Imprescindibles para sobrevivir
La agonía de un genio y su esposa. ¿Cómo olvidar que el más grande de los poetas españoles de tres mundos, en el siglo XX, decidió morir y ser enterrado en San Juan de Puerto Rico..?
Confieso mi ignorancia: NO había leído El último Juan Ramón Jiménez (Col. Signos. Versión Celeste, de Huega y Fierro Editores), de Ricardo Gullón, indispensable para quienes se interesen de cerca o de lejos por la poesía española contemporánea.
Hay bastantes libros mayores e indispensables en la inmensa bibliografía juanramoniana. El de Ricardo Gullón, cuya primera edición data de 1968, es algo único: cuenta por lo menudo el dramático fin de Juan Ramón y su esposa, Zenobia Camprubí, acosados por la enfermedad y el dolor. Crítico eminente, Gullón sabe perfectamente que esa terrible agonía coincide con momentos capitales para la creación poética (versión definitiva de Espacio, preparación de la Tercera Antología, etc.), pero prefiere, por una vez, no entrar en colosales problemas de interpretación. Y se limita a escribir la crónica de un desterrado perseguido por ataques de algo muy parecido a la locura, acompañado de una mujer acorralada por el cáncer. Gullón compila minuciosamente documentos, entrevistas, correspondencias, anécdotas, hasta componer el fresco final del poeta desterrado, aceptando como suya la nueva patria americana donde decidirá morir. “¡No hay Dios…!”, grita Juan Ramón, enloquecido, a la muerte de Zenobia.
PS. Es oportuno recordar el primor y elegante belleza de la nueva edición de este libro, en una colección fundada y dirigida por Ángel Luis Vigaray.
Hay poetas cuya vida no importa nada, y otros cuya es esencial, no para la lectura de su poesía, sino para la comprensión de su tiempo. Juan Ramón, Machado, Aleixandre, por poner 3 ejemplos, deben de ser leídos, (bueno, deben no) pueden ser leídos en su poesia, como librito de mano y seguramente emocionarán o encandilarán. Pero ¿que es Machado sino la interpretación de su tiempo? ¿Y Juan Ramón? ¿Y Aleixandre? ¡Que tres agonías que permiten interpretar un tiempo miserable, el último de los tiempos miserables (lo que no quiere decir que este de ahora sea celestial) que le tocó vivir a este pobre lugar.
Sin demasiada relación, interpreto los tiempos, por ejemplo a través de Pau Casals, exilado también en Puerto Rico. El 18 de julio ensayaba la Novena en el Palau de la Música, concierto que se había de sus pender. EWxilio en Puerto Rico. Boda con discípula. El el 62 (creo) Concierto en Camelot (perdón: la Casa Blanca), interpreta magistralmente a Couperín. Muere en el exilio, alejado de su tierra. Tengo especial cariño a su interpretación de Ar Archiduque. En el LP de la Casa Blanca, como en otros, se le oye gemir entonando la nota en el momento de arrancar, de colocar el arco sobre la cuerda. Convertir a estos hombres de carne y hueso en mitos en los libros de la nostalgia, es más que un crimen, un segundo destierro.
Luis,
OK en todo. De hecho cuando escribía las dos primeras líneas sobre JR recordaba a don Antonio, en Collioure, pueblo tan próximo al pueblo donde Casals trabajó al otro lado de los Pirineos. Sobre Aleixandre, confieso que conozco poco y mal su circunstancia física personal…
Q.-