Galería Darthea Speyer, rue Jacques-Callot, 5 julio 2016. Quiñonero y la fotografía.
Escritos del joven Quiño
“Lo primero es conocer a tus padres, tus raíces”, me decía Luis Rosales, hace siglos, paseando por el madrileño Parque del oeste.
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“Juan Pedro Quiñonero se pasea por París y evoca sus lecturas, sus amigos (dedica su libro al mejor de todos, el desaparecido Feliciano Hidalgo), sus temas, sus escenarios, de Ibn Arabí, Moisés de León, Averíes, a Ramón Llull en la Sorbona de entonces, a los monjes de Saint-Germain-des-Prés que viajaron a España en el siglo IX, pero también a Azorín, Baroja, Carner, Ramón Gómez de la Serna, Gil-Albert y tantos otros.”
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“Lo que más le gustaría es negar el mundo en nombre del espíritu.”
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“Pero, ¿dónde está Ítaca?”
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“Si ya no existe Ítaca, su misterio nunca podrá ser desvelado, porque en verdad sólo reside en el corazón de Ulises, que es quién la lleva por doquier; y al parecer estará sobre todo en los libros y las bibliotecas que siempre habrá que preservar del fuego y de la destrucción. La biblioteca está en llamas (Char) pero la casa sigue estando encendida (Rosales).” … Un peatón de París, ABC Cultural 29 abril 2004.
Rafael Conte, Ricardo Senabre, Julián Gallego…, qué lujo de crítica literaria, de arte… tuve en la adolescencia.
Gracias por recordar a Conte, Quiñonero.
Antonio,
El gusto es mío, oye. Para colmo, planteas un problema de fondo: hubo una buena y muy buena crítica, pero, curioso… ¡tenían más libertad que ahora!
Q.-
La falta de libertad en los medios y la que los periodistas y colaboradores se dejan de tomar (que es equivalente a la falta de libertad de empleados, funcionarios, políticos en sus partidos, de las mujeres frente a las feministas, o de los propios estudiantes de bachillerato, que te preguntan: ¿»esto se puede poner en Selectividad?, ¿no se lo tomarán a mal…?», por no hablar de los opositores (qué mundo de silencios de locos…), nos aboca a destruirnos…: por miedo al cliente, al lector, al anunciante, al editor, al ministro, a mamá…, a quienes les va a parecer mal… La libertad exige siempre un precio y pocos parecen dispuestos a pagarlo: les falta valor y generosidad. Y luego está la peor esclavitud: la no libertad interior, que hace que nos dejemos arrastrar por las fobias, simpatías, fanatismos e ignorancia.
Pinta muy mal.
Algunos seguimos llevándonos los golpes de todos. Aprovecho para llamar a los que sean encajadores natos a que se vengan al bando de los libres.
Un saludo, Quiñonero.
Temo que llevas bastante razón, Antonio.
Ánimo…
Avanti..!
Q.-