Con dos días de diferencia, Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión europea, y Georgia Meloni, primera ministra italiana, han tomado posiciones antagónicas sobre el futuro de Europa y Occidente:
[ .. ]

Die Zeit, 15 / 16 abril: «No tenemos hermanos ni oligarcas que impongan sus condiciones. El Occidente que hemos conocido ha dejado de existir. No invadimos ni castigamos a nuestros vecinos».
[ .. ]

Corriere della Sera, 17 / 18 abril: Meloni en la Casa Blanca: «Trump vendrá a Roma para dialogar con Europa y haremos una Europa Grande. Trump la elogia: «Una amiga».
Lacónico, Der Spiegel, en Hamburgo, titula: «Trump recompensa a Meloni con muchos elogios».
De enero a abril, Macron ha estado en el bando de quienes piensan que la guerra de los aranceles lanzada por Trump contra el resto del mundo es uno de los errores más catastróficos de la historia de la economía moderna:
Macron: «Entramos en una nueva era. Rusia está en guerra contra las democracias europeas».
De Orban a Macron, Europa dividida ante la Gran depresión provocada por Donald Trump.
Macron y Scholz defienden una Europa soberana, capaz de defender sus intereses ante Donald Trump.
Tras las idas y venidas de Trump, siempre dócil con Vladimir Putin, afirmando que los líderes del resto del mundo iban a Washington a «besarle el culo», Macron participa en un rosario de imprevisibles ¿chalaneos» a varias bandas:
Acompañado de su ministro de Asuntos exteriores, Jean-Noël Barrot, el presidente francés celebró este jueves, en el Elíseo, una comida y reunión de trabajo con Marco Rubio, secretario de Estado de los EE. UU., acompañado de Steve Witkoff, enviado especial de Donald Trump, para «discutir» de Ucrania, la guerra mundial de los aranceles y Oriente Medio «esperando favorecer y preservar la cooperación internacional».
Horas antes, Macron sostuvo una larga conversación telefónica con el presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski. Al mismo tiempo, el presidente francés sostiene desde hace días una comunicacion «fluida» con la presidenta de la Comisión europea, Ursula von der Leyen, vetada personalmente por el presidente de los EE. UU. desde el lanzamiento de la gran crisis internacional de los aranceles.
Las declaraciones de Zelenski, acusando a Steve Witkoff de «adoptar las posiciones de la Rusia de Putin» pudieron frenar de manera considerable las esperanzas del presidente francés. El comportamiento de los EE. UU., en Naciones Unidas, adoptando un resolución favorable a Putin tampoco permitía tener ilusiones frenéticas.
A las pocas horas del lanzamiento, días pasados, de su guerra comercial, «la más estúpidamente de la historia», según Wall Street Journal (WSJ), Macron reaccionó con relativa energía, organizando reuniones de trabajo con empresas e industriales franceses, invitándolos a retirar o renunciar a sus proyectos de inversión en los EE. UU.
Sentado ese principio de respuesta firme, nacional, Macron subrayó que, a su modo de ver, «la guerra comercial perjudicará a todos, comenzándooslas por los EE. UU.»
Días más tarde, Donald Trump ha enviado a París a dos de sus hombres de confianza, Marco Rubio y Steve Witkoff. A la espera imprevisible de las reacciones, en Washington y las capitales europea, los comunicados oficiales del Elíseo, presentando la reunión y comida de trabajo, seguidos de comentarios oficiosos, confirman un «optimismo» muy relativo, invisible. Las ilusiones de Macron, esperando que el encuentro fuese «el principio de la negociación de una posible convergencia», tampoco fue confirmado al final de los encuentros, con un silencio quizá significativo.
En el terreno de la estrategia militar, Macron sostuvo una «larga» conversación telefónica con el presidente de Ucrania, antes de recibir a los enviados especiales de Trump. Pudiera pensarse que el presidente francés oficia de «intermediario» entre la angustia ucraniana y la lejanía aparente de la paz prometida por Trump, incapaz de frenar el militarismo más brutal de Vladimir Putin. No está nada claro que los enviados especiales del presidente norteamericano hayan podido anunciar decisiones capitales.
Macron fue banquero de negocios antes que presidente, de ahí que, en el terreno de la estrategia comercial, tampoco caben espejismos ni vanas ilusiones. No es un secreto que Trump espera dividir a los aliados europeos, marginando a la presidenta de la Comisión europea, Ursula von der Leyen, haciendo gestos unilaterales en direccional de sus europeos preferidos.
Consciente de la amenaza soterrada de una división de la UE, ante los EE. UU, Macron inició un diálogo informal con los hombres de mano del presidente de los EE. UU., esperando dos cosas: evitar la propagación de la guerra comercial sin cuartel, y conseguir alguna forma de «negociación» oficiosa, insistiendo en la dimensión multilateral, europea, para no caer en la trampa de los conflictos nacionalistas entre los miembros de la Unión y Washington.
En el Elíseo se sucedieron el jueves ocho horas de diálogos, entre Macron sus consejeros y ministros, dialogando con representantes del Reino Unido, Alemania, Ucrania y los enviados especiales de Trump. Tras una agenda tan cargada, los portavoces oficiales y oficiosos del presidente francés guardaban un prudente silencio sobre los resultados concretos de ese infrecuente maratón de «charletas» diplomáticas. ABC, Macron dialoga con los enviados de Trump para reducir la tensión sobre Ucrania y la guerra comercial + PDF.
Dividida, Europa no responde a la principal demanda de Ucrania.
Macron: «Entramos en una nueva era. Rusia está en guerra contra las democracias europeas».
Dos damas de barro frente al problema más importante del paso del eurocentrismo al marginal eurocentrismo en el centro actual hay imperios de zares emperadores y ex colonias de Europa. Es un mundo caótico con una economía militar de excedentes de todo tipo sobre todo humanos y militares de lo demás también. Nadie quiere ver qué el nuevo trabajo esclavos de domésticos está en vías de ser sustituido por piezas mecánicas automatizadas. Las guerras son serán de destrucción de maquinas una especie de guerra ludita hasta que llegue el gran Argamedon a todas partes. Una economía que tiene de excedentes de todo y que no quiere repartir para que la gente global pueda jugar a las matemáticas a la física a la música a la literatura …a la a la… Interesa más la competitividad que la competencia armónica más los colores étnicos que la gran familia humana de los derechos humanos. Más la lucha de todos contra todos que la armonía entre todos. Esto es una enfermedad que en caso de no curarse no habrá generaciones que nos sustituyan. Nacemos cargados con muchas posibilidades que hacemos lo posible por no mantenerlas ni desarrollarlas sin ningún fin. Mejor no dar ninguna finalidad a la historia y disfrutar el azar biológico de estar aquí lo otro es lo que hay nuestra capacidad destructiva que aumenta en progresión geométrica mejor ser de carne y huesos finitos que de barro.
José.
«Virgencita, virgencia…»
Q.-