela del primer capítulo.

    Ojo: intentaré ser objetivo, si no me convence lo diré y lo argumentaré.

  6. maty, enero 7, 2008 - 10:55 pm
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    En cuanto a la portada, es bonita, cierto. Pero si se quisiera tener más visibilidad, tal vez otra con una imagen como ésta: watermill.jpg

  7. Joaquín II, enero 8, 2008 - 12:14 am
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    ¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿???????????????????????????????

  8. JP Quiñonero, enero 8, 2008 - 7:10 am
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    Joaquín II,

    Lo normal es que el libro comience a distribuirse estos días. Las cosas de Renacimiento / Espuela de Plata suelen estar en Antonio Machado / Madrid, efectivamente…

    Q.-

  9. Caína y Los Heraldos Negros | Una temporada en el infierno, febrero 23, 2008 - 11:00 am
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    […] ¿De qué trata mi libro..? Lo he resumido así: Primera noticia… […]

  10. La dama del lago | Una temporada en el infierno, mayo 22, 2008 - 7:40 am
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    […] La dama del lago comienza allí donde termina La locura de Lázaro. Y su historia transcurrirá pocos años después de Una primavera atroz. El título de La dama del lago viene de Chandler y la leyenda artúrica, claro está. El tercer capítulo de la saga de Caína comienza invocando a los manes de Región y Yoknapatawpha, como muestra de piedad filial: El vientre estéril de la última de los Carón, Celia Jiruña, se marchitaría privado de simiente, agostándose y agonizando, lentamente, como las tierras del antiguo solar de su linaje, donde solo encontraron cobijo escorpiones, chacales, perros vagabundos y Lucía del Lago, que llegó con su hijo –un niño de rostro luminoso y padre desconocido–, sin que nadie en El Hondo deseara saber de donde o de quién huía una mujer joven y atractiva como ella, para instalarse sin compañía conocida en una casa abandonada, en el cruce de la carretera de Poncia con el pedregoso camino que conducía al socarral de la presa de Puentes, un pantano que nunca tuvo agua, abastecido por una minúscula corriente que se perdía antes de llegar al embalse entre los charcos hediondos de la cuenca seca del Guadalorce, cuyo aire mefítico solo fue soportable desde tiempo inmemorial para algunas especies de voraces insectos errantes, como nubes tóxicas, que asaltaban a los escasos viajeros a quienes el deber, el infortunio o la desdicha habían conducido hasta los parajes próximos al barranco del Lobo, camino de Región, donde a la sequía pertinaz sucedían aguaceros torrenciales que destrozaban los sembrados y aceleraron la desertización de los valles, embutidos entre las áridas laderas donde solo crecía el azufaifo y unos lechos baldíos de fangos arcillosos y gravas empastadas, tierra estéril y sin posible fecundación. […]

  11. Una primavera atroz, Don Cógito y Espectroscopio | Una temporada en el infierno, abril 30, 2009 - 8:47 pm
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    […] Primera noticia de Una primavera atroz. […]

  12. Los GAL, Felipe, Barrionuevo, Vera, Garzón y un deal entre caballeros | Una temporada en el infierno, julio 20, 2010 - 3:23 pm
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    […] Casi fue ayer… cuando yo mismo escuché a González en la escalerilla del Elíseo, la noche del primer crimen de los GAL, casi a la misma hora que él cenaba con Mitterrand, donde no pudo evitarse la discusión de tales problemas, indisociables de las relaciones de Estado entre Francia y España y de un oscuro deal entre caballeros: Roland Le Floch y J. Saurio negociaron personalmente todos los detalles de las contrapartidas inconfesables de unos pactos de familia franco-cainitas que tendrían muchos otros flecos y ramificaciones, dejando a sus respectivas administraciones la gestión del montaje financiero que debía concluir con lo acordado por el reducidísimo círculo de actores que conocían la trama de la farsa trágica en curso de lamentable representación, todavía invisible para el resto de sus contemporáneos. Detalle capital, los máximos responsables de la seguridad interior del Estado cainita, Julián Barroso y Rodolfo Vara, no podrían continuar practicando la persecución en caliente de asesinos y terroristas con la alarmante impunidad que los había hecho célebres, sugiriendo, ordenando y pagando secuestros, incendios, asesinatos; cubriendo la huida de los criminales con una familiaridad que bien denunciaba las más altas complicidades. Educados ellos mismos, en su juventud, tan lejana, en la lucha clandestina contra un ejército invasor y la dictadura de un general golpista, Roland Le Floch y J. Saurio solo se demoraron unos minutos, al final de una larga sobremesa, en un lujoso reservado de un restaurante de mucha fama, en la parisina plaza de La Madeleine, para zanjar los detalles finales y el calendario preciso de tan embarazosas cuestiones: cuando y como serían neutralizados, sin dilación, los escuadrones y comandos mafiosos de Rodolfo Vara y Julián Barroso, pagados con los fondos de reptiles del Estado. El asesinato de criminales, ajusticiados por las calles, a tiros, a bombazos, secuestrados, despedazados, cuarteados, desaparecidos en cal viva, no eran métodos de recibo entre caballeros presentables en los más selectos salones europeos. [ .. ] Cerradas aquellas discretísimas matizaciones, durante una larga sobremesa, en un restaurante célebre, sito en la parisina plaza de La Madeleine, J. Saurio podría garantizar a César Arrigo que serían cumplidos sus deseos en materia policial, siempre que los grupos armados que propagaban el terror de Estado, armados y financiados por sus más directos subordinados, fuesen liquidados imperativamente; ya que las huellas de criminales abatidos a tiros, en los aledaños de las selectas colonias veraniegas de Biarritz, apestaban a carne humana podrida a la intemperie. A cambio, era una evidencia que los grandes negocios de Estado, militares, ferroviarios y audiovisuales, ofrecían infinitas posibilidades de mutuo favor. La personalidad y experiencias de Saurio lo conducían directamente a la dirección de orquesta de una institución de nuevo cuño, una Alta Academia consagrada al diálogo universal de las culturas, cuya sede pudiera ser pronta realidad en una de las alas del nuevo museo del Louvre, renovado. Sin olvidar que la correcta línea filantrópica y el obligado carisma de los novísimos medios audiovisuales de incomunicación cainita necesitaban de comisarios y leales miembros de consejos de administración de su competencia y altura de miras. Roland Le Floch velaría personalmente por el correcto seguimiento de negocios tan tediosos como la gestión de los asuntos penales que incumbían a su comercio, siempre sometidos a interminables recursos. Su experiencia e íntimo conocimiento de la mecánica procesal le permitiría mover los hilos del teatro de los títeres judiciales, con las mejores garantías de mutua comprensión. En definitiva, él también poseía un reducidísimo círculo de hombres y mujeres de la más absoluta confianza, que seguirían y vigilarían en la sombra, en apoyo mutuo, la ejecución de las cláusulas más delicadas de los protocolos de compraventa de helicópteros y locomotoras de trenes de alta velocidad, de tan primerísima importancia para el entendimiento de dos pueblos soberanos, cobrando en dinero negro las comisiones financieras al uso y costumbre en ese tipo de negocios; con la ventaja, en este caso, de una fidelidad perruna, bien atada a un dogal de espinos y diamantes. [ADAGIO DE OTOÑO. 1. Un deal entre caballeros. Una primavera atroz]. […]

  13. Desaparición de los últimos hombres libres, víctimas de una catástrofe ecológica | Una temporada en el infierno, julio 25, 2010 - 5:21 pm
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    […] Los partes metereológicos anunciarían aquella noche un cambio del viento que pudo modificar el rumbo de la nube tóxica y evitó a Toulouse una matanza mucho más sombría, si cabe, que las hogueras de la cruzada de los albigenses. Pero, con el tiempo, el sismógrafo de los análisis clínicos descubrió que muchas jóvenes sufrieron patologías graves en sus ciclos menstruales. Algunas mujeres dejaron de tener sus reglas, aquejadas de una misteriosa esterilidad. Otras fueron víctimas de menstruaciones profundas, prolongadas y dolorosísimas. No pocas llegaban a tener hasta cuatro y cinco reglas en el mismo período menstrual. Como si la naturaleza misma hubiera enloquecido y arrastrase a los hombres hacía un abismo; atrayéndolos hacia un río sin retorno con la música de un flautista indiferente al sentido de las palabras, los números, las figuras y la arquitectura que confiere un orden a todas las cosas de la creación. [ .. ]   [ALLEGRO SUICIDA. 1. Variaciones sobre La cruzada de los albigenses.  2. Jóvenes, ambiciosos y sin escrúpulos. Una primavera atroz]. […]

  14. El gabinete de la bruja audiovisual | Una temporada en el infierno, agosto 9, 2010 - 9:33 am
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    […] Decíamos ayer… [ .. ] En pago a sus buenos servicios, que ya venían de lejos, el tartaja carismático le ofreció a Lucía (una solista eminente en la flamante orquesta audiovisual que atacaba con éxito los bailables de moda) el preciado tesoro de su entrada, remunerada a precio de oro, en los estudios y salas de máquinas donde se esperaba manipular la más feroz guerra audiovisual, a través de una quinta columna bien colocada en emisoras de radio y programas de televisión, donde ella, una vez enquistada, podría ser juez y parte caníbal en los conflictos que vendrían. [Una primavera atroz. Allegro suicida. 3. El gabinete de la bruja audiovisual.] […]

  15. El gabinete de la bruja audiovisual, 2 | Una temporada en el infierno, agosto 9, 2010 - 10:21 am
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    […] Una primavera atroz… [ .. ] En pago a sus buenos servicios, que ya venían de lejos, el tartaja carismático le ofreció a Lucía (una solista eminente en la flamante orquesta audiovisual que atacaba con éxito los bailables de moda) el preciado tesoro de su entrada, remunerada a precio de oro, en los estudios y salas de máquinas donde se esperaba manipular la más feroz guerra audiovisual, a través de una quinta columna bien colocada en emisoras de radio y programas de televisión, donde ella, una vez enquistada, podría ser juez y parte caníbal en los conflictos que vendrían. [Una primavera atroz. Allegro suicida. 3. El gabinete de la bruja audiovisual.] El gabinete de la bruja audiovisual. […]

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