
Château de Chenonceau, 18 febrero 2022. Foto JPQ.
¿Hay en España algún castillo / residencia real concebido por una arquitecta y regentado durante varios siglos por una reina consorte y un rosario de seductoras, amantes, mujeres de mucho trapío y poder…?
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Es el caso de Chenonceau, concebido por Catherine Briçonnet, arquitecta renacentista, donde Diane de Poitiers, Catherine de Médicis, Gabrielle d’Estrées, Louise de Lorraine, Louise Dupin, las primeras, ejercieron sus talentos en las artes del lecho, el amor, la cultura, la influencia, el poder político y financiero.
¿Hay en España un castillo / residencia real donde las amas de la casa, recibían a los equivalentes españoles de Voltaire, Fontenelle, Marivaux, Montesquieu, Buffon, Jean-Jacques Rousseau, George Sand, Gustave Flaubert …?
Durante unos años, Chenonceau también fue propiedad de un diputado autonomista cubano en las Cortes españolas, José Emilio Terry, partidario de una Cuba española, en el marco de una «gran descentralización, autonómica». Experiencia autonomista evidentemente fallida. Sus sucesores terminaron contrayendo matrimonios con la aristocracia parisina. Y Chenonceau no pudo volver a ser propiedad de un «español de Cuba».
Rousseau dejó de Chenonceau un testimonio muy gráfico: «En 1747, nous allâmes passer l’automne en Touraine, au château de Chenonceau, maison royale sur le Cher. L’on s’amusa beaucoup en ce lieu, on y faisait bonne chère ; j’y devins gras comme un moine…». Marguerite Yourcenar escribió la historia más famosa de la residencia real, intentando «separar» la leyenda de la realidad histórica.
La leyenda, una residencia real donde el sexo, las pasiones amorosas, los enfrentamientos entre amantes, favoritas, esposas tuvieron un puesto más que eminente, entre guerras de religión, fiestas galantes, intrigas no siempre criminales. La realidad histórica… feroz. Ensangrentadas guerras de religión, catástrofes financieras y económicas, lujos insostenibles, matanzas, celebraciones saturnales, pasiones tristes, de la avaricia a la crueldad, pasando por disputas criminales.
Desde 1913, Chenonceau es propiedad privada de la familia Menier, apellido eminente de la más alta burguesía industrial, ilustrada.
En su historia de Chenonceau, Yourcenar ejecuta las más de las veces a reyes, favoritas, aristócratas capaces de escupir sangre o maldades con ferocidad. Finalmente, «un gentilhomme ruiné vendit», y … «le beau moment d’une société ou d’un groupe, ou sa dernière étape avant son déclin».
Yourcenar termina su ensayo con una invitación al lector: «…profit [er] du prétexte de la présence de femmes célèbres à Chenonceaux pour se dégourdir, non les jambes comme le touriste vulgaire, mais l’esprit et rêver à sa manière…». Es mi caso.
Adriano recuerda a Yourcenar el destino de Atenas.
Cuba.
Sí, Quiño,
Estos lugares llenos de leyendas e historias parecen encantados… se diría que el espíritu vuela entre fantasmas y percibe los placeres y tormentos que allí se vivieron.
No sé si en España existen castillos con la «joie de vivre» a la francesa y menos concebidos por una arquitecta. Los imagino más sobrios y tristes, aunque también llenos de intrigas y pasiones.
Gracias Quiño, estas historias de los castillos me entusiasman e inspiran curiosidad, admiración y temor a la vez.
Fina,
Amén.
Lo resumes todo con mucha generosidad y sabiduría.
En España son mucho más abundantes los castillos / fortalezas, militares.
En este caso es una residencia real … tras los líos de cama, muchas otras pasiones menos nobles, las más de las veces, efectivamente.
Q.-