
Emmanuel Macron, junto a Thomas Bach, presidente del CIO, y Antonio Guterres, secretario general de Naciones Unidas, 26 julio 2024. Foto Le Monde / Laurence Geai, Myop.
Víctima de sus decisiones personales más problemáticas, Emmanuel Macron se ha convertido en el jefe de Estado más aislado entre las grandes democracias industriales, agravando una parálisis institucional de Francia que corre el riesgo de prolongarse.
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Macron y su primer ministro en funciones, jefe de un Gobierno dimitido, en pleno, tras la catástrofe de las elecciones anticipadas del 30 de junio y el 7 de julio pasados, Gabriel Attal, no se dirigen la palabra, ni en público ni en privado. Espectáculo inédito para la “gobernabilidad” empantanada de Francia.
Clausurados los Juegos Olímpicos (JJ OO), los ministros dimitidos del Interior, Gérald Darmanin, Economía, Bruno Le Maire, y Asuntos exteriores, Stéphane Séjourné, han subrayado con mucho pudor y precisión que están haciendo las maletas, antes siquiera de conocer el hipotético nombre de posibles sucesores de un futuro gobierno que nadie sabe cuando podrá formarse.
Las relaciones políticas entre el presidente y su propio partido han quedado hipotecadas a la formación de una posible mayoría de la que pudieran formar parte familias políticas históricamente enfrentadas, conservadores, centristas, reformistas, socialdemócratas o socialistas pro europeos.
Desde hace seis semanas, extrema izquierda, comunistas, ecologistas, socialistas, liberales y conservadores han presentado una docena larga de candidatos y candidatas al puesto de primer ministro (a) de un gobierno de coalición. Macron ha descartado todas las proposiciones, refugiándose en la tregua olímpica.
El Nuevo Frente Popular (NFP), coalición de partidos con posiciones antagónicas sobre Hamás, Putin, Oriente Medio y Ucrania, terminó por encontrar una candidata común, Lucie Castets, responsable de las degradadas finanzas de la Alcaldía de París, cuyo “coming out” como lesbiana ha sido la gran revelación política del verano político, pero no ha favorecido su candidatura ante Macron.
Los Republicanos (derecha histórica), el partido de Nicolas Sarkozy, ha avanzado la candidatura de Xavier Bertrand, presidente del Consejo regional de Hauts-de-France (norte), que tiene un hándicap: conservador tradicionalista, pasa muy mal entre liberales y socialdemócratas.
Entre las familias socialistas hostiles al NFP se avanza el nombre de Bernard Cazeneuve, antiguo primer ministro de François Hollande, presidente, cuando Macron era ministro de Economía. Socialista rosa muy pálido, Cazeneuve es una personalidad muy ecuménica, pero difícilmente compatibles con la derecha tradicional, indispensable para intentar formar una mayoría parlamentaria vagamente sólida.
En el seno de Ensemble (Juntos), la coalición de partidos aliados de Macron, la soledad presidencial causa pavor y ninguna solidaridad tangible.
En una Asamblea Nacional (AN, primera cámara del Parlamento nacional) de 577 diputados, Ensemble solo tiene 99 diputados, cuando la mayoría absoluta es de 289. Para poder gobernar, los siete muy pequeños partidos que integran la coalición presidencial tendrían que aliarse con la derecha tradicional, algunos socialistas independientes y diputados de variopinta procedencia.
Para poder gobernar, Macron tiene que encontrar un primer ministro de complejo consenso, cuando Agrupación Nacional (AN, extrema derecha), el partido de Marine Le Pen, es el primer partido de Francia, de lejos, con 126 diputados, muy eficaces para presentar mociones de censura, pero insuficientes para poder gobernar.
Durante los JJ OO, Macron ha podido presentarse como el presidente de una Francia protagonista de un formidable espectáculo mundial. Clausurados los Juegos, la soledad absoluta del presidente hipoteca el futuro nacional e internacional.
Pascal Perrineau, politólogo eminente, comenta la situación de este modo: “El futuro dependerá del gobierno y de la personalidad del jefe de gobierno y de sus ministros, obligados a hacer concesiones, a través de una cultura del compromiso, muy alejada de la historia política de la V República, y la tradición política nacional”.
Cuando Macron consiga salir del aislamiento nacional y nombrar un jefe de gobierno, quedará pendiente lo más difícil: poder gobernar.
La próxima sesión de la Asamblea Nacional (AN), debe comenzar a mediados de octubre. Y el primer trabajo pendiente será aprobar los presupuestos del Estado para el 2025.
Los partidos miembros del NFP están muy divididos, pero han anunciado la presentación de una primera moción de censura. Marine Le Pen anunció hace días que su partido apoyará y votará la censura.
Ese aislamiento iluminará el espectáculo inédito de un presidente de Francia aislado, así mismo, en la escena internacional. Tras el fabuloso espectáculo de los JJ OO, el hombre que defendió la soberanía industrial y militar de Europa está en muy mala posición para defender la soberanía nacional más estricta. ABC, Macron, el presidente más aislado: no se habla ni con su primer ministro.
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