Una temporada en el infierno

Juan Pedro Quiñonero

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San Silvestre … Navidad, el caballero, la muñeca y el tesoro

diciembre 20, 2008 JP Quiñonero 33 Comments

Imprescindibles para sobrevivir
Navidad… ilusión del nacimiento de un niño, la liberación de un proscrito, la fundación de un hogar, la construcción de un mundo nuevo, la actualidad de la guerra sin fin de los Titanes y los Inmortales…

[ .. ]

En mi caso, imaginación de un proyecto subversivo, contra el Tiempo y el Estado de las Cosas Dominantes, encabezado por un caballero inexistente, un niño y una muñeca, Ana María Matute, el caballero, la muñeca y el tesoro.

«Érase una vez…»

UNASOMBRAENBUSCADEMORADA

… Aquella luminosa mañana de abril, Rodrigo se despertó palpando, a tientas y a ciegas, la trama inextricable de los rizomas y las enredaderas que, en otro tiempo, cubrieron, con su manto vegetal y perecedero, la carátula de su rostro, los muros de su patria y la antigua morada de su ser.

Todo había desaparecido. En la lejanía, el aullido de un perro solitario y amedrentado se perdía en el paisaje desértico de un campo de batalla donde yacen, insepultos, los cuerpos y los restos de los vencidos, apenas cubiertos por el polvo, iluminados, al claroscuro, por las primeras luces del alba.

Se miró a un espejo, sin encontrarse, para descubrir que los fantasmas no dejan huella, condenados a la aciaga condición de quién Solo sobrevive en la ausencia. Temblando, pero todavía invicto y determinado a luchar, hasta el fin, hundió sus manos en la tierra, buscando las raíces del árbol de su vida, y Solo encontró las cenizas que una ráfaga de viento debía esparcir por la llanura, sin destino.

Sus armas habían sido vendidas, su cota de malla reventada, su espada perdida en una humillante derrota. Su caballo fue degollado para que no volviese a engañar a sus rivales, conduciendo a la victoria a un espantapájaros que llevó su nombre después de muerto.

Entreabrió los ojos, cansados, tras el interminable sueño de varios siglos de exilio, humillación y olvido, enterrados en el desierto de la historia. Y el laborioso despertar de sus polvorientas pestañas se deslumbró con la maravillosa luz del día.

Sonriendo,coninfinitamelancolía, escuchó como el viento silbaba entre los herrumbrosos hierros de una armadura vacía. Intentó ponerse en pie, dolorido. Pero era difícil y angustioso erguir aquel armatoste de su dueño, herrumbroso y maltrecho por el paso del tiempo y las estaciones.

No pediría socorro. El héroe de Santa Gadea no se humillaría ante tan miserable incidente. Había vencido otros obstáculos. Había sido condenado al exilio. Había conquistado Valencia. Había vencido a sus rivales después de muerto, erguido en la silla de su caballo. Vencería al destino cruel de aquellos andrajosos despojos de otro hombre.

El casco de la armadura era muy grande y la celada hubiera hecho mucho mal a su hombro. Pero, afortunadamente, el viento y los gusanos habían limpiado y despojado para siempre al antiguo propietario de tan humilde morada, donde el destino quiso darle humano cobijo.

Con gran esfuerzo, horrorizado por el ruido espantoso de aquellos hierros maltrechos, ambulantes y sonámbulos, intentó ponerse en pie, aspirando el perfume de los cerezos en flor; recordando, sin lágrimas, el albo luminoso de los campos de almendros de su infancia.

Todavía tendrían que pasar las horas y los días, en vano, antes que, con infinito esfuerzo, consiguiese ponerse en pie y dar unos pasos, perdido en aquella casa vacía de un ser que había desaparecido antes de su propia muerte, condenado a vagar en la prisión que su conciencia hacía más vasta, dolorosa e inquietante.

Pero hubiera sido impropio e indigno de un héroe como él abandonarse a la melancolía, el recuerdo y el miedo. Desconocía el funcionamiento de un cuerpo inexistente, y sería muy ardua la tarea de marchar Solo hacia Burgos, para exigir justicia. Quizá fuese indispensable imaginar un artilugio óptico que le permitiera sustituir provisionalmente sus ojos extraviados; y no sería fácil descubrir el rastro de los viejos conjurados de su antiguo ejército, errante, él mismo, en el laberinto de una armadura vacía. Pero nada estaba perdido.

Pasaronlosdíasbuscando una salida de aquel laberinto, hasta que, finalmente, un atardecer de otoño, aterido por el frío, tramando los interminables artilugios y mañas con los que intentaba llegar a respirar y mover su atribulado corazón, escuchó el horrible estruendo de un monstruoso reptil metálico que zarandeó, por unos instantes, la tierra y los hierros magullados de su morada, descubriéndole la precariedad frágil y angustiosa del hombre moderno. Y, desde entonces, el pitido chirrioso de la locomotora de un tren no del todo imaginario, perdiéndose en la lejanía, dirigiéndose hacia un precipicio, lo despertaba, despavorido, en la soledad insomne donde viven las almas errantes, asaltándolo con el misterio de lo desconocido.

De ahí que, mucho antes de ponerse en camino, comenzara por familiarizarse con los extraños y amenazantes ruidos que parecían hablar de las inquietantes señas de identidad del nuevo mundo al que llegaba. Y comprendió, acongojado, que la noche sería la hora más propicia para comenzar su aventura.

En la oscuridad, sus enemigos verían más grandes y temibles los ropajes con que las sombras vestirían su desnuda inexistencia; a sus amigos les sería más fácil poder creer en su retorno, creer y seguir a una sombra que perseguía a otras sombras, en busca de cobijo.

Pobre ser descarriado, en busca de morada, creyó que debería buscar primero a sus padres, a su esposa, y a sus hijas. Pero Vivar había desaparecido bajo las aguas de un pantano. La antigua casa familiar había sido derruida. La iglesia quizá existía, en ruinas, en el fondo de una laguna donde se perdieron todos los restos de su linaje: pero hubiera sido muy arriesgado y temerario zambullirse en sus heladas aguas, perdido en aquella armadura vacía que lo hubiera arrastrado hasta el fondo pantanoso, donde nada aseguraba que permaneciesen, vivos, los antiguos moradores, a quienes él escuchaba en el inquieto palpitar de su cansado corazón.

Ymuylargasuanunciaba la marcha hacia Burgos, porque habían desaparecido, sin dejar huella reconocible, todas las viejas marcas que señalaban las calzadas de piedra, acotando, en otro tiempo, la geografía del rumbo de los hombres, las cosas y las estrellas. El desierto se había multiplicado por los caminos. Los últimos árboles sobrevivían, esquilmados, en las deshabitadas parameras. Los antiguos moradores de los bosques, los diminutos duendes y las maravillosas hadas que dormían en el lecho de los riachuelos de cristalinas aguas, habían sido víctimas de la polución.

Y no era fácil descubrir el rostro de los hombres o cosas que caminaban y corrían hacia Burgos, o hacia otro destino, porque los automovilistas no suelen detenerse a instancias de un loco gesticulante que cruza la carretera disfrazado con una herrumbrosa armadura vacía, como un alma en pena.

Tan extrañas apariciones confirmaban a Rodrigo en la urgencia de una batalla que devolviese a su patria sus dominios perdidos. Tan triste era para su atormentado corazón contemplar el espectáculo de sus campos despoblados y sus bosques desaparecidos, habitados, ahora, por extraños artilugios mecánicos, espantando, con su horrible ruido, a los últimos y amenazados supervivientes de un mundo ido.

Rodrigo no podía aceptar la desaparición del jazminero que le descubrió el misterio de los perfumes, con su despertar del mundo, siendo niño, y alguien había arrancado de cuajo. Y creía que, en ruinas, perdida en el fondo de la laguna, la antigua iglesia de su pueblo era todavía rescatable para la vida, porque él anhelaba escuchar las campanas tañendo a maitines.

Como un perro vagabundo y sin amo, proseguía el camino del calvario de su resurrección, para descubrir, en cada encrucijada, nuevos e inquietantes signos y presagios.

Nolejosdedonde, en otro tiempo, pudo alzarse una posada, con un pozo, o una fuente, el tufo a gasolina quemada le anunciaba el inquietante tropel de los vehículos estacionados; y el parpadeo intermitente de las luces de neón, el bramido sordo de la carretera, le enviaban incomprensibles mensajes sonámbulos. De su adolescencia guardaba en la memoria el agrio perfume de las espadas manchadas de sangre; y sus ojos no olvidaban la oscura estela del humo y las cenizas del campo de batalla y el saqueo de las ciudades enemigas. Pero el perfume que ahora descubría en la carretera era mucho más torvo e irrespirable; era más siniestro el bramido de los automóviles corriendo hacia el cementerio público, con la alegría suicida de los pobres de misericordia devorando sus harapos íntimos. Esos desdichados se prendían fuego, ellos mismos, con gasolina. Como suicidas anónimos, para contemplar el espectáculo sombrío que la radio y la televisión retransmitían y filmaban en directo, con sus cuerpos en llamas.

Sin atreverse a abrir la puerta, y entrar, en un lóbrego establecimiento de paso, Rodrigo no dejó de sentir escalofríos ante la brutalidad zafia de aquellos hombres reunidos pero ausentes, próximos pero ilimitadamente lejanos: desaparecido el bosque de árboles, envenenados sus antiguos moradores, desecado el curso de los ríos, cada hombre era una fiera peligrosa y dañina, abandonada a su triste suerte en una selva cruel sin misterio ni esperanza.

Desde el exterior, Rodrigo contemplaba, tras los cristales empañados de una ventana, el deambular insomne de aquellos desconocidos. No hablaban entre ellos, pero escuchaban innumerables e incomprensibles ruidos, para intentar saciar su sed de palabras y poblar con títeres de cachiporra la escancia vacía de sus moradas. Habían esquilmado todas las tierras, pero su voracidad rapaz reclamaba el genocidio de todas las especies.

Inútil la espera, Rodrigo decidió que era urgente acelerar su retorno a los negocios del mundo, aspirando organizar la sublevación de los últimos plebeyos insumisos, siempre dispuestos a ensayar la rebelión y la reconquista de la patria caída de hinojos, víctima de sus manías cainitas y homicidas, si no había sido víctima del alfanje victorioso de Almanzor y sus sucesores.

Alasnuevedelanoche del día de las ánimas, de un mes de noviembre, la irrupción de una armadura vacía en un garito, o un burdel de paso, en una carretera secundaria, fue acogida por la miserable turba que frecuentaba aquel tugurio como una provocación intolerable.

Habituadas a una clientela pobre y canalla, cualquiera de aquellas desdichadas hubiera aceptado intentar hacer feliz, por unas monedas, durante unos instantes, a aquel fantoche estrafalario huido de un carnaval mediterráneo de moros y cristianos. Pero la propietaria de aquel antro calculó el efecto devastador que tendría para su triste negocio la decisión de abrir públicamente aquel local infecto a los hábitos más crueles de los lugareños; y se apresuró a dirigirse a Rodrigo, amable pero enérgicamente, pidiéndole que se marchase, porque la dirección prohibía la entrada a los perros y los desconocidos.

No era la primera vez que Rodrigo, perdido en un polvoriento camino, tras el infortunio de una incierta batalla, oculto todavía tras la celada, debía habérselas con rapaces posaderos que, conocida su identidad, caían de rodillas ante el conquistador de Valencia.

Y, con un gesto parsimonioso y grandilocuente, movió mecánicamente su brazo derecho, chirriando, para levantar el morrión de su armadura, y dejar al descubierto el peto, la cota y la loriga, en pie, apenas armados por el frágil temblor de un ánima en pena, desvelando la identidad inquietante y amenazadora de un yelmo vacío pero gesticulante.

Los atónitos comensales creyeron primero en una burla carnavalesca. La voz de Rodrigo sonaba para ellos metálica y de ultratumba, como un disco rayado.

Cuando la armadura vacía avanzó hacia ellos, con su ruido de cadenas dolientes, arrastrando la sombra de un fantasma o una cosa invisible, uno de aquellos zafios camioneros cogió una botella de cerveza vacía y la tiró con fuerza contra el morrión de Rodrigo. Con tal éxito y puntería que lo derrumbó estrepitosamente contra el suelo, arrancando su cabeza de cuajo, con el ruido de un soplo de aire que se escapa y se pierde.

Rodrigointentóesquivar la nube de botellas que se precipitaron contra su armadura, entre las risotadas de aquellos gañanes conductores de camión y autobús, que, enardecidos por su odiosa puntería, vaciaban sus jarras, entre risotadas, para estrellarlas contra el hierro y la malla de aquel alma sin cuerpo, que se derrumbaba, a pedazos, caída como un espantapájaros que los adolescentes destruyen a pedradas.

Y pronto no quedó nada en pie de la venerable armadura vacía, caída, humillada y ajusticiada, entre el polvo y las cenizas de aquella miserable casa de citas, perdida en una carretera secundaria de la polvorienta meseta, una fría noche de noviembre.

La patrona se apresuró a barrer los últimos despojos de los herrumbrosos hierros caídos; para tirarlos a la basura, entre los cristales de botellas de cerveza, colillas y restos de comida, que los perros callejeros debían apresurarse a devorar, disputándose la carroña.

Aquella noche cayeron las primeras heladas de invierno en los angostos caminos de la meseta. Y Rodrigo, perdido, pero nunca desesperado, tiritaba de frío y amargura, diciéndose que el caballo blanco de Santiago le ayudaría a huir y organizar la resistencia contra la soldadesca y la canalla que había mancillado su patria.

Antes que llegase el alba, la lluvia lavó, implacable, los restos dispersos de su armadura y única morada, de modo que, a la mañana siguiente, de nuevo relucía, luminosa, cuando la descubrió un niño que había huido de su casa porque deseaba descubrir la tierra de la aventura.

Rodrigooyósuspasos,merodeando; y se dijo que también él, a su edad, habría dudado, maravillado, ante un descubrimiento tan inesperado y fantástico: una reluciente armadura, esperándolo, durante un alto en el camino, Como una aparición, o un presagio, que debía anunciar, sin duda, gloria y fortuna.

Aquel niño, primero le dio una patada indolente a su celada. Y su ruido seco y metálico debió tranquilizarlo. Nadie respondía. Nadie había escuchado. Aquel tesoro sería suyo.

Una tras otra, fue rescatando y ordenando cada una de las piezas de la armadura. Privado de su antigua morada, Rodrigo hubiera tardado muchos meses, quizá muchos años, en proceder a aquel inventarío preliminar a imprescindible.

El niño, atónito, creía escuchar en su alma una voz que le hablaba por la boca de su madre y le prometía que el mundo sería suyo, porque aquella armadura vacía lo protegería siempre. Y frotándola, con ternura y piedad, hablándole, con cariño y temor, creyó escuchar la palabra anhelada de quién debía conducirlo a la Tierra Prometida. Más allá de las Montañas de la Bruma. Allí donde habitan las hadas, los rebeldes y los proscritos. Allí donde moran los enanitos del bosque encantado, saltando los ríos y las montañas para salvar a una niña desamparada. Allí donde son realidad las fuentes que hablan y las casas de chocolate donde la Bruja y el Dragón deberán perecer, cuando el albo carmín de la mañana ilumine el horizonte y desaparezcan, para siempre, las tenebrosas brumas y pantanos que rodean el tenebroso Castillo de Irás y No Volverás. [Capítulo 1 de El caballero, la muñeca y el tesoro].

  • Dark Lady.
  • Anales de Caína.
  • Obras de Caspar David Friedrich.

El caballero la muñeca y el tesoro, Escritores, Imprescindibles para sobrevivir, Libros, Literaturas, Personajes

Comments

  1. MMarie says

    diciembre 20, 2008 at 12:06 pm

    Tomo como un maravilloso regalo de Navidad este maravilloso texto suyo, que guardo con emociòn y simpatía. Le deseo… paz, amor y fantasìa, Mr Q.-

    Responder
  2. maty says

    diciembre 20, 2008 at 12:42 pm

    Toda buena historia necesita una música que la acompañe.

    DanielTercero.net -> YouTube Playing For Change: Song Around the World «Stand By Me»

    Responder
  3. maty says

    diciembre 20, 2008 at 2:07 pm

    Al suponer que en esta casa muchos visitantes sienten un cariño por los libros en sí, esta anotación llena de imágenes será de su agrado:

    Dark Roasted Blend Weird Books & Illuminated Manuscripts

    Responder
  4. Juan says

    diciembre 20, 2008 at 3:27 pm

    En un pequeño momento de mi ajetreada vida, Felices fiestas para tí J.P. y los tuyos, así como para todos los que de vez en cuando formamos esta «familia» en tu querido «infierno».

    Responder
  5. Fernando says

    diciembre 20, 2008 at 7:39 pm

    ¡Felices fiestas, Juan Pedro!

    Responder
  6. Nicole says

    diciembre 20, 2008 at 10:37 pm

    Yo también os quiero desear felices fiestas a todos, dentro de lo posible.
    No perdamos la esperanza de poder crear un mundo mejor.

    Responder
  7. Delirium Trementina says

    diciembre 20, 2008 at 10:55 pm

    Benvolgut Juan Pedro, gracies per aquest post!

    Bon Nadal i que l’any que ve li porti moltes coses bones!

    Responder
  8. Albert says

    diciembre 20, 2008 at 11:36 pm

    la construcción de un mundo nuevo:

    …dedicado a todos aquellos que pasean sus esperanzas por este rincón de buenaventura…

    Responder
  9. Albert says

    diciembre 21, 2008 at 1:36 pm

    Dos cositas,

    una, como me gustan los majaretas, rematadamente majaretas, si señor, con todas las letras. Hola, hola. Le presento al Sr. Majareta de Remate, de los De Remate de toda la vida ¿como está? Muy bien. Me gustaría hacerle una pregunta. Diga, diga. ¿Es usted de los De Remate del LechoCaliente o de los De Remate del LechoFrio? Porque de joven conocí a una joven de los Del LechoCaliente y aún me tiembla el alma…

    dos, poca gente ha entendido pq Steibeck se dedicó años y años a la escritura y re-escritura de «The Acts of King Arthur and His Noble Knights» o pq «The Perl» es lo más cercano en literatura al trazo único (al estilo zen) de ATàpies. Aunque sobre cuentos y cuentistas…ya se sabe.

    http://en.wikipedia.org/wiki/The_Pearl_(novel)
    http://en.wikipedia.org/wiki/The_Acts_of_King_Arthur_and_His_Noble_Knights

    Responder
  10. Albert says

    diciembre 21, 2008 at 1:40 pm

    y tres, ¿que me dicen de un cuentista majareta desterrado y sabio?

    pd: y luego dicen que el mundo va mal, con gente así es imposible!!!

    Responder
  11. Albert says

    diciembre 21, 2008 at 1:55 pm

    El niño, atónito, creía escuchar en su alma una voz que le hablaba por la boca de su madre y le prometía que el mundo sería suyo, porque aquella armadura vacía lo protegería siempre. Y frotándola, con ternura y piedad, hablándole, con cariño y temor, creyó escuchar la palabra anhelada de quién debía conducirlo a la Tierra Prometida. Más allá de las Montañas de la Bruma. Allí donde habitan las hadas, los rebeldes y los proscritos. Allí donde moran los enanitos del bosque encantado, saltando los ríos y las montañas para salvar a una niña desamparada. Allí donde son realidad las fuentes que hablan y las casas de chocolate donde la Bruja y el Dragón deberán perecer, cuando el albo carmín de la mañana ilumine el horizonte y desaparezcan, para siempre, las tenebrosas brumas y pantanos que rodean el tenebroso Castillo de Irás y No Volverás.

    oooooooooooooohhhhhhhhhhhhhhhhhhhh,
    que bonito,
    la tierra prometida,
    más allá de las montañas de la Bruma,
    hay palabritas ordenadas que bien valen el precio del libro,

    que arquetipos tan bien delineados y dibujados, con toda su fuerza telúrica, tan nítidos que el insonsciente tiembla por miedo a disolverse más allá de…las montañas de la Bruma.

    Bravo!!!

    Responder
  12. Albert says

    diciembre 21, 2008 at 1:59 pm

    joder, joder, joder, me olvidaba!!!!!

    cuando el albo carmín de la mañana ilumine el horizonte y desaparezcan, para siempre, las tenebrosas brumas y pantanos que rodean el tenebroso Castillo de Irás y No Volverás.

    cual Momo y los ladrones de tiempo…los famosos hombres grises!!!!

    Responder
  13. Joaquín says

    diciembre 21, 2008 at 10:59 pm

    …. ressentit Albert?

    Responder
  14. Mercè says

    diciembre 22, 2008 at 1:10 am

    Gracias, Q, por esta maravilla.

    BONES FESTES, amigues, amics de l’Infern!

    Responder
  15. Joaquín II says

    diciembre 22, 2008 at 2:32 am

    Muchas gracias Quiño, por este bonito detalle…

    Feliz navidad

    Bon nadal

    Responder
  16. josé julio perlado says

    diciembre 22, 2008 at 10:29 am

    Querido Juan Pedro: muchas gracias por este texto tan admirable.
    Te deseo una feliz Navidad.
    Aprovecho esta «ventana» de los comentarios para ampliar mi felicitación a Maty y a Ángel Duarte, que son con los que más he cruzado algunas opiniones aquí durante este año.
    Para tí, para ellos, y para todos lo que aquí escriben, mi deseo también de un feliz 2009, dentro de lo que pueda hacer cada uno y la situación general nos deje.
    Un abrazo madrileño.
    JJP

    Responder
  17. Albert says

    diciembre 22, 2008 at 11:06 am

    …ressentit Albert?

    what? I need more explanation!!!

    Responder
  18. JP Quiñonero says

    diciembre 22, 2008 at 11:53 am

    Mme Marie, Maty, Juan, Fernando, Nicole, Delirio Trementina, Albert, Joaquín, Mercè, Joaquín II, José Julio Perlado, Antonio,

    … Mme Marie,

    También yo le envío una brazada de paz, amor y fantasía, con cariño,

    … Maty,

    “Esta noche es noche buena y mañana Navidad, saca la bota María, que me voy a emborrachar…”

    … Juan,

    Felicidades para ti y los tuyos, claro, faltaba más.

    … Fernando,

    ¡Feliz Navidad…!!!

    … Nicole,

    Brindemos por un mundo mejor, si, si.

    … Delirium Trementina,

    Bon Nadal para ti y los tuyos..!!!..

    … Albert,

    Como te agradezco tu lectura de mi historia… te lo agradezco mucho, mucho, oye. Gratitudes muchísimas… de este narrador majareta, en los cielos, por momentos, por estas y otras inconfesables historias.

    … Joaquín,

    Paz y sonrisas, oye.

    … Mercè,

    Te envío algo tierno, cordial, amistoso, con un montonazo de mes coses, si.

    … Joaquín II,

    Feliz Navidad, Bon Nadal, saludos, abrazos, and so on,

    … Maestro José Luis,

    También yo te envío un abrazo navideño, deseándote lo mejor, para ti y los tuyos,

    … Antonio,

    No te cabrees hombre. “En el portal de Belén hay estrellas, sol y luna…” Avanti..!!!…

    Q.-

    PS. Salí de París. Estoy en Madrid, mañana vuelvo a París, pasado, tomo el coche, rumbo a Bilbo / Euskadi. Seguiré en la carretera, rumbo a Cataluña, donde estaré un par de días, antes de volver a tomar la carretera. De ahí mi ausencia de respuestas. De ahí el publicar ese texto, a la espera navideña del cumplimiento de su profecía… “… cuando el albo carmín de la mañana ilumine el horizonte y desaparezcan, para siempre, las tenebrosas brumas y pantanos que rodean el tenebroso Castillo de Irás y No Volverás.” Amén

    Responder
  19. Robert says

    diciembre 22, 2008 at 3:18 pm

    Feliz navidad y prospero año, si sea posible, a todo el mundo en el infierno de JPQ

    Responder
  20. Joaquín says

    diciembre 22, 2008 at 5:16 pm

    Yo también deseo a todos, y a nuestro anfitrión Juan Pedro, primero, una Feliz Navidad.

    J.

    Responder
  21. Jordi says

    diciembre 22, 2008 at 6:42 pm

    Wow… Permitanme que proponga titulo alternativo y con un toque Cyberpunk: El Cid meets the XXIst Century!

    Por cierto, yo conozco a ese ninyo. Es real! Se llama Juan Pedro, verdad? 😉

    Que los viajes sean leves, Quinyo. Menuda paliza de carretera y de kilometros! Aunque bueno, a mi me toca cruzar el pais para ir de costa a costa y tiro porque me toca… a NJ a pasar la Navidad.

    Para acabar, me sumo al coro de voces generalizado y deseo a todo el mundo unas muy Felices Fiestas (en EE.UU. te ensenyan a ser politicamente correctos con el Hannukah) y que el 2009 sea un anyo que nos acerque un poquito a la Tierra Prometida, mas alla de las Montanyas de la Bruma.

    Responder
  22. JP Quiñonero says

    diciembre 23, 2008 at 10:18 am

    Robert, Joaquín, Jordi,

    … Robert,

    Feliz Navidad, si, si, para ti, para todos.

    … Joaquín,

    Feliz Navidad, claro, y Próspero Año Nuevo, que viene como viene.

    … Jordi,

    Oye, me encanta la idea de un Cid ciberpunk… ¡esa había sido la idea de mi prolongación…!!! El Niño… me gustaría pensar que somos un poco todos nosotros, navegando en busca de la Tierra Prometida, más allá de las Montañas de la Bruma, si…

    Q.-

    Responder
  23. Ramón Machón says

    diciembre 23, 2008 at 10:36 am

    ¿Qué decir?
    Yo que soy tan poco efusivo…
    Sobre todo salud,
    y menos dolor, al menos.

    Responder
  24. JJG Noblejas says

    diciembre 23, 2008 at 10:50 am

    Feliz Navidad, querido Q. O mejor, feliz Navidad, querido niño Juan Pedro.

    Responder
  25. maty says

    diciembre 23, 2008 at 1:47 pm

    ¡Qué barato sale felicitar! ¿Y el regalo navideño?

    El mío, para TODOS los comentaristas y lectores silenciosos incluidos:

    Nauscopio Scipiorum Música de Cine EMI Classics (1991) -> Franco Corelli: «Nessun dorma» del Turandot de Puccini (1966)

    Quien quiera más: http://nauscopio.nireblog.com/cat/musica

    – Buenas fiestas y Feliz Navidad –

    Responder
  26. Mercè says

    diciembre 23, 2008 at 7:35 pm

    Bueno, Q, a ver cuando tus viajes te dejan tiempo para decirnos de quien son estas estupendas ilustraciones…

    Responder
  27. JP Quiñonero says

    diciembre 24, 2008 at 9:59 am

    Ramón, JJG Noblejas, Maty, Mercè,

    … Ramón,

    Hombre, eso está muy bien: salud, piedad, amor…

    … JJG Noblejas,

    Salve, Maestro… casi todo está dicho de esa manera: Feliz Navidad… ¡si fuésemos capaces de hacer la exégesis de esas palabras…!!!..

    … Maty,

    Buenas Navidades, incluso con música… en mi niñez, todo eran villancinos y habaneras; qué tiempos aquellos…
    … Mercè,

    Creía que estaba dicho… Caspar David Friedrich… Bon Nadal… y, mucho más, claro,

    Q.-

    Responder
  28. Nicole says

    diciembre 24, 2008 at 1:39 pm

    Os dejo más videos.. la música siempre alegra al espíritu

    Responder

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