Felices vacaciones, 9
Todavía humeantes las cenizas del incendio, alguien venderá las tierras a una inmobiliaria, como el mismo Alvargonzález vendió a bajo precio su laguna seca, para huir con su botín.
Encuentro en VN una cita que habla de la despedida de un hombre que creía volver al hogar, instalado durante una noche en uno de los hoteles de paso construidos en tales lugares de perdición, desde donde escribe a su hermano:
Te escribo, como ves, en el raquítico papel de cartas con membrete del hotel. ¡Qué grotesco título y anagrama! Esta casa nuestra, no es nuestra. Amantes de paso recordarán estas paredes, pero son otras paredes. Yo las recuerdo, pero han sido tapiadas, y todos los rastros de nuestra familia han sido revocados: la dirección del hotel ha imaginado su propia decoración. Y los ojos insomnes de quienes murieron en estas habitaciones guardan, en algún lugar, a la espera del juicio final -como espectros que han perdido su rumbo-, el eco incomprensible de almas errantes en busca de un destino, sin poder encontrar jamás una huella de los cuerpos donde moraron en otro tiempo, vagando por estos corredores y pasillos, que son los mismos de entonces, pero son otros. Apenas ha cambiado el papel de flores chillonas pegado en las paredes, pero yo sé que ha cuanto ha cambiado. Una mujer se llevará de esta habitación el recuerdo imborrable de una despedida, la ácida humedad de unas lágrimas inútilmente derramadas al decir adiós; creerá que esta luz, estos muebles usados, pudieran hablar de la fiebre y el temblor de aquella noche pasada, pero yo sé cómo he perdido cuanto amé y aquí vivía. Miro, y no veo cuanto vine a buscar. Otros viajeros vendrán y, si no vuelven nunca, podrán creer que fue suyo este lugar donde amaron. Sala de espera, habitación ocasional donde solo habita el olvido… Escritos de VN.
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